527. La palabra infinito

Poema #527

La palabra infinito

La palabra infinito es infinita,
la palabra misterio es misteriosa.
Ambas son infinitas, misteriosas.
Sílaba a sílaba intentas convocarlas
sin que una luz anuncie su dominio,
una sombra señale a qué distancia de ellas
está la opacidad en que te mueves.
Van a algún punto del resplandor y anidan,
cuando las dejas libres en el aire,
esperando que un ala inexplicable
te lleve hasta su vuelo.

¿Es más que su sabor el gusto de la vida?

Ida Vitale

Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Estudió Humanidades. Fue profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio. Es una de las voces principales de la llamada generación del 45, y en la actualidad, es uno de los nombres imborrables de la poesía hispanoamericana. Es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: “La luz de esta memoria”, “Palabra dada”, “Oidor andante”, “Jardín de sílice”, “Plantas y animales”, entre otros.

La vida definida en palabras, pues cómo precisarla. Vivir la vida en palabras, dejar la vida por la palabra. El viaje que te lleva al resplandor, un vuelo inexplicable.

@LauraAlessR

334. Varados

Poema #334.

Varados.

 

Tras empinado ascenso,

hasta llegar más alto que las nubes

y más arriba aún,

Ícaro e Ícara se precipitan

más rápido de lo previsto,

pero aterrizan suavemente en las dunas,

donde -más empinado aún-

planean el siguiente vuelo.

 

Günter Grass.

Poeta, ensayista y novelista alemán nacido en Dánzig (actualmente Polonia) en el año 1927. Actualmente reside en Berlín y es una de las figuras más importantes de la literatura alemana contemporánea. Obtuvo, en el año 1999, el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias. A los 17 años de edad perteneció a las Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial, pero sólo por unos meses, y el escritor afirma que no lo hizo de manera voluntaria.

Otra versión del mito de Ícaro, quien en esta ocasión tiene una compañera en el vuelo, el descenso y la caída; y con quien, en esta ocasión, vuelve a procurar un siguiente vuelo. Como si la unión con esta Ícara le permitiera salvarse de la osada locura de desear el vuelo y le permitiera una y otra vez ascender y caer, aún conociendo la imposibilidad de cada esfuerzo, por la compañía con la que planea cada viaje. Un imposible que hace(n) posible.

@SaetasdeLuis

244. El albatros

Poema #244.

El albatros.

 

Como un juego, a menudo en los barcos he visto

cómo cazan albatros, grandes aves marinas

que son como indolentes compañeros de viaje

tras el barco que surca los abismos amargos.

 

Una vez han caído en cubierta, esos reyes

del espacio azulado son torpones y tímidos,

y sus alas tan blancas y tan grandes son como

blandos remos que arrastran lastimosos por tierra.

 

¡Pobre alado viajero, desmañado e inerte!

¡Él que fue tan hermoso ahora es feo y risible!

Uno acerca a su pico la encendida cachimba,

otro imita cojeando al lisiado con alas.

 

El Poeta es un príncipe, gran señor de las nubes,

cuya casa es el viento, que no teme al arquero;

desterrado en el suelo, entre el vil griterío,

sus dos alas gigantes no le dejan andar.

 

Charles Baudelaire.

 

Fue un poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867). María Zambrano dice de Baudelaire que “es el padre, al par que redentor, de la poesía. Y la ha redimido por aquello que parecía faltarle: la conciencia.” Fue llamado “poeta maldito” debido a su vida de bohemia y excesos, y fue un importante exponente del simbolismo francés. Este poema pertenece a sus “Flores del mal”. La poesía de Baudelaire resulta sumamente importante para ver la transición que llevó al poeta a perder su aureola y su altar.

El poeta iba con dignidad por los cielos, como “gran señor de las nubes”, hecho para volar e imponerse en el viento, donde resultaba majestuoso; sin embargo, haber caído a tierra le resulta humillante y entorpecedor, pues no está hecho para eso. Incomprendido y lastimero camina por la tierra con dos alas gigantes que apenas le dejan andar, torpemente. El poeta tiene, pues, que aprender a caminar con ellas o volver al cielo, o quitarse eso que lo llena de torpeza en el mundo por el que anda, sean alas o aureola o dignidad falsa e innecesaria. Inadaptado, el poeta hace lo que puede.

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

“…y sus alas tan blancas y tan grandes son como/ blandos remos que arrastran lastimosos por tierra.”

 

206. La flecha

Poema #206.

La flecha.

 

No importa que la flecha no alcance el blanco

Mejor así

No capturar ninguna presa

No hacerle daño a nadie

pues lo importante

es el vuelo          la trayectoria          el impulso

el tramo de aire recorrido en su ascenso

la oscuridad que desaloja al clavarse

vibrante

en la extensión de la nada

 

José Emilio Pacheco.

 

Poeta y ensayista nacido en Ciudad de México en 1939. Ha sido docente universitario e investigador, además de reconocido traductor. Desde muy joven se le ha reconocido en el panorama cultural de su país, gracias a su dominio de las formas clásicas y la universalidad de su poesía. A lo largo de su vida se le han entregado muchos galardones, como el Premio Nacional de Literatura de su país, el Premio Nacional de Periodismo de México, el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes.

Más que un objetivo fijo, un recorrido extenso, un buen impulso. ¿Qué le importa a la flecha? ¿Qué le importa a quien la arrojó? “No importa que la flecha no alcance el blanco”, mejor que abra las infinitas posibilidades de clavarse en el vacío, de hacer un recorrido distinto, de sorprender(se) sin hacerle daño a nadie, sin capturar nada, expandiéndose hasta la infinita extensión de la nada. “Hay que ponerle pruebas al infinito, para ver si resiste”, como nos dice Juarroz, dejar que las saetas alcen el vuelo.

@SaetasdeLuis