582. El consenso público

Poema #582.

El consenso público.

 

¿No es más bella la vida de mi corazón

desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más

cuando yo era más arrogante y arisco,

más locuaz y más vacío?

 

¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza,

las almas serviles sólo respetan lo violento.

Únicamente creen en lo divino

aquellos que también lo son.

 

Friedrich Hölderlin.

Poeta lírico alemán nacido en 1770. Falleció en 1843. Su poesía, se dice, acoge la tradición clásica y la funde con el romanticismo alemán. Estudió Teología y Filosofía, trabajó como profesor particular y como traductor de autores clásicos como Sófocles y Píndaro. Desde 1802 su salud mental comenzó a empeorar y, tras ser declarado enfermo incurable alrededor de 1807, pasó al cuidado de un ebanista entusiasta de la lectura de una de sus obras más conocidas, Hiperión, quien lo acogió en su casa donde vivió hasta su muerte.

¿Será esto de consenso público? El consenso suele depender de a quiénes se les pregunte. ¿Podemos concordar en planteamientos universales? Escuchemos las afirmaciones y las dudas del poema, repitámoslas, y busquemos los motivos de cada una de ellas en nuestra cotidianidad.

@SaetasdeLuis

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90. [La memoria]

Poema #90.

La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás.

Eduardo Galeano.

La memoria

tiene sus rincones

espacios para poder llorar

y no rendirse.

Sus héroes verdaderos

esos que no nombramos

los que agotaron su aliento en cada pulso

aquí y allá

los que dieron paso a toda su sangre por una herida

los que no han dado forma a ninguna estatua

los de cruces desconocidas

los que nunca fueron encontrados

los que fueron hallados sin nombre, ni linaje

los que fueron ocultados

los que fueron soldados, ahora desconocidos

nos miran.

Con ojos que no caben en la muerte…

nos entregan una historia

una herida al sur

que nunca cicatriza.

 

María Alejandra Rendón.

 

Poeta y licenciada en educación, mención lengua y literatura, por la Universidad de Carabobo. Nació en Valencia, Venezuela, en 1986. Ha publicado “Sótanos” (2005) y “Otros altares” (2007).

En los rincones de la memoria, en la historia, en esos espacios donde tomamos aliento para seguir caminando con la herida abierta hay mucho más de lo que conscientemente conocemos. Para nosotros, que caminamos en una ciudad podrida, en un país que está lleno de “héroes verdaderos que no nombramos”, “que dieron paso a toda su sangre por una herida”, reconocer esta herida que no cicatriza y que recorre todo el sur, resulta importante.

Es una herida que nunca cicatriza, abierta, que nos separa y nos hace caminar por la vida como animales heridos, con nuestra historia sangrando. Los héroes verdaderos son, quizás, quienes ven “con ojos que no caben en la muerte”, que se atreven a denunciar y a hablar de lo que está en las calles y que agotan “su aliento en cada pulso”, haciendo lo que es posible para ellos, pequeños gestos con la esperanza de sanar la herida, mientras descansan en esos rincones, esos espacios para poder llorar y no rendirse, para seguir creyendo, creando, y haciendo lo (im)posible por un país que se escribe con V de violencia, dividido y cada día con más necesidad de sanar. No podemos callar ante la necesidad de conseguir una cura a esta herida que no cicatriza, una cura mediante el arte y la cultura, que denuncian y solucionan.

@SaetasdeLuis