466. Lo nuestro

Poema #466.

Lo nuestro.

 

Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa

con el temblor del mundo,

el tiempo, no tu cuerpo.

Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando,

se despertó contigo una mañana

cuando quiso la tierra.

 

Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;

la luz llenándote los ojos, no los ojos;

acaso un árbol, un pájaro que mires,

lo demás es ajeno.

Cuanto la tierra presta aquí se queda,

es de la tierra.

 

Sólo trajimos el tiempo de estar vivos

entre el relámpago y el viento;

el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,

el hoy, el grito delante del milagro;

la llama que arde con la vela, no la vela,

la nada de donde todo se suspende,

-eso es lo nuestro.

 

Eugenio Montejo.

Poeta y ensayista venezolano (1938-2008), profesor universitario, diplomático, gerente literario de la Editorial MonteÁvila. En el año 2004 recibió el Premio Nacional de Literatura. Desarrolló varios heterónimos entre los que destacan Blas Coll y Eduardo Polo. Este poema pertenece a su poemario “Adiós al siglo XX”, cuya primera edición fue publicada en Lisboa en 1992, seguida de una edición en Sevilla cinco años después, y una en Bogotá en el año 2000.

¿Qué es nuestro de la vida que transcurre? ¿Podemos decir, siquiera, que el tiempo que se nos escurre entre las manos segundo a segundo nos pertenece? Quizás la memoria, mientras la tenemos, quizás la imaginación, las ideas, las palabras… cicatrices marcadas en la piel que no es nuestra, ¿qué es lo nuestro, si el tiempo también se nos escapa?

@SaetasdeLuis

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389. Vives piel adentro…

Poema #389

Vives piel adentro.
Ignoras
que ser
significa: alcanzable.

Rafael Cadenas

Poeta y ensayista venezolano, nace en Barquisimeto, en 1930. Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1985. Ha traducido a grandes poetas como: Lawrence, Nijinski, Whitman, Cavafy, entre otros. Entre sus obras se pueden nombrar: “Los cuadernos del destierro” (1960), “Falsas maniobras” (1966), “Intemperie” (1977), “Amante” (1983), “Dichos” (1992), “Gestiones” (1992), entre otros.

Ser sustancia domada. Ser sustancia lograda, ya sin miedo. Permitir(se) el roce, el peligro, el dolor. Permitir(se) la caricia, el abrazo, el recuerdo. Viviendo los riesgos constantes de ser tocado: alcanzado.

@LauraAlessR

297. Esta noche a mis manos…

Poema #297

Esta noche a mis manos

sólo las salvará

hundirse en tu cuerpo

asirlo

sentir en el fondo la carne

la vastedad agobiante de lo vivo.

 .

Los aromas   fugaces

.              .desaparecen en el aire

no muevo el menor objeto

no sea que tu respiración

camine lenta por el cuarto

y la pueda espantar.

.

Esto de lo humano asedia

qué cuerpo

cuál sustancia fragmentada

en mi pequeñez intento asir.

 .

Con qué llenar

lo que carece

de fondo

cómo vaciar

esto de lo ausente

caer sin brazos

y sin ojos

sin pies para destrozarse.

Maylen Sosa

Poeta venezolana. Nació en Maracaibo en 1973. Trabajó como facilitadora en talleres de literatura infantil. Publicó varios ensayos sobre Lezama Lima y tiene una obra poética denominada “Deseos como serpientes”. Actualmente se desempeña como profesora universitaria en Coro, estado Falcón.

Cómo asir la ausencia. Lo perdido gracias al recuerdo se hace presencia viva. Luego va desapareciendo poco a poco, aunque así no se quisiera.  El misterio está en soltar y atar, tejer y destejer como bien lo sabía Penélope. Hay cosas que solo pueden asirse al soltarse.

@LauraAlessR

286. Escayola

Poema #286

Escayola

¡Nunca me liberaré de esto! Ahora soy dos personas:
ésta, completamente blanca, y la antigua, amarilla.
Y la blanca es, sin duda, la más importante.
No necesita alimentos, es, ciertamente, uno de los santos.
Al principio la odiaba, carecía de lógica propia.
Se pasaba los días en la cama conmigo, igual que un cadáver,
y yo me asustaba, pues su forma era idéntica a la mía,

aunque mucho más blanca, e irrompible, y jamás se quejaba.
Era tan fría que me tuvo despierta una semana.
Yo le echaba la culpa de todo, pero ella jamás respondía.
¡Qué ridícula conducta, yo no la entendía! Pero ella
guardaba silencio. Le pegaba, pero no se movía,
pacifista sincera, y entonces entendí  que deseaba mi amor:
comenzó a ser más cálida, y vi entonces sus muchas virtudes.

