563. Hay que hacer un agujero

Poema #563

Hay que hacer un agujero

Cojo una pala y un rastrillo
y empiezo a cavar hacia abajo,
rompiendo primero las baldosas,
desmenuzando después el cemento
y la tierra que lo sostiene y todas
las piedras que encuentro las guardo
en los bolsillos por si
de repente vivo un desprendimiento
y hace falta hacer un muro y esperar
que la cosa se calme.

No quiero pensar
a dónde llegaré ni cuánto tardaré
ni si al final encontraré
a alguien cavando en sentido contrario.

Quién sabe si chocaré,
sin tener tiempo para prevenir la colisión,
contra la cabeza de alguien
llena de barro y escombros.

La verdad, pánico de chocar
contra mí,
de ser yo la pregunta y la respuesta.

Anna Gual

Poeta española. Nació en Barcelona en 1986. Estudia comunicación audiovisual.

Bajar por decisión, buscar una respuesta. El abismo, la caída, el descenso y la elección. Seguir el laberinto que lleva hacia el otro, hacia lo otro. Un día el principio o el final.

@LauraAlessR

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476. Extraña primavera

Poema #476.

Extraña primavera.

 

 

Profunda luz. Las doce. En duro suelo

me abriga el sueño aquella vieja roca.

Tres ángeles detienen, suave, el vuelo.

Extraños ríen con extraña boca.

 

Baña los campos la fundida nieve.

Premonitoria es esta primavera,

y de aquel abedul se adentra, leve,

en frío lago larga cabellera.

 

Veloz acerca el ala hermosa nube,

cintas azules en el cielo brillan…

Risueño en ellas mi mirar detuve.

Los ángeles piadosos se arrodillan.

 

De un pájaro encantado se levanta

muy claro y fuerte el trino de metal

y lúcido, yo escucho lo que canta:

¡Tu dicha no, tu muerte sí, mortal!

 

Georg Trakl.

Poeta nacido en Salzburgo, Austria, en 1887. Alternó durante toda su vida el trabajo como farmaceuta y la escritura, fundando el grupo literario Apollo con otros escritores. Su obra estuvo influenciada por escritores como Rimbaud, Novalis y Hölderlin. Durante la primera guerra mundial participó en la batalla de Grodek. Eso le produjo una crisis nerviosa que le conduciría al hospital psiquiatrico de Cracovia, donde se suicidó en 1914.

Asumir el tiempo que nos abriga, que nos pasa, que nos muestra nuestra mortalidad. Ver en el claro ciclo de las estaciones la espiral de nuestra existencia, eternos retornos, señales y vinculaciones con la naturaleza, con la vida, con todo. Figuras angelicales se detienen, se arrodillan, pasan, nos llaman la atención y nosotros se la llamamos, en este caso. ¿Qué nos dicen? ¿Que hay algo más allá? ¿Existe algo más allá del ciclo de la vida, que las estaciones nos muestran cada año con claridad? La naturaleza canta a la vida y a la muerte, canta el eterno retorno, la copia reinventada en cada ocasión.

@SaetasdeLuis

450. Cuestión de fe

Poema #450.

Cuestión de fe.

 

¿Cómo sería la luz de la madrugada

en que Abraham, el hombre de la cerrada fe,

subió al monte Moriah

llevando de la mano a su unigénito Isaac?

 

Tiene que haber sido una luz hondamente azul

como la de este amanecer: en aquel azul

Abraham imaginaba

la vibrante sangre de su hijo en el cuchillo.

 

La sangre vibra más en el azul.

Lo sé porque mi piel, de tan sola ahora,

segrega sangre en la palma de mi mano:

el primer milagro de mi día, o castigo,

por haber querido subir la cuesta de la montaña

con una muchacha (más hija que esposa).

 

Ella, al primer sol, huyó asustada,

me negó

su joven cuerpo para el sacrificio

y yo no pude demostrarle

mi fe neurótica a Dios.

 

José Watanabe.

Poeta y dramaturgo peruano. Nace en1946 y fallece en el año 2007. Es hijo de un inmigrante japonés y una campesina de la sierra peruana. Se trasladó a Lima a estudiar arquitectura, pero después de unos semestres la abandonó para dedicarse por completo a la literatura.

La luz de cada hora, el azul de cada cielo, el clima, los pájaros, todo influye en el día que vivimos, en las acciones que tomamos, en lo que somos. La historia de Watanabe comparte con gracia una cuestión de fe, una luz especial para obtener el joven cuerpo del amor, para sacrificar su dulzura. Y, sobre todo, una lamentación por lo que no se logró realizar, por ese ritual inconcluso.

@SaetasdeLuis

396. Dios, es de día, vengo

Poema #396.

