591. Poética

Poema #591

Poética

Ha de ser limpia y brillante,
como una hoja de afeitar
hundida en una copa de vino.

Como un tallo de albahaca
sobre el hielo.

Ha de ser mortal,
siempre.

Como el deseo.

Alberto Barrera Tyszka

Poeta y narrador venezolano. Nació en Caracas en 1960. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Fue parte de los grupos Guaire y Tráfico. Ha sido guionista de televisión para varios países de Latinoamérica. Obtuvo el premio Herralde 2006, por su novela “La enfermedad”. Es autor de los poemarios: “Coyote de ventanas” y “Tal vez el frío”.

Una poética afilada y siempre hundida bajo el vino. (Siempre he creído que una buena definición de poesía debe incluir vino.) Una poética mortal. Porque en la vida, los principios se van combinado con finales y las reglas van cediendo, hasta que uno logra arder fuera del camino. Quizás, una poética simple, intuitiva, elemental… como el deseo.

@LauraAlessR

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470. Mi corazón en el ocaso

Poema #470.

Mi corazón en el ocaso.

 

Al atardecer se oye el grito de los murciélagos.

Dos caballos negros saltan en la pradera.

El arce rojo murmura.

El caminante encuentra el hostal en el camino.

Magnífico es el vino joven con las nueces.

Magnífico tambalearse ebrio en el bosque crepuscular .

A través del oscuro follaje suenan campanas dolorosas.

Ya sobre el rostro gotea el rocío.

 

Georg Trakl.

Poeta nacido en Salzburgo, Austria, en 1887. Alternó durante toda su vida el trabajo como farmaceuta y la escritura, fundando el grupo literario Apollo con otros escritores. Su obra estuvo influenciada por escritores como Rimbaud, Novalis y Hölderlin. Durante la primera guerra mundial participó en la batalla de Grodek. Eso le produjo una crisis nerviosa que le conduciría al hospital psiquiatrico de Cracovia, donde se suicidó en 1914.

Hilos de imágenes que, en conjunto, construyen el poema. Un corazón que atraviesa la noche desde el atardecer hasta el rocío. Frases separadas que constituyen trazos de la noche, recuerdos que la retratan y la ponen en evidencia.

@SaetasdeLuis

346. El vino de los amantes

Poema #346.

El vino de los amantes.

 

¡Hoy me parece espléndido el espacio!

Sin freno, sin espuelas y sin brida,

cabalgando en el vino atravesemos

esos cielos divinos y fantásticos.

 

Vamos a ser los dos como unos ángeles

que abrasa una implacable calentura,

en el cristal azul de la mañana,

sigamos los remotos espejismos.

 

Blandamente mecidos sobre el ala

del torbellino que es inteligente,

en medio de un delirio paralelo,

 

oh hermana mía, nadaremos juntos,

huyendo sin reposos y sin treguas,

hacia aquel paraíso de mis sueños.

 

Charles Baudelaire.

 

María Zambrano dijo de este poeta francés, nacido en 1821 y muerto en 1867, que “es el padre, al par que redentor, de la poesía. Y la ha redimido por aquello que parecía faltarle: la conciencia.” Se interesó por el arte y escribió textos críticos sobre diversos temas al respecto. La buena sociedad de la época lo rechazó y sus Flores del mal, a las que pertenece este poema, fueron perseguidas y mutiladas por la justicia.

Sobre la serie de efectos del vino ya hay un poema publicado en el blog. Éste es el vino de quienes se aman, quienes flotan juntos en esa nube de placer que les otorga la alegría del amor, reforzada por la alegría del vino, que les despoja de todas las barreras y las inhibiciones y los permite nadar hacia ese paraíso de sus sueños. En el delirio del vino y del amor vuelan, y hacen todo posible, porque no importa nada más en ese mundo, sino ellos dos, y su paraíso particular.

@SaetasdeLuis

336. El vino del asesino

Poema #336.

El vino del asesino.

 

¡Ahora que ella ha muerto yo soy libre

y puedo emborracharme cuando quiera!

Cuando volvía a casa sin un céntimo

me destrozaba el alma con sus gritos.

 

Ahora soy dichoso como un rey;

el aire es puro, el cielo es admirable…

Recuerdo que también fue como éste

aquel verano en que la conocí.

 

Esta sed espantosa que me abrasa

para calmarse necesita al menos

de tanto vino como quepa allí,

en su tumba, lo cual no es decir poco:

 

en el fondo de un pozo la he arrojado,

y además he cubierto su cadáver

con piedras que formaban el brocal.

¡Intentaré olvidarla, si es posible!

 

Invocando amorosos juramentos

de los que nada puede desligarnos,

y para hacer las paces y volver

a la embriaguez de aquellos buenos tiempos,

 

le rogué que acudiera a aquella cita,

cita nocturna en un camino oscuro.

¡Y acudió! ¡Qué mujer más insensata!

¡Todos estamos más o menos locos!

 

Vi que era todavía muy hermosa,

aunque ya fatigada. En cuanto a mí,

la amaba demasiado. Y ésta fue

la razón de decirle: ¡Has de morir!

 

Nadie va a comprenderme. Sé que nunca

uno de esos obtusos borrachines

pensó en el desvarío de sus noches

hacer una mortaja con el vino.

