517. VIII

Poema #517

VIII

Vivir, ya he dicho:
Tener sobre las manos un fajo de papeles:
un lápiz, libros, dibujos, sueños.

El alma al descubierto
vulnerable.
Estar así. Beberse a uno mismo.
Sollozar.

Tomar el invierno para tejer
una mansión de lino
Vigilantes los senos,
escondidos en la piel.
Vibrar
Repasar las camisas, acomodar los sueños,
dejar en perfecta armonía los clavos, la canela,
el azúcar y los aromas.

Dejar el alma al despoblado,
musitar pequeños versos de Sor Juana,
olvidar castigos y derrotas.
Recordar el olor de un verano en Guanacaste.
Fruncir el ceño por placer,
sonreír por malicia.
Vivir,
acodada entre sombras,
aniñando los ojos
y olvidar, olvidar.

Mía Gallegos

Poeta costarricense. Nació en San José en 1953. A los veintitrés años ganó el Premio Joven creación 1976 por su libro “Golpe de Albas”, luego el premio Alfonsina Storni  en 1977 y el Premio Nacional Aquileo Echeverría en 1985. Sus poemas han sido traducidos al inglés e incluidos en antologías de poesía latinoamericana. Autora de “Los reductos del sol” 1985, “El claustro elegido” 1989 y “Los sueños y los día” 1995.

Detenerse y vivir. Andar y vivir. Seguir el ritmo propio, el ritmo natural de las cosas. Recibir y dar. Amar y dejar ir. Olvidar, olvidar… dar cabida a la sorpresa.

Escribir, dibujar, trazar… leer y sentir: vivir.

@LauraAlessR

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377. Sumas

Poema #377

Sumas

caballo y caballero son ya dos animales

Uno más uno, decimos. Y pensamos:
una manzana más una manzana,
un vaso más un vaso,
siempre cosas iguales.

Qué cambio cuando
uno más uno sea un puritano
más un gamelán,
un jazmín más un árabe,
una monja y un acantilado,
un canto y una máscara,
otra vez una guarnición y una doncella,
la esperanza de alguien
más el sueño de otro.

Ida Vitale

Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Estudió Humanidades. Fue profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio. Es una de las voces principales de la llamada generación del 45, y en la actualidad, es uno de los nombres imborrables de la poesía hispanoamericana. Es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: “La luz de esta memoria”, “Palabra dada”, “Oidor andante”, “Jardín de sílice”, “Plantas y animales”, entre otros.

Esa alianza entre la palabra y el mundo. Donde la imaginación despierta y los sentimientos insisten en colarse. ¿Todos los poetas mueren de amor?

@LauraAlessR

373. Nocturno

Poema #373

Nocturno

…pero si dejo de soñar
quién nos abriga entonces.
E. Diego

Duermes
calmo tu pecho
sube y baja

flotamos
rodeados por el aire
cálido que exhalas
amor sobre tu cuerpo
y el mío

es el Nilo
una línea oscura

un hilo de agua ondulada
en silencio llega
hasta tu alma

murmuras
y es de noche en tus sueños:
el agua quieta
de un lago helado

es de noche y es invierno
no hay nadie
en este sueño

el dolor
es un punto que arde
en el fondo de tus ojos

un nudo frío
y rojo

Blanca Strepponi

Escritora venezolana nacida en Buenos Aires en 1952. Autora de varios libros, entre ellos: “Birmanos” (teatro), “Diario de John Roberton” (poesía), “Las Vacas” (poesía), “El médico chino” (Monte Ávila Editores) y dos libros inéditos: “Balada de la revelación” (poesía) y “El ángel” (teatro). Es Miembro del equipo editor del Fondo Editorial Pequeña Venecia el cual ha publicado 90 títulos de poesía desde 1989 hasta el presente. Entre los reconocimientos merecidos se encuentran: Premio Bienal Ramos Sucre de Dramaturgia, Premio de Poesía Casa de la Cultura de Maracay y Premio de Narrativa Alfredo Armas Alfonzo.

