236. [¡Venid todos aquí, endecasílabos,]

Poema #236.

 

¡Venid todos aquí, endecasílabos,

aquí, de todas partes, venid todos!

Que una puta se quiere divertir

negándose la infame a devolverme

vuestras tablas. ¿Lo vais a permitir?

Acosémosla, pues, y reclamemos.

¿Que quién es? la del sucio contoneo,

que ríe como un mimo repugnante

con su boca de galgo galicano.

¡Rodeadla y a voces reclamad!:

‘¡Puta hedionda, devuélvenos los libros,

devuélvenos los libros, puta hedionda!’.

¿Que no te importa nada? ¡Burdel, fango

o bajeza mayor si aún es posible…!

Pero no hemos de darnos por vencidos,

saquemos, por lo menos, los colores

a la cara de hierro de esa perra.

¡Gritad de nuevo a coro en voz más alta!:

‘¡Puta hedionda, devuélvenos los libros,

devuélvenos los libros, puta hedionda!’.

Mas de nada nos vale. Ni se inmuta;

se ha de cambiar de táctica y e tono

a ver si así sacáis algún provecho:

‘¡Virgen casta, devuélvenos los libros!’.

 

Catulo.

 

Poeta latino nacido en Verona en el año 87 a.C., falleció en Roma alrededor del 57 a.C. Estudió en Roma, donde pasó varias temporadas hasta establecerse definitivamente, se enamoró de Clodia, quien fue fuente de inspiración para muchos de sus epigramas y poemas, casada con el gobernador de la Galia Cisalpina y hermana del tribuno Plubio Clodio Pulcro, enemigo de Cicerón.

Hay temas que son recurrentes en la vida de los poetas, que uno puede ver trazarse y conectarse a lo largo de la historia. Hace más de dos mil años, Catulo escribía lo que hace poco escribió Bukowski a la puta que se llevó sus poemas. Comparar ambos poemas resulta extraordinario, porque uno puede imaginarse, casi, a ambos poetas sentados en un bar, conversando sobre el tormento que les causaron sus respectivas putas al robarles sus poemas. Con estilos sumamente diferentes, y una manera de expresarlos distinta, nos encontramos ante lo mismo: eso que tanto le duele al poeta, quedarse sin sus textos y no poder recuperarlos. Ha pasado y seguirá pasando, así que ¡cuiden sus textos!

@SaetasdeLuis

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188. Esperando a los bárbaros

Poema #188.

Esperando a los bárbaros.

 

¿A qué esperamos, reunidos en el fórum?

 

A los bárbaros que deben llegar hoy.

¿Por qué no ocurre nada en el senado?

¿Por qué los senadores están sentados sin legislar?

 

Porque hoy llegan los bárbaros.

¿De qué serviría que los senadores hicieran ahora leyes?

Una vez que estén aquí, ellos harán la legislación.

¿Por qué se ha levantado tan temprano nuestro Emperador?

¿Y por qué está sentado en el trono en la puerta de la ciudad,

con gran pompa y corona?

 

Porque hoy llegan los bárbaros

y el Emperador espera recibir a su jefe.

Incluso tiene un pergamino que darle,

repleto de títulos, con nombres imponentes.

¿Por qué hoy salen nuestros dos cónsules y pretores

vistiendo sus escarlatas togas bordadas?

¿Por qué se han puesto pulseras con tantas amatistas,

sortijas relucientes con magníficas esmeraldas?

¿Por qué hoy salen con elegantes varas

hermosamente trabajadas en oro y plata?

 

Porque hoy llegan los bárbaros

y cosas como éstas les deslumbran.

¿Por qué no vienen nuestros distinguidos oradores de costumbre

a hacer sus discursos, a decir lo que tengan que decir?

 

Porque hoy llegan los bárbaros

y les aburre la retórica y los discursos públicos.

¿Por qué esta repentina perplejidad, esta confusión?

(Qué serias se han vuelto las caras de la gente.)

¿Por qué las calles y las plazas se vacían tan rápidamente,

todo el mundo volviendo a casa absortos en meditación?

 

Porque ha caído la noche y los bárbaros no han llegado.

Y algunos de nuestros hombres recién llegados de la frontera dicen

que ya no hay bárbaros.

¿Y ahora qué va a ser de nosotros sin los bárbaros?

Aquellas gentes eran una especie de solución.

 

Constantino Cavafis.

