371. Un pensamiento

Poema #371

Un pensamiento

Un pensamiento fijo
tu rostro modela
y tu vida concentra en torno a él
como la piedra
el agua, toda intacta, de la fuente.

Tu vida no es más que pensamiento
que lentamente se va haciendo fuerte

Tus ojos, deslumbrados ante la belleza,
presienten una forma no encontrada,
y tus manos revelan
algo del pensamiento.

Toda tú te vas haciendo de ti misma,
como la lluvia hace sobre el naranjo con el sol una tela
y como la noche con la sombra
una rosa en torno de la estrella.

Te adelgazas junto a tu pensamiento,
como en la fría plata del candelabro la llama inquieta,
con un afán perpetuo de esconderte a ti misma…

Pero en todo te revelas.

Fernando Paz Castillo

Poeta, crítico literario y diplomático venezolano. Nació en Caracas el 11 de abril de 1893. Cofundador de la revista “Cultura” y miembro fundador del Círculo de Bellas Artes. A partir de 1936 inició una larga carrera diplomática por numerosos países de Europa y América. El 28 de octubre de 1965 ingresó como Miembro de Número en la Academia Venezolana de la Lengua, y en 1967 recibe el Premio Nacional de Literatura. Algunas de sus obras más conocidas son: “La voz de los cuatros vientos”, “Reflexiones de atardecer”, “Signo”, “Entre pintores y escritores”, entre otras. Fallece el 30 de julio de 1981.

Un pensamiento. Trazos para un lienzo, esbozo de la memoria. Conjunción armónica de líneas que forman un encuentro.

@LauraAlessR

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250. Regreso al mar

Poema #250.

Regreso al mar.

 

Siempre es el mar donde mejor se quiere,

fue siempre el mar donde mejor te quise;

al amor, como al mar, no hay quien lo alise

ni al mar , como al amor, quien lo modere.

 

No hay quien como la mar familiarice

ni quien como la ola persevere,

ni el que más diga en lo que vive y muere

nos dice más de lo que el mar nos dice.

 

Vamos de nuevo al mar; quiero encontrarte

la hora más azul para besarte

y el lugar más allá para quererte,

 

donde el agua es al par agua y abismo,

en la alta mar, en donde el aire mismo

se da un aire al amor y otro a la muerte.

 

Andrés Eloy Blanco.

 

Este abogado, escritor, humorista y político venezolano nació un 6 de agosto como hoy, pero de 1896 en Cumaná, y falleció en México en el año 1955. Desde muy joven se dedicó a la actividad política con una postura crítica, y formó parte de la disidencia ante la dictadura de Juan Vicente Gómez, hecho que lo llevó a estar preso por un tiempo, y también a estar constantemente fuera del país.

Sin duda “siempre es el mar donde mejor se quiere”, lo sabemos bien, por eso siempre volvemos y siempre queremos volver, como nos dice este soneto. Es que hay tanto en el océano que se extiende hasta más allá del horizonte que es indudable que nos apasionemos ante eso; que es una fuerza imposible de moderar, alisar o controlar, que se desborda y nos desborda. Sumergirnos en la mar es hacerlo también en nosotros mismos, en algo que nos conecta al mundo, un lugar sin duda para amar. El amar y la mar algo se parecen.

Un fragmento de “El viejo y el mar” de Hemingway, dice la siguiente genialidad: “Decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer. Algunos de los pescadores más jóvenes, los que usaban boyas y flotadores para sus sedales y tenían botes de motor comprados cuando los hígados de tiburón se cotizaban alto, empleaban el artículo masculino, lo llamaban el mar. Hablaban del mar como de un contendiente o un lugar, o incluso un enemigo, pero el viejo lo concebía siempre como perteneciente al género femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía evitarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer.”

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

Mar cerca de Le Havre – Claude Monet

131. Primavera (fragmento)

Poema #131

Primavera (fragmento)


El halo de la luna, –
¿No es el aroma del ciruelo
elevándose al cielo?

___

La primera helada del año;
mirando a la grulla enferma
a lo lejos.

___

Sobre la campana del templo
duerme
la mariposa.

Yosa Buson 

Poeta y pintor japonés. Su auténtico nombre fue  Taniguchi Buson, nació en Osaka en 1716. Uno de los grandes maestros del Haikú en el siglo XVIII. Huérfano desde pequeño, fue recorriendo varios lugares de Japón aprendiendo sobre pintura y poesía. A la edad de 45 años contrae matrimonio y tiene una hija.  Dictaba clases sobre lírica japonesa. Falleció a los 68 años de edad.

Retratar en pequeñas frases el correr del tiempo. Detenerse ante un cuadro que con finos y delicados trazos resalta la belleza de la naturaleza. Un cuadro, una imagen que danza al ritmo del poema. Allí donde la continuidad de la vida se evoca en la luna, la grulla y la mariposa.

@LauraAlessR

72. La casa del viento

Poema #72.

La casa del viento.

La casa de mi madre

aún no tiene nombre.

¿Cómo aprenderé a rezar?

¿A quién le ofrezco el dolor de cabeza?

Canto descalza,

repito secretos a los santos,

enciendo velas expuestas al amanecer,

atravieso la humedad de la vigilia,

el olor del milagro.

Coloco una taza de café sobre la mesa.

Observo

cómo la luz de su rostro

mueve las sábanas,

alivia mi cuerpo.

Erika Reginato.

Caracas, Venezuela, 1977. Es poeta, ensayista y traductora. Graduada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado un libro de ensayos llamado “Cuatro estacionees para Ungaretti” (2004) y varios poemarios.

El poema me gusta especialmente porque me hace pensar en un cuadro impresionista. “La madre del pintor”, de Toulouse Lautre, pintado en 1882, mantiene una incertidumbre similar a la que genera el poema. Uno está en la casa de la madre del artista, ese lugar que debería ser nítido y seguro, pero que en ambas representaciones se difumina, conlleva dudas. Las luces, la vigilia, el amanecer, todas estas señales parecen indicar a un momento neutro del día en el que la madre detiene sus faenas para disfrutar de una pequeña calma.

Pintura impresionista de 1882
La madre detiene su vigilia, sus faenas, para dedicarse a su taza de café.

 La figura de la madre resulta iluminadora, sanadora: “la luz de su rostro mueve las sábanas, alivia mi cuerpo”. La blancura en la pintura de Lautrec, el brillo en su rostro resaltan una pureza similar, ante la madre que podría haber pasado una noche de vigilia cuidándonos un dolor de cabeza o un malestar, y que descansa finalmente en la calma del amanecer para acercarse a esa taza de café que reposa en la mesa y en la que concentra toda su atención en el momento de la pintura; el artista (la escritora o el pintor) la observan con admiración y agradecimiento, en la casa del viento que cobra cuerpo en la figura materna.

@SaetasdeLuis