Dios, es de día, vengo.

 

Dios no existe en lunes, desenvuelto sobre tierra

en tono tierno o abriendo los quejidos del veneno.

Dios oculto en su cuchillo y dejando una tinta siena

sobre el buey tirado en la sabana, comedor del cielo.

Dios que vino a bordo y púsose a oler pasionarias

y a escalar muros y a darle vueltas y más vueltas a la casa.

Dios mate, Dios que quiso besarte cuando dormías

y decirte eres flor, eres sigilo, carga, desamparo.

 

Dios a quien, si lo sorprendo, habrá de hincarse

y pedirme perdón y explicarme llagas de los mártires,

Dios que prosigue en el ser, pero que atonta.

Dios como un sombrero sobre el grito de todo el mundo.

 

Dios

y su alfiler,

 

Dios, es de día, vengo.

 

Jesús Sanoja Hernández.

Poeta venezolano, nació en Tumeremo en 1930 y falleció en Caracas en el año 2007. Se graduó de Letras en la Universidad Central de Venezuela y fue miembro y cofundador del grupo literario Tabla Redonda y las revistas Cantaclaro, Tabla Redonda y Cambio. Este texto pertenece a su único poemario, “La mágica enfermedad”, que fue difundido -aunque no ganó- durante el Premio José Rafael Pocaterra de 1968.

Dios no existe en lunes, ¿y en martes, miércoles o viernes? Dios está oculto, vino a bordo, prosigue pero nos atonta, dice el poeta. Dios como una abertura hecha por un alfiler hacia el infinito, ¿cómo es? ¿dónde está? Sin duda, tendrá que explicarnos algunas cosas, si llegamos a sorprenderlo por ahí.

@SaetasdeLuis

144. Terredad

Poema #144.

Terredad.

 

Estar aquí por años en la tierra,

con las nubes que lleguen, con los pájaros,

suspensos de horas frágiles.

A bordo, casi a la deriva,

más cerca de Saturno, más lejanos,

mientras el sol da vuelta y nos arrastra

y la sangre recorre su profundo universo

más sagrado que todos los astros.

 

Estar aquí en la tierra: no más lejos

que un árbol, no más inexplicables;

livianos en otoño, henchidos en verano,

con lo que somos o no somos, con la sombra,

la memoria, el deseo, hasta el fin

(si hay un fin) voz a voz,

casa por casa,

sea quien lleve la tierra, si la llevan,

o quien la espere, si la aguardan,

partiendo juntos cada vez el pan

en dos, en tres, en cuatro,

sin olvidar la parte de la hormiga

que siempre viaja de remotas estrellas

para estar a la hora en nuestra cena,

aunque las migas sean amargas.

 

Eugenio Montejo.

Hemos publicado varios posts sobre Eugenio Montejo. Fue redactor-fundador de las revistas Zona Tórrida y Poesía. Habló de la poesía como “la última religión que nos queda”, y dice en una entrevista que le hizo Miguel Szinetár que es un “substratum de lo que fue en algún tiempo lo sagrado en la tierra. Una especie de isla de salvación, de conexión con algo arcaico que hace que el hombre sea hombre y que ha desaparecido o tiende a desaparecer. Pero también la poesía se experimenta como maldición, como esclavitud de las palabras. Entre esos dos polos uno oscila.”

La terredad es un concepto y un tema que se siente profundamente arraigado en su obra, así como las imágenes de la Tierra (como planeta) y la tierra (como conexión inmediata, elemento), tanto así que llega a afirmar en otro poema que “a veces creo que soy un árbol”, y en un día para celebrar a la Tierra, para recordar sus bendiciones y su presencia, siempre sólida debajo de nosotros, es inevitable pensar en Eugenio Montejo. Estamos aquí, por años y a la deriva, “no más lejos que un árbol, no más inexplicables”, y nuestra presencia resulta igual de importante que la de la hormiga que viaja hasta nuestro encuentro, que las migas que reparte el universo, aunque sean amargas. Estamos en la Tierra, y eso es todo; estamos, somos.

@SaetasdeLuis

102. El regreso del gran poeta

Poema #102.

El regreso del gran poeta.

 

Cuando la luz cayó por un agujero en las nubes,

supimos que el gran poeta iba a llegar. Y lo hizo.

Una limusina con llantas blancas y vidrios ahumados

lo dejó. Y entonces, con una fluidez clara y muda

Él entró en la sala. Hubo un silencio. Sus alas eran grandes.

El corte de su traje, el ancho de la corbata, estaban fuera de moda.

Cuando habló, el aire parecía blanqueado por gritos imaginarios.

El gusano del deseo hurgaba en el corazón de todos los presentes.

