430. [En aquella región sin tiempo]

Poema #430.

 

En aquella región sin tiempo

el muchacho atravesaba los largos corredores

del viejo caserón.

Alzaba entre sus manos temblorosas

enormes garrafones

y copiosamente bebía a sorbos largos.

Se balanceaba a uno y otro lado

como buscando algunas imágenes perdidas

y caía al fin sobre su cama.

Las abejas de la fiebre y el delirio

zumbaban en sus sienes

y con sus aguijones invisibles lo azuzaban.

Los duendes le sacaban la lengua,

se secreteaban y se escondían

detrás de los armarios.

Los tinajeros de tres patas de madera

abandonaban los rincones

del destartalado comedor,

transponían los umbrales y en los patios

se entregaban a una danza cenital.

Entonces el muchacho cerraba los ojos,

se cubría el rostro con las manos

y se perdía en sus hemisferios cerebrales.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario venezolano. Nace en Boconó en 1930, y fue miembro de los grupos literarios Sardio y El techo de la ballena. En 1980 recibió el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a su libro “Los ritos secretos”, publicado en 1981.

Sabemos que el tiempo, como lo conocemos, no es más que una invención humana, una convención que ordena y organiza nuestras vidas. Necesitamos darle orden al caos de la existencia, civilizar de alguna manera nuestro mundo. Sin embargo, todas estas fronteras que nos creamos son quebrantables; frágiles, de hecho. Ciertos excesos, vicios, placeres y ritos nos sumergen en estas regiones sin tiempo, en esos lugares donde el caos es la ley, y allí nos perdemos, desorientados.

@SaetasdeLuis

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271. He entrado a región delgada…

Poema #271

He entrado a región delgada.

Todo lo que canta se reúne a mis pies como banderas que el tiempo inclina.

Aquí el mundo es una estación amanecida sobre corales.

Ésta es la morada donde se depositan los signos de las aguas, el légamo de los navíos,

los mendrugos cargados de relámpagos.

Éste es el huerto de las especias clamorosas, la temporada de arcilla que el océano erige.

Ésta es la fruta de un piélago muerto, la columna desesperada del hambre.

Ésta es la salobre campana de verdor que el fuego crucifica, la tierra donde una  tribu oscura

embalsama un clavel.

Ésta es la tinta trémula del día, la rosa al rojo vivo inscrita en los anales de la selva.

Rafael Cadenas

Poeta y ensayista venezolano, nació en Barquisimeto, en 1930. Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1985, formó parte del grupo “Tabla Redonda” y dio clases en la Escuela de Letras de la UCV. Su obra poética ha sido traducida a muchos idiomas. Este poema pertenece a su libro “Los cuadernos del destierro”.

La multiplicidad única de la imagen.  La selva y los corales, aguas y relámpagos, una “campana de verdor que el fuego crucifica”. ¿Dónde estamos? Esta región delgada habla del hambre, del cuerpo en la naturaleza. El tiempo inclinándose parece explicarlo, en el vacío se encuentra todo.

@LauraAlessR