Sin mí no existiría, por eso se mostraba agradecida.
Yo le daba alma, florecía de ella cual rosa
florece de un jarrón de porcelana barata,
era yo quien brillaba, no ella con su pulcra blancura,
como había pensado al principio. Yo entonces
la protegía un poco y ella estaba encantada, era claro
que su mente de esclava la regía.

Yo aceptaba su culto y a ella le encantaba.
Matinal, me despertaba el reflejo del sol. En su torso
sorprendentemente albo lucía su pulcra
nitidez, y su calma y su dura paciencia:
mimaba mis debilidades como experta enfermera,
poniendo mis huesos en su sitio, para que se curasen.
Y, así, nuestro vínculo se volvió más firme.

Fue dejando su forma, empezó a separárseme.
Yo notaba sus críticas a pesar de mí misma,
como si mis costumbres la ofendiesen de alguna manera.
Dejaba pasar las corrientes volviéndose distraída y lejana.
Y la piel me escocía y se me iba pedazo a pedazo
sólo porque ella me cuidaba con tanto desvío.
Vi por fin el misterio: se creía inmortal.

Quería dejarme, se pensaba superior a mí en todo.
¡Y yo que la había guardado en la oscuridad, apilando rencores,
malgastando sus días al servicio de un semicadáver!
En secreto empezó a desearme la muerte. Y entonces
podría cubrirme la boca y los ojos, del todo cubrirme,
y llevar mi rostro pintado como funda de momia
con la faz faraónica, aunque fuera de barro y de agua.

Y yo no podía arrojarla de mí, me había apoyado
tanto tiempo que me he estado volviendo inmóvil,
habiendo olvidado la manera de andar o sentarme,
por eso cuidaba yo mucho de nunca ofenderla
o jactarme imprudente de mi cierta venganza.
Esta convivencia era igual que vivir con mi tumba:
yo dependía de ella, aunque muy contra mi voluntad.

Solía pensar que podríamos vivir muy bien juntas,
era una especie de matrimonio, estando tan cerca.
Pero ahora comprendo que éramos incompatibles, que ella
puede ser santa y yo fea e hirsuta, mas tarde o temprano
tales diferencias caerían inanes, pues yo recobró mi fuerza
y un día podré vivir sin su apoyo. Entonces ella
perecerá en el vacío y comenzará a extrañarme.

Sylvia Plath

Poeta y ensayista norteamericana. Nació en  Boston el 27 de octubre de 1932. Escribió sus primeros poemas a los ocho años de edad.  Sometida a un intenso tratamiento psiquiátrico, se gradúo en Smith College. Se casó con el poeta inglés Ted Hughes en 1956. Sylvia Plath es inscrita dentro de la poesía confesional. Fue la primera poeta en recibir post-mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra. Se suicida en Londres el 11 de febrero de 1963.

¿Quién es ella? La que habita en ti, la que duerme contigo, esa que te cura. Hay una sombra blanca que vive en ti. Puede ser, que “lo otro” se manifieste tan fuertemente que toma cuerpo, vida y alma. Que toma todo lo que te pertenece. Hay vacíos tan insondables, rutas que no tienen regreso. Luces que se confunden y desaparece la línea que salva. Pero sobrevive una voz, unas imágenes que hablan de lo inasible desde el más hondo abismo. Existe otra y existe la lucha, qué tan profundo, qué tan alto.

@LauraAlessR

211. Pequeñas lecciones de erotismo

Poema #211

Pequeñas lecciones de erotismo

 .

I
Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
es dar la vuelta al mundo
Atravesar sin brújula la rosa de los vientos
islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
no es tarea fácil  -si placentera-
No creas hacerlo en un día o noche
de sábanas explayadas.
Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas

 .

II
El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado.
Encuentras un astro y quizá deberás empezar
a corregir el rumbo cuando nube huracán
o aullido profundo
te pongan estremecimientos.
Cuenco de la mano que no sospechaste

 .

III
Repasa muchas veces una extensión
Encuentra el lago de los nenúfares
Acaricia con tu ancla el centro del lirio
Sumérgete ahógate distiéndete
No te niegues el olor la sal el azúcar
Los vientos profundos
cúmulos nimbus de los pulmones
niebla en el cerebro
temblor de las piernas
maremoto adormecido de los besos

 .

IV
Instálate en el humus sin miedo
al desgaste sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído
revuélvele la espesa cabellera
con la espada de fuego usurpada
Muerde la manzana

 .

V
Huele
Duele
Intercambia miradas saliva impregnante
Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
Pie hallazgo al final de la pierna
Persíguelo busca secreto del paso forma del talón
Arco del andar bahías formando arqueado caminar
Gústalos

.

VI
Escucha caracola del oído
como gime la humedad
Lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
Poros que se alzan formando diminutas montañas
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
Suave puente nuca desciende al mar pecho
Marea del corazón susúrrale
Encuentra la gruta del agua

 .

