400. [Ten paciencia…]

Poema #400.

 

Ten paciencia

alma mía

 

Aún te aguarda

un largo tiempo

de vigilias e intemperies

 

Aún no te es dado escuchar

plenamente

el inmenso pálpito

del mar

 

Ana María del Re.

 

Nació en Caracas y es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Estudió la Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Simón Bolívar, donde ejerció como docente desde 1975 hasta el año 2000. Cursó un Doctorado en Literatura en la Universidad de La Sorbona, en París y ha traducido a múltiples poetas italianos, así como textos del poeta francés Eugène Guillevic.

En ocasiones nos acercamos a la escucha, casi percibimos las palabras de la intemperie, y las perdemos. Y volvemos a escuchar, y seguimos en vigilias, esfuerzos e intemperies. Aún no nos es dada la escucha plena, debemos tener paciencia, perseverar en la palabra y el silencio. Hoy alcanzamos las 400 publicaciones, les agradecemos por leernos, y seguimos perseverando.

@SaetasdeLuis

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72. La casa del viento

Poema #72.

La casa del viento.

La casa de mi madre

aún no tiene nombre.

¿Cómo aprenderé a rezar?

¿A quién le ofrezco el dolor de cabeza?

Canto descalza,

repito secretos a los santos,

enciendo velas expuestas al amanecer,

atravieso la humedad de la vigilia,

el olor del milagro.

Coloco una taza de café sobre la mesa.

Observo

cómo la luz de su rostro

mueve las sábanas,

alivia mi cuerpo.

Erika Reginato.

Caracas, Venezuela, 1977. Es poeta, ensayista y traductora. Graduada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado un libro de ensayos llamado “Cuatro estacionees para Ungaretti” (2004) y varios poemarios.

El poema me gusta especialmente porque me hace pensar en un cuadro impresionista. “La madre del pintor”, de Toulouse Lautre, pintado en 1882, mantiene una incertidumbre similar a la que genera el poema. Uno está en la casa de la madre del artista, ese lugar que debería ser nítido y seguro, pero que en ambas representaciones se difumina, conlleva dudas. Las luces, la vigilia, el amanecer, todas estas señales parecen indicar a un momento neutro del día en el que la madre detiene sus faenas para disfrutar de una pequeña calma.

Pintura impresionista de 1882
La madre detiene su vigilia, sus faenas, para dedicarse a su taza de café.

 La figura de la madre resulta iluminadora, sanadora: “la luz de su rostro mueve las sábanas, alivia mi cuerpo”. La blancura en la pintura de Lautrec, el brillo en su rostro resaltan una pureza similar, ante la madre que podría haber pasado una noche de vigilia cuidándonos un dolor de cabeza o un malestar, y que descansa finalmente en la calma del amanecer para acercarse a esa taza de café que reposa en la mesa y en la que concentra toda su atención en el momento de la pintura; el artista (la escritora o el pintor) la observan con admiración y agradecimiento, en la casa del viento que cobra cuerpo en la figura materna.

@SaetasdeLuis

67. ATIENDA AQUEL QUE DIJO …

Poema #67

ATIENDA AQUEL QUE DIJO

hallar dicha y sosiego

en un sueño beatífico y tranquilo;

atienda a lo que digo y lo que creo.

¿Sabes, nocturno amigo,

a qué cosa en verdad llamamos sueño?

Atiende, hermano mío,

sin pena y sin recelo,

yo, que he soñado, yo, que no he dormido,

te pregunto sin voz desde mi lecho:

¿crees que el sueño protege del abismo,

rescata del asalto y del incendio?

Yo, soñadora inmóvil, no he creído

en mi rostro apacible cuando duermo.

Lucho soñando, sórdida, conmigo,

con un pájaro extraño, con el viento,

con un agudo y afilado pico

que me horada las sienes y el cerebro

y dejo sangre en el cojín y heridos

flotan ardiendo, aullando, mis cabellos.

Soñador y sonámbulo es lo mismo.

Se va entre nieblas, huérfano.

¿Quién hiló las almohadas? ¿El olvido?

La mano movediza del recuerdo

con un sombrío ovillo

y tejió la crisálida del lienzo

con una larga víbora de lino

que se enrosca en el alma y en el cuerpo.

