558. R.I.P.

Poema #558.

R.I.P.

 

Ese amor murió

sucumbió

está muerto

aniquilado          fenecido

finiquitado

occiso                  perecido

obliterado

muerto

sepultado

entonces,

¿porqué late todavía?

 

Cristina Peri Rossi.

Poeta uruguaya. Nació en Montevideo el 12 de noviembre de 1941. Además de poeta es narradora, traductora y ensayista. Estudió literatura comparada. Ha efectuado traducciones, principalmente de Clarice Lispector. Ha publicado varios libros, entre ellos: “Evohé” 1971, “Diáspora” 1976, “Lingüística general” 1979 y “Babel bárbara” 1991. Este poema pertenece a “Inmovilidad de los barcos”, de 1997.

En ocasiones, sabemos, la ceniza cobra vida gracias al viento. Vuela y se eleva, nos engaña, revive, se enciende de nuevo. ¿Vive todavía, renace, se extingue? ¿Cómo saber qué nos dicen las llamas y sus latidos?

@SaetasdeLuis

Anuncios

194. Extravío de aureola

Poema #194.

Extravío de aureola.

 

-Pero, ¿cómo? ¿Tú por aquí, querido? ¡Tú en un lugar de perdición! ¡Tú, el bebedor de quintaesencias! ¡Tú, el comedor de ambrosía! En verdad, tengo de qué sorprenderme.

-Querido, ya conoces mi terror de caballos y de coches. Hace un momento, mientras cruzaba el bulevar, a toda prisa, dando zancadas por el barro, a través de ese caos movedizo en que la muerte llega a galope por todas partes a la vez, la aureola, en un movimiento brusco, se me escurrió de la cabeza al fango del macadán. No he tenido valor para recogerla. He creído menos desagradable perder mis insignias que romperme los huesos. Y además, me he dicho, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo pasearme de incógnito, llevar a cabo acciones bajas y entregarme a la crápula como los simples mortales. ¡Y aquí me tienes, semejante a ti en todo, como me estás viendo!

-Por lo menos deberías poner un anuncio de la aureola, o reclamarla en la comisaría.

-No, a fe mía. Me encuentro bien aquí. Sólo tú me has reconocido. Por otra parte, la dignidad me aburre. Luego, estoy pensando con alegría que algún mal poeta la recogerá y se la pondrá en la cabeza impúdicamente. ¡Qué gozo hacer a un hombre feliz! ¡Y, sobre todo, feliz al que me dé risa! ¡Piensa en X o en Z! ¡Vaya! ¡Sí que va a ser gracioso!

 

Charles Baudelaire.

Poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época, quien rompió con las formas poéticas clásicas y se adelantó a su tiempo, compartiendo opiniones sobre la modernidad, el arte, la cultura y la poesía. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París, libro del que ya hay dos poemas más en Trazos de la memoria.

El poeta que pierde la aureola, que pierde ese halo de misticismo y dignidad que cubría a los poetas clásicos y consagrados, un poeta que se adscribe a un nuevo tiempo en el que es parte de los “simples mortales” y puede pasear de incógnito, entregándose a todo tipo de placeres mundanos. El poema expresa el zeitgeist, el espíritu de su tiempo, en el que la aureola de los poetas cae y pierde importancia, y ellos comienzan a hablar de cuestiones más cercanas a la cotidianidad, a lo que sienten y viven los hombres en todos los lugares, en cualquier momento. Pero siempre habrá alguien que recoja esa aureola del barro y se la quiera colocar, sin obtener un buen resultado, pues ni siquiera le pertenece, y no le encaja sino para dar risa. El poeta anda por el mundo sin aureola, es parte de la vida cotidiana.

@SaetasdeLuis

91. Causa perdida

Poema #91

Causa perdida

Coloqué un vaso de agua en el asfalto.

Metí un cabello de mujer entre las hojas del periódico de hoy.

Traje un ciempiés a caminar sobre el archivo.

Escribí la letra i sobre un papel timbrado.

Le puse a ayer el nombre de mi amiga en vez de jueves.

Dejé un durazno sobre el radiador de un automóvil.

Rompí el espejo para ver el sol multiplicarse.

Jugué con un grano de arroz en la oficina.

Regalé una cucharita a mi vecino.

Y no dio resultado el saboteo.

Armando Rojas Guardia

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en el año 1949. Publicados anteriormente aquí: “¿Y si fuera verdad..?” y “La noche del deseo”. Estudió en la Universidad Católica Andrés Bello, obteniendo el título de Licenciado en filosofía. Entre sus poemarios se encuentran: “Del mismo amor ardiendo” (1979), “Yo que supe de la vieja herida” (1985), “Hacia la noche viva” (1989),  “El esplendor y la espera” (2000), entre otros.

Hay noches en el que el sinsabor de esta cauda perdida se acuesta conmigo. Pero, me pregunto, qué es el poeta, el artista, si no ese encargado de  hacer ver, sonar o sentir esos detalles.  El encargado de hacer esa relación extraña entre objetos para jugar con el tiempo o con la cotidianidad. Ese sujeto que puede unir al ciempiés con el archivo y al durazno con el radiador, con la esperanza de que algo suceda. Y aunque a veces la causa parece estar perdida, él lo sigue intentando.

@LauraAlessR

89. III

Poema #89

III

Eres

espléndida pérdida

por donde el tiempo fluye

o

se detiene

a mi antojo.

Elena Vera

Poeta y ensayista venezolana. Nació en Caracas en 1939. Obtuvo varios reconocimientos entre los cuales se pueden nombrar: Alfonsina Storni (1983), Premio Municipal de Literatura  (1986) y  Premio José Antonio Ramos Sucre (1980). Fallece en 1996. Publicado anteriormente su poema “VIII”.

La sencillez del poema, estos breves versos que evocan la pérdida. Me agrada su ritmo, es como si uno pudiera sentarse al final de cada palabra.

Este poema pertenece al poemario “De amantes”, de allí que esa “espléndida pérdida” sea entrega  al amante, al compañero.  Ese instante en que mientras se pierde paulatinamente el control de las cosas aún queda “mi antojo”.  Lo que doy, te lo doy al ritmo de mi deseo. Es simple, como cualquier ridícula carta de amor que termine diciendo: “persiste este antojo de seguir perdiendo contigo.”

@LauraAlessR