506. No es

Poema #506.

No es.

 

No es indiferente el lugar donde estamos.

Algunas estrellas se acercan entre sí peligrosamente.

También aquí abajo hay separaciones violentas de amantes

sólo para que el tiempo se acelere

con el latido de su corazón.

 

Las gentes sencillas son las únicas que no buscan la felicidad…

 

Vladimir Holan.

Poeta checo, nacido en Praga (1905-1980). Vivió sus primeros años en el campo, y a partir de los 15 en la capital, donde estudió Leyes y desempeñó varios oficios. La escritura de Mallarmé y, posteriormente, la ocupación Nazi, el pacto de Munich y la guerra influyeron fuertemente en sus versos.

Nada es indiferente. Nuestra mirada, nuestros movimientos, lo que pensamos y hacemos. Todo se entrelaza y, como quien espera a una estrella, escuchamos los latidos del corazón acelerando el tiempo. ¿Buscas la felicidad?

@SaetasdeLuis

28. Fugacidad

Poema #28.

Fugacidad.

sed mulier cupido quod dicit amanti,

in uento et rapida scribere oportet aqua.

Catulo

 

Lo doloroso no es saber que un día

te irás físicamente,

sino sentir que te vas marchando

a cada instante

detrás de las palabras

y los falsos requiebros.

Aunque quisiera

no alcanzo a retenerte,

y sólo intento rescatar,

escéptico,

los restos del naufragio

que la corriente impulsa hacia mi orilla.

 

Lo doloroso es comprender que un día,

harto por fin de atesorar despojos,

yo los pondré en el río,

y los veré alejarse, sin dolor,

entre el agua que fluye.

 

Jesús David Curbelo.

Poeta, narrador, crítico y traductor literario nacido en Camagüey, Cuba, en 1965. Es Jefe de la Redacción de Poesía en Ediciones Unión, en Ciudad de La Habana. Profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana. Ha obtenido diversos premios literarios, entre los que destaca el Premio Nacional de la Crítica por los libros de poesía El lobo y el centauro (en el 2001) y Parques (en el 2004). Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, neerlandés, checo y alemán.

La fugacidad de la vida, de los instantes, de la existencia. Todo está en constante cambio, todo nos resulta inasible, todo se transforma. Sin embargo, el ser humano insiste en querer preservar las cosas de una manera, en resistirse al cambio, en no permitir que la vida fluya. El deseo de control: sentimos la necesidad de controlar lo que sucede, de aferrarnos, de entender todo lo que está sucediendo, de dónde venimos, hacia dónde vamos, quiénes somos. Es importante preguntarse estas cosas, son de las preguntas más difíciles que podemos hacernos, y las que usualmente nos toma más tiempo respondernos. Quizás sería diferente si aceptáramos la fugacidad de los instantes en vez de retener, de aguantar, de rescatar “los restos del naufragio” que llegan a nosotros en el vaivén de la orilla; es doloroso soltar, dejar de aferrarnos y comprender que, queramos o no, todo fluye y, tarde o temprano, “harto(s) por fin de atesorar despojos” los pondremos en el río, y los veremos alejarse “sin dolor”, fluyendo. Al dejar ir, dejamos  ir, también, ese dolor al que nos aferramos. El río continúa fluyendo, querámoslo o no.

Con una escritura sumamente sencilla y precisa, Curbelo crea versos interesantes que representan emociones, sentimientos y experiencias, a través de imágenes que universalizan lo que expresa y nos permiten percibir lo que está percibiendo el autor del poema, en este caso, la fugacidad de los instantes, el sentir cómo esa persona se va marchando a cada instante, escurriéndose entre sus dedos, sin poder hacer nada.

@SaetasdeLuis