243. Revelación

Poema #243

Revelación

Lo supe de repente:
hay otro.
Y desde entonces duermo solo a medias
y ya casi no como.

No es posible vivir
con ese rostro
que es el mío verdadero
y que aún no conozco.

Rosario Castellanos

Poeta, novelista y promotora cultural mexicana. Nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925. Estudió Filosofía y Letras. Dedicó una extensa parte de su obra y de sus energías a la defensa de los derechos de las mujeres, labor por la que es recordada como uno de los símbolos del feminismo latinoamericano. Falleció en Tel Aviv, el 7 de agosto de 1974. Publicada anteriormente en Trazos de la memoria.

Saberse. Personas que son un vasto océano, profundas, diversas e incontables. Su reflejo en el espejo no bastaría para describirlas. A veces esas personas se descubren, un día cualquiera, reconocen las posibilidades infinitas de su ser y temen. Recuerdo las fosas oceánicas, esos lugares misteriosos, donde posiblemente reposen incontables maravillas aún no descubiertas. El mundo, la naturaleza, tiene sus secretos. La naturaleza del hombre, su instinto, su cuerpo, su mente, guarda también lugares profundos.  Podríamos vivir siempre lejos de las fosas oceánicas, pero qué tan lejos se puede vivir de uno mismo.

@LauraAlessR

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214. Adolescencia

Poema #214.

Adolescencia.

 

En el fondo de mis sueños

siempre te encuentro cuando amanece.

Qué ensanchamiento en el exilio, por el vagabundaje de

claras fuentes azules.

En el fondo de mis sueños

la aurora fugitiva. Sólo la sombra

concluye mi única estrella, mi último día.

 

Juan Sánchez Peláez.

Nació en Altagracia de Orituco, estado Guárico, en 1922. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en el año 1975, y un doctorado honoris causa en la Universidad de Los Andes en el año 2001. Vivió durante un tiempo en Chile, donde se relacionó con el grupo de poetas surrealistas “La Mandrágora”. Su poesía señaló un camino nuevo en la poesía venezolana de la época. Este poema pertenece a su primer libro: Elena y los elementos (1951).

Desde la primera ocasión en la que leí este poema, hace un tiempo ya, me ha intrigado. Mueve algo en mí que siempre logra escabullirse de cualquier comprensión, pero que sigue ahí, picando e invitándome a ahondar más en ese fondo de los sueños. Leí tantas veces el poema buscando, en vano, una clave, que logré aprendérmelo de memoria, con lo difícil que eso resulta para mí. Los versos siguen fascinándome, pero no puedo decir qué significan, “así como no puedo explicar lo que sea un beso” (como dice Hanni Ossott). No puedo decir, siquiera, lo que generan en mí. Los dejo hablar por sí mismos, entonces.

@SaetasdeLuis

212. [El silencio que queda entre dos palabras]

Poema #212.

 

El silencio que queda entre dos palabras

no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae,

ni tampoco el que estampa la presencia del árbol

cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

 

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,

cada silencio tiene un registro y una profundidad.

El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro

y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.

 

Existe un alfabeto del silencio,

pero no nos han enseñado a deletrearlo.

Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,

tal vez más que el lector.

 

Roberto Juarroz.

Poeta, ensayista, traductor y crítico literario argentino. Nació en 1925 y falleció en el año 1995. Se graduó en Bibliotecología y Ciencias de la información por la Universidad Nacional de Buenos Aires, y se especializó en La Sorbona. La parte más importante de su obra está reunida en un volumen numerado bajo el título de Poesía vertical. Fue miembro de número de la Academia Argentina de las Letras y catedrático universitario por más de treinta años.

Cuando las palabras cumplen su propósito, generan un silencio más hondo que el que existía antes de ellas. Alcanzan su objetivo y no es necesario decir más. Las palabras abren, a mi parecer, un espacio en el silencio al que son arrojadas. Y como los esquimales, que pueden reconocer distintos tonos de blanco en la nieve, existe la posibilidad de que aquellos asiduos al silencio reconozcan más registros del mismo. No es el mismo silencio, como dice el poema, cuando está entre dos palabras, o cuando calla el viento, o cuando una cabeza cae. ¿Existirá, realmente, un alfabeto del silencio? Al menos estamos seguros de que, tarde o temprano, es lo que quedará.

@SaetasdeLuis