VII
Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
Navega loco en la juntura de los océanos
Cruza las algas ármate de corales ulula gime
Emerge con la rama de olivo
Llora socavando ternuras ocultas
Desnuda miradas de asombro
Despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
Arquea las cejas abre ventanas de la nariz

 .

VIII
Aspira suspira
Muérete un poco
Dulce lentamente muérete
Agoniza contra la pupila extiende el goce
Dobla el mástil hincha las velas
Navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
-el mar como un vasto cristal azogado-
Duérmete náufrago.

 

Gioconda Belli.

Poeta y novelista nicaragüense nacida en Managua en 1948. Junto a Ernesto Cardenal y Claribel Alegría inició la renovación de la poesía en su país. Un marcado acento erótico impregna buena parte de su obra; así como un tono fuertemente político, puesto que se opuso abiertamente a la dictadura del general Somoza. Durante años fue refugiada política, y militó en el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Sobre el cuerpo y su lenguaje. En el naufragio de dos cuerpos en uno, en el encuentro (desencuentro), permítase el despertar de los sentidos. Piel, miradas, gemidos, sabores se disponen para el baile de los cuerpos.  Detenerse en cada momento y dejar que el cuerpo hable por sí mismo.  Así, se conoce la libertad, cuando se es por instantes cuerpo. Después de entregarlo todo al ardiente deseo de las olas, “sin otro paraíso ni otro infierno que el fugaz epitafio de la espuma y la carne que muere en otra carne…” se duerme náufrago.

@LauraAlessR

209. Neblina

Poema #209

Neblina

Un talón

toca  la punta de un pie

y sucesivamente

se avanza desde adentro

.

por la humareda

de una caldera del cielo.

.

El espesor satura la vista,

colma de blancura la retina

y hace que las manos vayan adelante.

.

Se anda al tanteo

entre cercados y ramajes

que el hábito desconoce,

.

nada es seguro de que esté ahí

.

(donde las cuentecillas de agua

parecen de argamasa).

.

No hay catalejos,

la mirada sin asombro se devana:

.

ver

es como tocar telarañas,

.

mirar es la piel de lo invisible.

Pausides González

Poeta venezolano nacido en Caracas en 1962. Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes. Su primer poemario “Cada despido del tiempo” fue publicado en Mérida en 1994. Obtuvo el Premio Fernando Paz Castillo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, mención Estudios Literarios, por su libro “La música popular del Caribe hispano en su literatura”. Este poema pertenece a su poemario “Libro del aire” publicado en 2007. Dos poemas anteriormente publicados aquí.

A tientas. Combinación de sentidos. Una blancura que ciega y unas manos que van adelante. El mundo empieza a texturizarse, la incertidumbre despierta formas que el hábito hace pasar inadvertidas. Se avanza entonces, desde adentro. Y allí, en medio de la neblina con la mirada ligera y las manos expuestas,  se puede tocar la piel de lo invisible.

LauraAlessR

189. El cuerpo y su doble

Poema #189

El cuerpo y su doble

Hay cuerpos que sólo se encuentran

en otro cuerpo. Están hechos

como las estrellas y el cielo. No

caben en una bóveda extraña.

No importan dónde se encuentren.

Son palmeras aisladas aspirando

su propia arena en el horizonte.

No se trata de sombras. No están

ni tan abajo ni tan lejos. Son

presencias reales, escrituras de piel

y dedos, cabellos y piernas.

Si coinciden un día,

en alguna ciudad lejana,

si son dejados solos,

en un espacio adecuado,

se aproximan,

se atraen, y al poco tiempo,

al otro lado del espejo,

se juntan, se hacen uno

y desaparecen.

Alejandro Oliveros

Escritor venezolano.  Nació en 1948, fundador de la revista “Poesía” y director de “Zona Tórrida. Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo”. Enseña en la Escuela de Artes Plásticas “Arturo Michelena” y en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado extensamente en revistas nacionales e internacionales. Este poema pertenece a su libro “Poemas del cuerpo y otros”. Anteriormente publicados dos poemas de este libro en Trazos de la memoria.

Eso que nos contiene. El cuerpo y su lenguaje, sus decisiones. Un cuerpo que se ajusta a la medida de otro, una palmera que vigila el horizonte. Los cuerpos hablan entre sí, se entienden y armonizan como solo ellos saben. Dos cuerpos que pueden comunicarse en el encuentro. Cuerpos que esperan un momento, la coincidencia de un día, el acuerdo que les permita el espacio y el tiempo. Cuerpos que se aguardan, cuerpos que “no caben en una bóveda extraña”.  Ellos “se juntan, se hacen uno y desaparecen”. Ellos saben leerse entre sí las escrituras de piel.

@LauraAlessR