542. Escritos en la piedra

Poema #542.

Escritos en la piedra.

 

En el valle que rodean montañas de la infancia

encontramos escritos en la piedra,

serpientes cinceladas, astros,

en un verano de negras termiteras.

En el silencio del tiempo vuelan los gavilanes,

cantan cigarras de tristeza

como en una apartada tarde de domingo.

Con el verano se desnudan los árboles,

se seca la tierra con sus calabazas.

Pero volverán las lluvias

y de nuevo nacerán las hojas

y los pequeños grillos de las praderas

bajo el soplo de una misteriosa nostalgia del mundo.

 

Y así para siempre

en torno a estos escritos en la piedra,

que recuerdan una raza antigua

y tal vez hablan de Dios.

 

Vicente Gerbasi.

Escritor, poeta y diplomático venezolano, nacido en Canoabo, Carabobo, en 1913 y fallecido en Caracas en 1992. Especialmente conocido por su extenso poema “Mi padre, el inmigrante” (1945). Publicó una considerable cantidad de poemarios durante su vida, siempre buscando “descifrar los misterios de su tierra” como dice Francisco Pérez Perdomo. Fue miembro del Grupo Viernes.

El paisaje hecho palabra, escrito que se preserva en el tiempo y nos recuerda las otras épocas de una raza que parece repetirse en círculos, ¿de qué hablan los escritos en la piedra, las montañas, el paisaje? Un paraiso que no queremos dejar perder, un valle que preservamos en la memoria, cargado de nostalgia.

@SaetasdeLuis

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522. Defectuosa formación del plural

Poema #522.

Defectuosa formación del plural.

Disfraz, persona unitiva

Lezama Lima.

Cuántos días baldíos

haciéndome pasar por lo que soy.

 

Máscara sin memoria, líbrame

de parecerme a aquel que me suplanta.

 

Uno solo será mi semejante.

 

José Manuel Caballero Bonald.

Escritor español, nacido en Cádiz en el año 1926. Estudió astronomía y, posteriormente, filosofía y letras. Poeta, novelista, ensayista, militó en contra de Franco y forma parte del grupo poético de los 50. Ha obtenido numerosos premios entre los que destacan el Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía en 2004, el Premio Nacional de las Letras en 2005, el Premio Nacional de Poesía en 2008, y recientemente el Premio Cervantes.

Librarnos de las máscaras, de lo que somos y de lo que no somos, abrirnos a nosotros mismos y encontrar allí la singular unidad. Las palabras buscan decir más de lo que dicen, hablar entre líneas y más allá de ellas; ahí, en lo no visible, está su revelación.

Varias voces recitaron ayer a la voz de José Manuel Caballero Bonald: Sabina, Serrat, Ríos y Aute rindieron homenaje al poeta declamando algunos de sus poemas, dándoles su propio tono a lo escrito por Caballero Bonald, quien luego también recitó dos estrofas escritas por él. Una tarde para recordar.

@SaetasdeLuis

351. Amantes

Poema #351

Amantes

Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.

Eugenio Montejo

Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Se han publicado varios de sus poemas anteriormente en Trazos de la memoria. Fallece en Valencia, el 5 de junio de 2008.

La promesa. Algo llegará desde lejos, quizás no demasiado tarde…

@LauraAlessR

348. La tarde

Poema #348.

La tarde.

 

He bebido del chorro cándido de la fuente.

Traigo los labios frescos y la cara mojada.

Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura

de una rosa jugosa, nueva y recién cortada.

 

El cielo ostenta una limpidez de diamante.

Estoy ebria de tarde, de viento y primavera.

¿No sientes en mis trenzas olor a trigo ondeante?

¿No me hallas hoy flexible como una enredadera?

 

Elástica de gozo como un gamo he corrido

por todos los ceñudos senderos de la sierra.

Y el galgo cazador que es mi guía, rendido,

se ha acostado a mis pies, largo a largo, en la tierra.

 

¡Ah, qué inmensa fatiga me derriba en la grama

Y abate en tus rodillas mi cabeza morena,

mientras que de una iglesia campesina y lejana

nos llega un lento y grave llamado de novena!

 

Juana de Ibarbourou.

 

Conocida popularmente como Juana de América. Nació en Melo, Uruguay, en 1892 y murió en Montevideo en 1979. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura uruguayo en 1959. En 1950 fue designada para presidir la Sociedad Uruguaya de Escritores. Fue enterrada con honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer de su país en obtener tal distinción.

Delicada y ligera, sensualidad hecha palabra.

@SaetasdeLuis

300. La cogida y la muerte

Poema #300.

La cogida y la muerte.

 

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

 

El viento se llevó los algodones

a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel

a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo

a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada

a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones de bordón

a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo

a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio

a las cinco de la tarde.

¡Y el toro solo corazón arriba!

a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando

a las cinco de la tarde

cuando la plaza se cubrió de yodo

a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

 

Un ataúd con ruedas es la cama

a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído

a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía

a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles

a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles

a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

 

Federico García Lorca.

Importante miembro de la Generación del 27. Poeta, prosista y dramaturgo español, nacido en Granada en 1898 y ejecutado en 1936 tras la sublevación militar de la guerra civil española, por su afinidad con el Frente Popular y por ser abiertamente homosexual. Este poema es la primera elegía de su “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, torero, escritor y miembro de la Generación del 27, quien murió de gangrena a causa de una cornada en la plaza de Manzanares.

La hora sombría en la que nos enteramos de la muerte de un ser querido, la hora que se repite en todos los relojes y en todos los tiempos, que nos resuena terrible y atronadora. ¡Qué terrible la hora incierta de la muerte! La noticia que viene, que nos llega, que nos lleva. Las cuatro elegías que componen el llanto articulan su dolor ante esta situación, ante una sangre que no quiere verse, ante un cuerpo presente, ante el alma ausente. Aceptamos la impotencia ante esto -no tenemos otra opción- pues todos morimos, como también se muere el mar

@SaetasdeLuis

Ve con el viento, ahora y en todas las horas.