Partir de noche, mientras alguien te sueña. ¿Cómo podrá abrigarte si despierta? Un largo río se despliega, no hay duda alguien parte, el ritmo del agua apacible invita a la despedida. Y allí, en el fondo de tus ojos, aún hay rastros del punto que arde. Tu vida quieta y helada aún quema. No hay refugio, alguien despertará.

325. Llamada viva

Poema #325

Llamada viva

Ponerse al margen
asistir a un pan
cantar un himno

menoscabarse en vano
abrogar voluntades
refrendar cataclismos

acompañar la soledad
no negarse a las quimeras
remansarse en el tomado

ir de lo ceñido a lo vasto
desde lo opaco a la centella
de comisión al sueño libre

ofrecerse a lo parco del día
si morir una hora tras otra
volver a comenzar cada noche

volar de lo distinto a lo idéntico
admirar miradores y sótanos
infligirse penarse concernirse

estar en busca de alma diferida
preparar un milagro entre la sombra
y llamar vida a lo que sabe a muerte.

Ida Vitale

Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Estudió Humanidades. Fue profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio. Es una de las voces principales de la llamada generación del 45, y en la actualidad, es uno de los nombres imborrables de la poesía hispanoamericana. Es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: “La luz de esta memoria”, “Palabra dada”, “Oidor andante”, “Jardín de sílice”, “Plantas y animales”, entre otros.

Buscar la flor en el desierto, creer en ella. Ardua vida elegida, la del poeta.

@LauraAlessR

292. La voz

Poema #292.

La voz.

 

Yo dormía en mi cuna junto a la biblioteca,

una oscura Babel donde fábulas, libros

de novela y de ciencia, la ceniza latina

y el helénico polvo, se mezclaban. Yo era

alto como un infolio, y me hablaban dos voces:

Una, insidiosa y firme: ‘Es la tierra un pastel;

yo podría (¡y entonces tu placer fuera inmenso!)

darte tal apetito de medidas iguales.’

La otra voz: ‘¡Ven! ¡Oh, ven a viajar por los sueños,

más allá de las cosas conocidas, posibles!’

Y cantaba lo mismo que hace el viento en las playas,

plañidero fantasma que ha engendrado la noche

y acaricia el oído y no obstante lo asusta.

Respondí: ‘Dulce voz, sí.’ Aquel día nació

lo que puede llamarse esta herida, ¡ay de mí!,

y mi sino fatal. Veo tras decorados

de la inmensa existencia, en el más negro abismo,

claramente unos mundos singulares, y víctima

de una tal lucidez que me sume en el éxtasis,

me persiguen serpientes que me muerden los pies.

Desde entonces, igual que si fuese un profeta,

me enamoran sin límite el desierto y el mar;

y me río en los lutos y sollozo en las fiestas,

y un sabor suave encuentro en el vino más agrio;

tomo muy a menudo por mentiras los hechos,

y mirando a los cielos caigo en hoyos profundos.

Pero dice la voz, consolándome así:

‘¡No renuncies jamás a tus sueños, los cuerdos

nada saben del sueño admirable de un loco!’

 

Charles Baudelaire.

 

De este poeta francés (1821-1867), quien además fue crítico de arte y traductor hemos publicado varios de sus poemas en el blog. Algunos de ellos parte de sus Pequeños poemas en prosa, y otros tantos de sus Flores del mal. Hoy, de quien fue llamado por María Zambrano “padre de la poesía moderna”, publicamos un poema que suele acompañar algunas ediciones contemporáneas de las Flores del mal pero que pertenece a algunos poemas diversos del autor que se han encontrado y estudiado aparte.
Son muchas las voces y todas hablan de distinta manera y con constancia. El poeta, mientras tanto, escucha. Adquiere una disposición especial que le permite hacerle caso a lo que dice esa “dulce voz” y dejarse seducir por ella, por lo que ofrece; y cada voz -quizás la voz de un genio que acosa al atormentado, quizás la voz del inconsciente, quizás una admirable locura- tiene sus temas, sus palabras y su sino. Aún así, la locura del poeta, con su tormento particular, está poblada de sueños admirables, más allá de las cosas conocidas, sueños a los que no debe renunciar.

