462. Poema 7

Poema #462.

Poema 7.

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes

a tus ojos oceánicos.

 

Allí se estira y arde en la más alta hoguera

mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago.

 

Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes

que olean como el mar a la orilla de un faro.

 

Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,

de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.

 

Inclinado en las tardes echo mis tristes redes

a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.

 

Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas

que centellean como mi alma cuando te amo.

 

Galopa la noche en su yegua sombría

desparramando espigas azules sobre el campo.

 

Pablo Neruda.

Su nombre de nacimiento era Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto. Nació en 1904 en Chile y publicó los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” en 1924, con tan solo 20 años, siendo éste su segundo libro de una extensa obra de más de cuarenta poemarios. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y en 1971 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Murió en el año 1973. Participó activamente en el Partido Comunista.

Ojos oceánicos, una mirada de la que enamorarse y perderse más allá de redes y navíos. Galopa la noche y en su mirada oceánica está todo el encuentro y la intemperie. Desde la costa, hace señales a la mirada ausente, la busca y la invoca. Evoca ese mar en el cual sumergirse y entregarse.

@SaetasdeLuis

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404. Las hermosas

Poema #404.

Las hermosas.

 

Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,

turgentes, desafiantes, rápida la marea,

pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones

y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,

y echan su aroma duro verdemente.

 

Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas

ni arcángeles: muchachas del país, adivinas

del hombre, y algo más que el calor centelleante,

algo más, algo más que estas ramas flexibles

que saben lo que saben como sabe la tierra.

 

Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería

de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile

de las calles veloces. Hembras, hembras

en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos

para sacar apenas el beso de la espuma.

 

Gonzalo Rojas.

 

Nació y murió en Chile (1917-2011), aunque viajó como diplomático, profesor y poeta por varios países. Entre ellos, dio clases en la Universidad Simón Bolívar, de Caracas, en varias universidades chilenas y extranjeras. Fue diplomático en China y Cuba. Obtuvo importantes premios literarios como el Cervantes (2003) y el José Hernández (1998).

Ya nos ha hecho preguntarnos, en el blog, qué se ama cuando se ama, y hemos visto su relación con el silencio, y su pasión por la mujer. Las mujeres como un objeto de admiración inacabable, siempre floreciente, acercándonos y alejándonos de la fortuna. Las hermosas germinan como plantas silvestres en la calle, y nosotros arrojamos las redes de los cinco sentidos.

@SaetasdeLuis