 

Su nombre puede encontrarse escrito de distintas formas: Kavafy, Kavafis, y otras variaciones. Es un poeta griego que vivió entre 1863 y 1933. Hoy en día es considerado una de las figuras más importantes de la poesía del siglo XX. Su obra consta de 154 poemas que consideró acabados y forman la edición canónica, más un cierto grupo de composiciones que, para él, no habían alcanzado su forma definitiva. Poemas como éste hablan de grandes momentos históricos y de la decadencia de los mismos, pero, a su vez, salen de la historia y se muestran intemporales.

Lo bárbaro resulta de suma importancia para el equilibrio de la vida humana. Ésta se armoniza con el encuentro de la civilización con la barbarie; ambas tienen y requieren su espacio. En la Grecia Antigua, cuando las polis se encontraban en una relativa decadencia, fueron conquistadas por razas bárbaras que le dieron una vitalidad diferente: sucedió, en primera instancia, en el caso de los Macedonios, que llevó al imperio de Alejandro Magno, y posteriormente a la conquista romana que llevó a la civilización que conocemos. De alguna forma, “aquellas gentes” fueron una especie de solución, y en muchas otras ocasiones los hemos considerado “una especie de solución”, cuando la civilización se está desmoronando, cuando cierta manera de vivir en sociedad se vuelve obsoleta, es necesario un período de caos que reformule y replantee la vida humana. ¿Qué pasaría si no llegase este cambio cuando es necesario? La decadencia seguiría su avance hasta que no quedasen sino ruinas. El cambio es nuestra esencia, el cambio es necesario.

Aún así, importa también que no esperemos, reunidos y sentados, a que llegue. Si continuásemos realizando nuestras actividades, si siguiésemos con los discursos, y la cultura, y no nos detuviésemos pensando que “a los otros les aburre”, sino que creyésemos en el valor de nuestra cultura, en la importancia de preservarla y de continuarla, ¿quién sabe qué sucedería? En el compartir de las culturas está el enriquecimiento de la humanidad, como ha sucedido a lo largo de la historia.

@SaetasdeLuis.

Trazos de la memoria (trazosdelamemoria.wordpress.com)

“La invasión de los bárbaros” o “Los Hunos en Roma”, cuadro de Ulpiano Checa.

68. [Vivamos, Lesbia mía, y amemos]

Poema #68.

Vivamos, Lesbia mía, y amemos;

los rumores severos de los viejos

que no valgan ni un duro todos juntos.

Se pone y sale el sol, mas a nosotros,

apenas se nos pone la luz breve,

sola noche sin fin dormir nos toca.

Pero dame mil besos, luego ciento,

después mil otra vez, de nuevo ciento,

luego otros mil aún, y luego ciento…

Después, cuando sumemos muchos miles,

confundamos la cuenta hasta perderla,

que hechizarnos no pueda el envidioso

al saber el total de nuestros besos.

Catulo.

Poeta latino que nació en Verona en el año 87 a.C. y murió en Roma alrededor del 57 a.C. Estudió en Roma, se enamoró de Clodia, casada con el gobernador de la Galia Cisalpina y hermana del tribuno Plubio Clodio Pulcro, enemigo de Cicerón. Ella aparece en sus versos con un nombre de valor métrico equivalente, Lesbia, que refiere a la afición común de los amantes a Safo de Lesbos. La relación con Clodia fue conflictiva ya que, después de entregarse por primera vez a él, le fue infiel, y dejó a Catulo en un constante debate entre el amor y el odio por ella y sus conocidos.

Este poema, en pleno éxtasis amoroso y celebratorio, invita a Lesbia a vivir, a amar; es una exaltación del instante presente, feliz. En ese momento del amor no importa nada: ni los rumores, ni los envidiosos, ni lo que está bien o mal, sólo el hecho de estar con el otro cobra absoluta importancia, el darse “mil besos, luego ciento, después mil otra vez…” y olvidarse del mundo para entregarse a la amada.

Ya desde estos tiempos se escribía de manera íntima, amorosa y dedicada, con la excepcional habilidad que lo hace Catulo, con el juego rítmico que genera la petición repetida de más y más besos que cierra con el olvido de la cuenta inacabable. En esa época se creía que el conocimiento exacto del número de besos podría atraer las maldiciones de los envidiosos (que, también, siempre han existido) y por eso resulta tan importante que los amantes, luego de hablar de los miles y cientos de besos que se darán, olviden la cuenta y sigan entregados al acto amoroso que los separa del mundo en una “sola noche sin fin”, sin tiempo, sin más espacio que el que ocupan ellos mismos.

@SaetasdeLuis