514. Única sabiduría

Poema #514.

Única sabiduría.

 

Lo único que sabemos

es lo que nos sorprende:

que todo pasa, como

si no hubiera pasado.

 

Silvina Ocampo.

Poeta argentina (Buenos Aires, 1903-1994). Desde pequeña mostró inclinación por la pintura y la poesía. Estuvo casada con Adolfo Bioy Casares, a quien conoció a través de Jorge Luis Borges, de quien fue gran amiga. Obtuvo numerosos premios en su país, entre los que destacan el Premio Nacional de Poesía, dos veces el Gran Premio Nacional de Literatura y la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

Tanto saber, y tanto aprender, para saber que ya sabemos en nosotros la única sabiduría necesaria, para sorprendernos de la sencillez de la vida, de que todo pasa y todo ha pasado, de que vivimos y algo en nosotros ya sabe lo que vivimos, de que en lo esencial está el mundo y todas sus posibilidades.

@SaetasdeLuis

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386. A largo plazo

Poema #386.

A largo plazo.

 

Valiente en la medida de su maldad,

la gota se arriesga

a perforar la montaña

en los próximos cien mil años.

 

José Emilio Pacheco.

Nació en Ciudad de México en el año 1939. Poeta, ensayista, traductor, novelista y cuentista, integrante de la “Generación de los años 50”. Coeditó las principales revistas culturales de los sesenta mexicanos, como “México en la Cultura”. Obtuvo, entre otros, los Premios Nacionales de Poesía y de Periodismo Literario de su país, así como el Premio Octavio Paz en el 2003 y el Cervantes en el 2009. Este poema pertenece a su libro publicado en 1996, “El silencio de la luna”.

¿Cuánto coraje se necesita para alcanzar una utopía, para realizar un imposible? Es una labor a largo plazo… Pero es posible que la gota perfore la montaña, que algo insignificante ocasione un gran impacto, que algo inesperado suceda.

@SaetasdeLuis

206. La flecha

Poema #206.

La flecha.

 

No importa que la flecha no alcance el blanco

Mejor así

No capturar ninguna presa

No hacerle daño a nadie

pues lo importante

es el vuelo          la trayectoria          el impulso

el tramo de aire recorrido en su ascenso

la oscuridad que desaloja al clavarse

vibrante

en la extensión de la nada

 

José Emilio Pacheco.

 

Poeta y ensayista nacido en Ciudad de México en 1939. Ha sido docente universitario e investigador, además de reconocido traductor. Desde muy joven se le ha reconocido en el panorama cultural de su país, gracias a su dominio de las formas clásicas y la universalidad de su poesía. A lo largo de su vida se le han entregado muchos galardones, como el Premio Nacional de Literatura de su país, el Premio Nacional de Periodismo de México, el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes.

Más que un objetivo fijo, un recorrido extenso, un buen impulso. ¿Qué le importa a la flecha? ¿Qué le importa a quien la arrojó? “No importa que la flecha no alcance el blanco”, mejor que abra las infinitas posibilidades de clavarse en el vacío, de hacer un recorrido distinto, de sorprender(se) sin hacerle daño a nadie, sin capturar nada, expandiéndose hasta la infinita extensión de la nada. “Hay que ponerle pruebas al infinito, para ver si resiste”, como nos dice Juarroz, dejar que las saetas alcen el vuelo.

@SaetasdeLuis

182. Máquinas de ahora

Poema #182.

Máquinas de ahora.

 

Va naciendo temor en el engranaje, el no de la pausa,

y perdiéndose la esperanza de vencer, el sí de la pelea,

tragaluz en el candado, herraje en las ciudades,

posibilidad trunca en cada cuarto.

 

En un hermoso abrazo el escogido felicita al héroe

y éste se conturba; porque le falta tiempo,

porque no puede visitar a su madre, porque junta sueldos

y vive en ínfima condición, filtrado por el miedo.

 

A punto de que lo consideren abatido, brinda y exalta

y va sentándose con el segundo, con el quinto,

y canta como si fuera día de fiesta y en su voz

no hay limadura, ni afrenta, ni violencia.

 

Adentro está la máquina. Exaspera. Y por más

que él se balancee a la derecha, algo lo inclina a la izquierda,

y la subsistencia se hace hiladiza

y el aceite se sobrepasa en lo profundo.

 

Allí está la fábrica sacando azules enlatados

y amores con tuercas y rígidos maniquíes de pasión.

Allí los mecanismos dando saltos salvajes

en frascos con tapas de lujuria, en paraísos

con serpientes de cien hojas.

 

Y el héroe no alcanza el cielo,

lo agarran manos, pinzas, hierros de amplia boca:

y así goza, no tanto a solas como fecundado

por multitudes que aman con piezas voladoras.

 

Jesús Sanoja Hernández.

Graduado en Letras en la Universidad Central de Venezuela, nació en Tumeremo en 1930 y falleció en Caracas en el año 2007. Fue miembro fundador del grupo literario “Tabla Redonda”, y cofundador de importantes revistas literarias venezolanas, como Cantaclaro, Tabla Redonda y Cambio. También fue columnista de varios periódicos, actividades que lo llevaron a recibir Premios importantes de periodismo. Este poema pertenece a su poemario “La mágica enfermedad”, una de las joyas poco conocidas de la poesía venezolana y único libro del poeta. Fue divulgado -pero no ganador- en el Premio José Rafael Pocaterra de 1968.

Surgen preguntas que se conectan con las palabras que va trazando el poema. Me pregunto: ¿podrá surgir un héroe de una estirpe de cobardes? ¿podrá surgir un cobarde de una estirpe de héroes? La historia estará, con seguridad, plena de ejemplos que avalen mis preguntas, pero qué dirá nuestro tiempo, nuestro ahora. ¿Qué somos hoy en día? ¿Máquinas u hombres? ¿Qué nos aviva, qué nos mueve? Quizás un montón de cosas nos mantienen en la vía cotidiana, nos abaten, nos extirpan la esperanza de vencer, la vida, la posibilidad de alcanzar el cielo… ese cielo que siempre se ha reflejado en nuestros ojos.

@SaetasdeLuis