@SaetasdeLuis

240. Los perros románticos

Poema #240.

Los perros románticos.

 

En aquel tiempo yo tenía 20 años

y estaba loco.

Había perdido un país

pero había ganado un sueño.

Y si tenía ese sueño

lo demás no importaba.

Ni trabajar, ni rezar,

ni estudiar en la madrugada

junto a los perros románticos.

Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.

Una habitación de madera,

en penumbras,

en uno de los pulmones del trópico.

Y a veces me volvía dentro de mí

y visitaba el sueño: estatua eternizada

en pensamientos líquidos,

un gusano blanco retorciéndose

en el amor.

Un amor desbocado.

Un sueño dentro de otro sueño.

Y la pesadilla me decía: crecerás.

Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto

y olvidarás.

Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.

Estoy aquí, dije, con los perros románticos

y aquí me voy a quedar.

 

Roberto Bolaño.

 

Roberto Bolaño, novelista y poeta, nació en Chile en 1953, emigró a Mexico con su familia en 1968 y volvió a Chile en 1973 para apoyar el régimen de Salvador Allende, siendo arrestado luego del golpe de estado de Augusto Pinochet. Además de Chile y México, vivió en El Salvador, Francia y Barcelona, donde murió en 2003. Autor de “Los perros románticos” (poesía) y de las novelas “Los detectives salvajes” y “2666”, esta última publicada luego de su muerte. Es considerado uno de los escritores contemporáneos más importantes de Latinoamérica.

Temas recurrentes en la obra de Bolaño son la situación política de Chile en 1973 y, uno más personal: los sueños, el impresionante mundo de los sueños; ambos encontrados en este poema. Bolaño hurga en su mente para plasmar en estas líneas recuerdos, añoranzas, sueños y pesadillas. Ahogados en una sensación de perdición y locura recorremos el mundo tratando de ver algo valioso en él, muchas veces sin tener éxito, pero en el fondo sabemos que vale la pena quedarse y esperar, esperar junto a los perros románticos el gran momento que está por llegar.

@jorgejromero_

(contribución)

214. Adolescencia

Poema #214.

Adolescencia.

 

En el fondo de mis sueños

siempre te encuentro cuando amanece.

Qué ensanchamiento en el exilio, por el vagabundaje de

claras fuentes azules.

En el fondo de mis sueños

la aurora fugitiva. Sólo la sombra

concluye mi única estrella, mi último día.

 

Juan Sánchez Peláez.

Nació en Altagracia de Orituco, estado Guárico, en 1922. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en el año 1975, y un doctorado honoris causa en la Universidad de Los Andes en el año 2001. Vivió durante un tiempo en Chile, donde se relacionó con el grupo de poetas surrealistas “La Mandrágora”. Su poesía señaló un camino nuevo en la poesía venezolana de la época. Este poema pertenece a su primer libro: Elena y los elementos (1951).

Desde la primera ocasión en la que leí este poema, hace un tiempo ya, me ha intrigado. Mueve algo en mí que siempre logra escabullirse de cualquier comprensión, pero que sigue ahí, picando e invitándome a ahondar más en ese fondo de los sueños. Leí tantas veces el poema buscando, en vano, una clave, que logré aprendérmelo de memoria, con lo difícil que eso resulta para mí. Los versos siguen fascinándome, pero no puedo decir qué significan, “así como no puedo explicar lo que sea un beso” (como dice Hanni Ossott). No puedo decir, siquiera, lo que generan en mí. Los dejo hablar por sí mismos, entonces.

@SaetasdeLuis