 

Ninguno de esos crápulas, tan sólidos

como una de esas máquinas de hierro,

ni durante el invierno ni en verano

ha conocido el verdadero amor,

 

con sus encantamientos de negrura,

su cortejo infernal de mil temores,

sus frascos de veneno, con sus lágrimas,

sus ruidos de cadena y de osamenta.

 

¡Por fin me siento libre y estoy solo!

Esta noche estaré como una cuba;

y sin temor y sin remordimiento

me tenderé en el suelo una vez más

 

porque quiero dormir a pierna suelta.

Y las pesadas ruedas de los carros

con su carga de piedras y de fango

o los trenes rabiosos, bien podrían

 

mi culpable cabeza machacar

o dividir mi cuerpo en dos pedazos.

Yo me río de todo, del Demonio,

de Dios y de la corte celestial.

 

Charles Baudelaire.

Poeta, crítico de arte y traductor francés. Nació en 1821 y tuvo un pequeño y modesto funeral en el año 1867. Rompió con las formas poéticas clásicas y escribió sobre la modernidad, el arte, la cultura y la poesía. Quedó marcado para la historia como un “poeta maldito”, término que acuñó Paul Verlaine y que fue, en parte, tomado del poema “Bendición”, que inicia las “Flores del mal”, a las que pertenece el texto que compartimos hoy.

El vino nos hace revelarnos, hace que las máscaras caigan, que mostremos -a quien sepa leer- la profundidad de nuestro ser, lo que realmente somos. El vino del asesino lo hace celebrar su libertad, la distancia que finalmente lo ha liberado del yugo del amor y del sufrimiento, como él lo describe. ¿Seguirá la dicha a la mañana siguiente? ¿O seguirá la borrachera del asesino que, por fin, puede extenderse en ella hasta el fin de los tiempos? Este asesino se halla en un punto medio entre crápula y borracho (como él mismo dice), se cree incomprendido por todos, y se ríe de todo, está fuera de cualquier moralidad: sólo se debe al vino y a sí mismo. Tengan cuidado con lo que ocultan, porque puede aflorar cuando el vino les hable.

@SaetasdeLuis

235. Para complacerla

Poema #235

Para complacerla

 

Para complacerla he vivido. Rozando el límite extremo de mis

           fuerzas trato de imaginar aún no sé qué para complacerla.

.

A ella le gusta desgarrar la seda: le daré cien pies de tejido sonoro.

           Pero este chirrido no es ya bastante nuevo.

.

A ella le gusta ver correr el vino y gentes que se embriaguen: pero el

…….vino no es bastante áspero y estos vapores ya no la aturden.

.

Para complacerla tenderé mi alma usada: desgarrada, gritará bajo

           sus dedos.

.

Y yo vaciaré mi sangre como una bebida en un odre:

.

Una sonrisa, entonces, sobre mí se inclinará.

          Víctor Segalen

 

Arqueólogo, etnógrafo, escritor y poeta francés. Nació el 14 de enero de 1878. Estudiante de medicina naval en Burdeos, Segalen viajó y vivió en Polinesia y China (1903-1917) una parte considerable de su vida. Realizó tres expediciones arqueológicas en China. Hoy se le considera una de las figuras centrales de las letras francesas en la época de Proust. En reconocimiento a su labor la Facultad de Letras y Ciencias Sociales de la Universidad de Bretaña Occidental en Brest lleva su nombre. Falleció el 21 de mayo de 1919 en Huelgoat.

Para descubrir los caminos que llevan a ella, para lograrle una sonrisa. Mujer, precisas un mapa que guíe a los ansiosos marineros que aspiran conquistarte.  Muchos intentan navegarte, pero la ofrenda debe cumplirse, no hay nada que aprecie más la mar que un alma usada. Ella puede, entonces, hacer gritar las olas. Así, tal vez, con suerte marinero,  termines náufrago en una de sus playas.

Para complacerla, quizás un poema sea suficiente. Uno de esos poemas que trascienda el tiempo y revelé más allá de un momento. Un poema que se renueve  con ella, que cambie con los sentimientos y la acompañe por las fases de la luna.

@LauraAlessR

50. Embriagaos

Poema #50.

Embriagaos.

 

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.

Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos.

Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: “¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.”

Charles Baudelaire.

Ya en una ocasión anterior publicamos un poema de Baudelaire. “Poeta maldito”, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), importante exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París. La escritura de ese libro representa la ruptura definitiva de las formas poéticas clásicas, reduciendo la brecha que antes mantenía prosa y poesía separadas.

En cuanto al tema, pues es una invitación bastante elocuente y tentadora: ¡embriagaos! Embriaguémonos, ¿de qué? “De vino, de poesía o de virtud”; de lo que queramos, pero embriaguémonos, inclusive de vida misma. “Para no ser esclavos y mártires del Tiempo” que siempre está ahí, inexorable, pasando… ¿Qué hora es? Es hora de emborracharse, de embriagarse sin cesar de todo lo que es vida y vuelve el paso del tiempo insignificante: vino, poesía, virtud. Ya en Trazos de la memoria tenemos cincuenta poemas para embriagarnos, y esperamos seguir publicando muchos más. Muchas gracias por leernos.

@SaetasdeLuis