Había lágrimas en sus ojos. El gran hombre estaba mejor que nunca.

“No hay que precipitarse”, dijo al terminar la lectura, “el fin

del mundo es sólo el fin del mundo tal como lo conocemos”.

Tan típico de él, pensaron todos. Luego se fue,

y el mundo fue un espacio en blanco. Hacía frío y el aire estaba en calma.

Díganme, ustedes allá afuera, de todos modos, ¿qué es la poesía? ¿puede alguien morir sin si quiera un poco?

 

Mark Strand.

Nació en Prince Edward Island, Canadá, aunque de nacionalidad estadounidense (1934). Es una de las voces esenciales de la poesía contemporánea en lengua inglesa. Ha escrito diez libros de poesía, varios volúmenes de narrativa, ensayo, monografías, crítica de arte y cuentos infantiles, así como ha realizado múltiples traducciones. Fue designado Poeta Laureado de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso en 1990  y, entre otros premios, recibió el Premio Pulitzer por su libro “Blizzard of one”, al que pertenece este poema.

¿Qué es la poesía? Si alguien de los que lee estas palabras lo sabe con certeza, dígamelo. Recuerdo la frase que Eugenio Montejo repetía con frecuencia: “la poesía es la última religión que nos queda”. En este poema de Strand, vemos al gran poeta como un dios que desciende a la Tierra desde un agujero en las nubes, con enormes alas y una atmósfera blanca y celestial. ¿Qué lectura podría concedernos un hacedor como éste? Todos experimentamos la poesía de alguna manera, y en la voz del poema que escuchamos resuenan otras voces, “gritos imaginarios” que nos conectan con otras imágenes y con nuestras vivencias. Esto es lo que permite que el poema sea, a la vez, universal e individual. “No hay que precipitarse, el fin del mundo es sólo el fin del mundo como lo conocemos”.

@SaetasdeLuis

86. En pie

Poema #86.

En pie.

 

Conozco de tristezas

Sé de puertas cerradas

Sé de la espalda expuesta al látigo y al odio

Sé de lejanos difuntos cubiertos

de ceniza (sonajeros solitarios

abandonados en cunas sin nadie)

Sé de incertidumbres y sobrecogimientos

 

Imperativos como la desgracia dejaron en mis bolsillos

sólo este

retrato macilento

y apenas en mi pecho polvo amargo del desamor

 

Conozco de tristezas

 

Sobre mi nuca cuatro siglos de pólvora y de dogma

hincaron los

pulgares ensangrentados del desprecio y la humillación

Por sentirme humano dejé extirpar en mí las costumbres

de mis antepasados

y la leche pisoteada de sus heridas

Así inicié mi aprendizaje occidental

 

pues

de tristezas

 

¿Pero hasta cuándo las tristezas?

 

¡Ya no más tristezas en la casa que habito

En el plato que tiendo

No más llaves siniestras ni disparos en la noche ni golpes

en la

puerta en lo alto del sueño

cuando ato al alma pliegues de este amanecer

ganado a porrazo y a mordisco!

 

Gustavo Pereira.

 

En el blog ya se pueden conseguir dos poemas de este poeta y ensayista venezolano nacido en Margarita (1940) y que ha escrito más de una treintna de libros. Doctorado en la Universidad de París y fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Ha obtenido numerosos premios, como el Nacional de Literatura (2000), el Ramos Sucre (1997) y el Víctor Valera Mora (2011).

Todos, inevitablemente, conocemos de tristezas. Hay muchas religiones que consideran que venir a la vida es venir a sufrir, y que la salida de la misma es el fin del sufrimiento. Las tristezas que nos definen son diferentes; las que más hondamente se clavan en nosotros, las que nos dificultan mantenernos en pie, no son iguales para todos. Puede que sepamos de lo que habla el poema, cuando menciona algunas de esas tristezas, de las que sabe y que, de distintas maneras, todos vivimos. Todos sabemos de tristezas, de tristezas propias y ajenas, también de tristezas sociales y arquetípicas.

Muchas tristezas son, inclusive, un “aprendizaje occidental”, el lugar del que provenimos define buena parte de nuestros sufrimientos, de nuestra historia, de quiénes somos. ¿Podemos trascenderlo? Yo considero que sí, pero esencialmente todas esas cosas están sobre nosotros. Sabemos, pues, de tristezas. La vida nos las enseña, nuestra cultura las transmite, y escribimos una y otra vez sobre ellas; “¿pero hasta cuándo las tristezas?”, ya no más, quisieramos decir, como enuncia el poema, “no más llaves siniestras ni disparos en la noche ni golpes en la puerta en lo alto del sueño”… ya no más, ya conocemos bien lo que es la tristeza.

@SaetasdeLuis