Atienda aquel que alguna vez me dijo

hallar quietud seráfica en el sueño;

atienda a mi creencia, a mi pregunta,

que es la de todo soñador despierto.

Creo en mi corazón, su llama oculta

bajo las sábanas, ardiendo.

Creo en mi sangre muda

corriendo como un río del infierno.

¿Cree alguien en la calma de las tumbas,

en la paz de los muertos?

Quieren creer… ¡No lo han creído nunca!

Descansa en paz, sólo es un gran deseo.

Descansa en paz, pero la paz no escucha;

descansa en paz, pero el descanso es ciego.

La muerte, insomne, mira hacia la lucha

y el sueño es el más íntimo desvelo.

Ida Gramcko

Fue una poeta, ensayista, dramaturga, cuentista y periodista. Nació el 11 de octubre de 1924 en Puerto Cabello (Venezuela).  Recibe el Premio Nacional de Literatura (1977), el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), Premio Municipal de Poesía (1962).  Entre sus poemarios se pueden nombrar: “Umbral” (1941),” La Vara Mágica” (1948), “Poemas de una psicótica” (1964),” Sol y soledades” (1966), “Sonetos del origen” (1972),” Salto Ángel” (1985), “Treno” (1993), entre otros. Falleció  el 2 de mayo de 1994.

Y en la noche dormida lucho con un extraño, dejando marcas rojas en la almohada. Sobrevivo del sueño, porque aunque con rostro de reposo, la paz no asiste. Es entonces cierto, el sueño se parece a la muerte o es quizás la muerte misma. Hablar de esos fantasmas que a oscuras  llegan, ya no importan los ojos, las sombras se extienden  más profundamente cuando el cuerpo descansa y es entonces débil, señuelo del sueño. Porque allí la forma se diluye y es la materia la que se agrieta o condensa  para habitar los sueños. La materia, esa que sabe de nosotros, narra o dibuja esas imágenes ocultas robándose la paz. No olvidamos lo que somos cuando dormimos, no olvidamos lo que nos ocurre, lo revivimos desde la materia pura. Pocos son los que navegan en el rio hacia el infierno, soñando, durmiendo. Extraer imágenes de lo profundo deja huellas de sangre en la almohada. Y se repite la pregunta una y otra vez: “¿crees que el sueño protege del abismo, ­/ rescata del asalto y del incendio? “

@LauraAlessR

 

 

57. Muerte

Poema #57

Muerte

(Hamlet, Acto III, escena IV.)

To die, to sleep…, to sleep… perchance to dream.

 ….

Eres sueño de un dios; cuando despierte

¿al seno tornarás del que surgiste?

¿serás al cabo lo que un día fuiste?

¿parto de desnacer será tu muerte?

….¿El sueño yace en la vigilia inerte?

Por dicha aquí el misterio nos asiste;

para remedio de la vida triste,

secreto inquebrantable es nuestra suerte.

….Deja en la niebla hundido tu futuro

y ve tranquilo a dar tu último paso,

que cuando menos luz, vas más seguro.

….¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?

Sueña, alma mía, en tu sendero oscuro:

“¡Morir… dormir… dormir… soñar acaso!”

Miguel de Unamuno

Fue un escritor y filósofo español. Nace en Bilbao el 29 de septiembre de 1864. Perteneciente a la generación del 98. En su obra desarrollo gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía. Tuvo una gran actividad política, fue condenado a prisión y participó en la guerra civil española. Entre sus obras poéticas destacan: “Poesías” (1907), “El Cristo de Velázquez” (1920), “Rimas de dentro” (1923), “Romancero del destierro” (1928), entre otras. Fallece en Salamanca el 31 de diciembre de 1936.

¿Vivir es un sueño? ¿Es la realidad un sueño?  ¿Somos el sueño de otro? ¿Cuándo despertamos? ¿Despertamos? ¿Qué será de nosotros, cuando el que nos sueña despierte? ¿Moriremos? ¿Morir o despertar?  “Por dicha aquí el misterio nos asiste…”

Dormir, dormir “…que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne…” (Hamlet).  Como quien deja su destino hundido en tinieblas, como quien olvida, como quien muere…

  @LauraAlessR