208. Muerte a la rutina

Poema #208.

Muerte a la rutina.

 

Toda rutina que cumpla mayoría  de edad (entiéndase tres meses)

debe ser condenada a la hoguera de la creatividad.

No permitas que te invada.

Apaga el televisor.

Cambia la cinta.

Regala los cds.

Sal de tu casa por calles distintas.

No entres por la misma puerta a tu trabajo.

Reza con los católicos, discute con los evangélicos y conspira con los marxistas.

Escribe poesía.

Pero no te masturbes al hacerlo.

Por ninguna razón almuerces dos veces a la semana en el mismo local.

Cambia los menús.

Ve al cine, al teatro, al bar, al hipódromo.

Pero no te encadenes.

No te hagas adicto.

Haz el amor todas las noches con chicas diferentes aunque sea tu esposa la única que acaricies.

Deja un día de cepillarte los dientes o de enjuagarte el cabello.

No uses reloj.

Tan sólo por un día bájate sin pagar del transporte público

y por varios días no cenes.

Ve un día al fútbol y otro a Dossier.

Visita los museos así no los soportes.

Compra libros en remates.

Aprende nombres de autores y de títulos.

Consiente a los niños.

Escucha a los ancianos.

Conversa, aunque sea diez minutos, con los alcohólicos de tu plaza, con los mendigos.

Escucha jazz, salsa, música clásica y autóctona.

Lee la carátula de los discos.

Hazte amigo de alguna prostituta y no te acuestes con ella, escúchala.

Socorre a algún pana que esté pelando.

Pide ayuda a un amigo así no la necesites.

Nunca pidas nada a alguien a quien tienes más de un año sin ver, llámalo aunque sea dos semanas antes.

No te quejes.

No llores.

No sufras.

Disfruta así estés a un paso de la muerte.

Vive, vive, así te esté matando el cáncer

o la diabetes o el dolor pero no te dejes.

No te rajes Jalisco.

Que la vida puede ser diferente…

 

José Javier Sánchez.

 

Nació en Caracas en 1970, es poeta y promotor de lectura. Fundador de la Red Nacional de Promotores de Lectura y de la Red Nacional de Escritores de Venezuela y coordinador del Programa Nacional de Promoción de Lectura “Leer es Entender” de la Biblioteca Nacional. Este poema pertenece a su libro “Fragmentos para una memoria”.

Es probable que todos los que leamos estas líneas hayamos pasado, alguna vez, por una rutina. Conocemos lo pesada que puede ser, lo destructiva, lo agotadora. Pero “la vida puede ser diferente”, nos dice el poeta, y nos ennumera posibilidades que disipan la rutina. Nos recomienda, sobre todo, vivir, vivir a pesar de todo. Darle paso a la creatividad y a los detalles, permitirnos disfrutar cada instante, hacer las cosas de forma diferente a la habitual. Hay rituales cotidianos que son necesarios, claro, pero hay rutinas que no deberíamos permitirnos; no nos dejemos, hay que vivir la vida. “No te rajes, Jalisco.”

(El verso de “Socorre a algún pana que esté pelando” contiene dos venezolanismos: un pana es un amigo, y pelar, en este caso, significa no tener dinero.)

@SaetasdeLuis

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62. Herederos de Sísifo

Poema #62.

Herederos de Sísifo.

 

Entre el suelo y el techo de un ascensor

cada rostro es territorio incierto para la mirada,

las lenguas se anudan,

las manos buscan el aire en los bolsillos.

 

En esta pequeña Babilonia

no hay un solo hombre,

siquiera uno de ellos,

que no lleve una pequeña piedra entre sus manos.

Las llaves, el reloj, algún espejo,

todo aquí es atentado contra la gravedad.

 

Vaya forma de pagar una terrible condena:

haber nacido desprovistos de alas

-a ras de suelo-

con tan torpe afición a las alturas.

 

Arturo Gutiérrez Plaza.

Poeta, ensayista y profesor universitario nacido en Caracas, 1962. Ha publicado los libros de poesía: “Al margen de las hojas” (1991), “Principios de Contabilidad” (2000) y “Pasado en limpio” (2006). Fue Director General del CELARG y ha obtenido varios premios entre los que resalta el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz en 1999.

Me resulta interesante la comparación del momento cotidiano en el elevador con el mito de Sísifo, el hecho de conectar un instante actual con toda una tradición y una historia humana. Todos hemos estado alguna vez en un ascensor lleno de desconocidos, la incomodidad de estar todos tal como describe Gutiérrez Plaza. El descubrimiento está en la certera relación con Sísifo: la condena a la rutina, a esa piedra que debemos empujar hacia la cima sin lograr nunca alcanzarla, como el elevador que sube y baja sin llegar a ningún sitio. Hay algo que es lo que tenemos que empujar, llevar con nosotros, que nos sume en la rutina como una “terrible condena”; sea la llave de la casa o del carro, el tiempo que transcurre o algo en nosotros mismos. Nos convertimos en esclavos de ese “algo” que empujamos siempre, con la esperanza de algo más, con “tan torpe afición a las alturas”, estando “a ras del suelo”.

Realmente la rutina puede convertirnos en herederos de Sísifo, pagando la terrible condena de tener que luchar contra la gravedad día tras día en una pequeña Babilonia llena de desconocidos que también empujan su piedra. Qué espantoso castigo el de no poder alcanzar jamás las alturas a las que somos tan aficionados por eso que nos mantiene a ras del suelo y que nunca dejamos de empujar.

@SaetasdeLuis