292. La voz

Poema #292.

La voz.

 

Yo dormía en mi cuna junto a la biblioteca,

una oscura Babel donde fábulas, libros

de novela y de ciencia, la ceniza latina

y el helénico polvo, se mezclaban. Yo era

alto como un infolio, y me hablaban dos voces:

Una, insidiosa y firme: ‘Es la tierra un pastel;

yo podría (¡y entonces tu placer fuera inmenso!)

darte tal apetito de medidas iguales.’

La otra voz: ‘¡Ven! ¡Oh, ven a viajar por los sueños,

más allá de las cosas conocidas, posibles!’

Y cantaba lo mismo que hace el viento en las playas,

plañidero fantasma que ha engendrado la noche

y acaricia el oído y no obstante lo asusta.

Respondí: ‘Dulce voz, sí.’ Aquel día nació

lo que puede llamarse esta herida, ¡ay de mí!,

y mi sino fatal. Veo tras decorados

de la inmensa existencia, en el más negro abismo,

claramente unos mundos singulares, y víctima

de una tal lucidez que me sume en el éxtasis,

me persiguen serpientes que me muerden los pies.

Desde entonces, igual que si fuese un profeta,

me enamoran sin límite el desierto y el mar;

y me río en los lutos y sollozo en las fiestas,

y un sabor suave encuentro en el vino más agrio;

tomo muy a menudo por mentiras los hechos,

y mirando a los cielos caigo en hoyos profundos.

Pero dice la voz, consolándome así:

‘¡No renuncies jamás a tus sueños, los cuerdos

nada saben del sueño admirable de un loco!’

 

Charles Baudelaire.

 

De este poeta francés (1821-1867), quien además fue crítico de arte y traductor hemos publicado varios de sus poemas en el blog. Algunos de ellos parte de sus Pequeños poemas en prosa, y otros tantos de sus Flores del mal. Hoy, de quien fue llamado por María Zambrano “padre de la poesía moderna”, publicamos un poema que suele acompañar algunas ediciones contemporáneas de las Flores del mal pero que pertenece a algunos poemas diversos del autor que se han encontrado y estudiado aparte.
Son muchas las voces y todas hablan de distinta manera y con constancia. El poeta, mientras tanto, escucha. Adquiere una disposición especial que le permite hacerle caso a lo que dice esa “dulce voz” y dejarse seducir por ella, por lo que ofrece; y cada voz -quizás la voz de un genio que acosa al atormentado, quizás la voz del inconsciente, quizás una admirable locura- tiene sus temas, sus palabras y su sino. Aún así, la locura del poeta, con su tormento particular, está poblada de sueños admirables, más allá de las cosas conocidas, sueños a los que no debe renunciar.

@SaetasdeLuis

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205. La poesía

Poema #205

La poesía

Y fue a esa edad… Llegó la poesía a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió,
de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca no sabía nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto el cielo desgranado
y abierto, planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío constelado,
a semejanza, a imagen del misterio,
me sentí parte pura del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.

Pablo Neruda

Poeta chileno. Nació en 1904. Es considerado entre los más influyentes del siglo XX, así como destacado activista político y miembro del comité central del Partido Comunista. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y en 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura. Figuras como Harold Bloom y Gabriel García Márquez lo han considerado un gran poeta, sin comparación en el siglo XX.  Fallece en 1973. Publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

Poesía. Ella simplemente llega, y entonces se escribe sobre la quemadura sin saber bien lo que se hace. Ella muestra lo que quiere y se abre el mundo, y las estrellas. De pronto todo también es vacío y sombra. Allí, entre la contradicción, entre el decir y el silencio, se aguarda en el borde del abismo (o se es el abismo mismo) con el corazón desatado en el viento.  El encuentro o (re)encuentro del misterio, la poesía y el poeta.

@LauraAlessR