581. Las sendas de Oku

Poema #581

Las sendas de Oku

Ah, este camino
que nadie recorre,
excepto el crepúsculo.

Matsuo Bashō

Poeta japonés. Nacido en Ueno, 1644. El poeta más famoso del período Edo de Japón. Es considerado uno de los cuatro grandes maestros del haiku junto a Yosa Buson, Issa Kobayashi y Masaoka Shiki. Bashō cultivó y consolidó el haiku con un estilo sencillo y con un componente espiritual. Su poesía ha conseguido renombre internacional, y en Japón muchos de sus poemas se reproducen en monumentos y lugares tradicionales.. Fallecido en Osaka, 1694.Ya publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

Variedad de caminos esperando afuera. Rutas hermosas, nunca conocidas y la inmensidad. A lo lejos se desvanece la luz o renace, la grandeza siempre enceguece. Los caminos que  no he recorrido me hacen ese nadie en el poema. El trazar caminos nunca termina.

@LauraAlessR

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430. [En aquella región sin tiempo]

Poema #430.

 

En aquella región sin tiempo

el muchacho atravesaba los largos corredores

del viejo caserón.

Alzaba entre sus manos temblorosas

enormes garrafones

y copiosamente bebía a sorbos largos.

Se balanceaba a uno y otro lado

como buscando algunas imágenes perdidas

y caía al fin sobre su cama.

Las abejas de la fiebre y el delirio

zumbaban en sus sienes

y con sus aguijones invisibles lo azuzaban.

Los duendes le sacaban la lengua,

se secreteaban y se escondían

detrás de los armarios.

Los tinajeros de tres patas de madera

abandonaban los rincones

del destartalado comedor,

transponían los umbrales y en los patios

se entregaban a una danza cenital.

Entonces el muchacho cerraba los ojos,

se cubría el rostro con las manos

y se perdía en sus hemisferios cerebrales.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario venezolano. Nace en Boconó en 1930, y fue miembro de los grupos literarios Sardio y El techo de la ballena. En 1980 recibió el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a su libro “Los ritos secretos”, publicado en 1981.

Sabemos que el tiempo, como lo conocemos, no es más que una invención humana, una convención que ordena y organiza nuestras vidas. Necesitamos darle orden al caos de la existencia, civilizar de alguna manera nuestro mundo. Sin embargo, todas estas fronteras que nos creamos son quebrantables; frágiles, de hecho. Ciertos excesos, vicios, placeres y ritos nos sumergen en estas regiones sin tiempo, en esos lugares donde el caos es la ley, y allí nos perdemos, desorientados.

@SaetasdeLuis

388. Adiós al siglo XX

Poema #388.

Adiós al siglo XX.

A Alvaro Mutis

 

Cruzo la calle Marx, la calle Freud;

ando por una orilla de este siglo,

despacio, insomne, caviloso,

espía ad honorem de algún reino gótico,

recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros

tatuados de rumor infinito.

La línea de Mondrian frente a mis ojos

va cortando la noche en sombras rectas

ahora que ya no cabe más soledad

en las paredes de vidrio.

Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;

miro el instante donde muere un milenio

y otro despunta su terrestre dominio.

Mi siglo vertical y lleno de teorías…

Mi siglo con sus guerras, sus posguerras

y su tambor de Hitler allá lejos,

entre sangre y abismo.

Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios

por un trago, por un poco de jazz,

contemplando los dioses que duermen disueltos

en el serrín de los bares,

mientras descifro sus nombres al paso

y sigo mi camino.

 

Eugenio Montejo.

Poeta y ensayista venezolano (1938-2008), profesor universitario, diplomático, gerente literario de la Editorial MonteÁvila. En el año 2004 recibió el Premio Nacional de Literatura. Desarrolló varios heterónimos entre los que destacan Blas Coll y Eduardo Polo. La primera edición del poemario del mismo nombre, “Adiós al siglo XX”, fue publicada en Lisboa en 1992, seguida de una edición en Sevilla cinco años después, y una en Bogotá en el año 2000.

Ya van doce años desde que despedimos al siglo XX, y unos cuantos más desde que Eugenio Montejo escribió estas palabras, pero aún así es lenta la transición a un nuevo siglo, y es poco a poco cómo se van develando los rasgos característicos de una nueva etapa. Proseguimos entre las piedras que nos hablan del siglo que dejamos atrás, de todo lo que trajo consigo y su historia, y seguimos nuestro camino, abriendo paso a un futuro incierto que va construyendo nuevas historias.

@SaetasdeLuis

318. Market place

Poema #318.

Market Place.

 

Cirios inmensos para siempre encendidos,

surtidores de piedra, torres de esta ciudad

en la que, para siempre, estoy de paso

como la muerte misma: poeta y extranjero;

maravilloso barco de piedra en que atalayan

los reyes y las gárgolas mi oscura inexistencia.

Los viejos tejedores de Europa todos juntos

beben, cantan y bailan sólo para sí mismos.

La noche, únicamente, no cambia de lugar,

en el barco lo saben los vigías nocturnos

de rostros mutilados. Ni aun la piedra escapa

—igual en todas partes— al paso de la noche.

 

Enrique Lihn.

Poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, crítico literario, ilustrador y locutor nacido en Chile en el año 1929. Falleció en 1988 y aunque publicó más de 36 libros a lo largo de su vida, nunca fue leído masivamente en su país natal. Vivió un tiempo en París, Cuba y Estados Unidos, y recibió premios como el “Casa de las Americas” de Cuba en 1966.

Sentirse siempre de paso, siempre extranjero. Estoy de paso, sí, ¿quién no lo está? y antiguas piedras y lugares ancestrales insisten en recordar lo efímero de nuestra (in)existencia. La noche nos hace sentir a algunos, al caminarla, como al flâneur -que siente todo lugar que recorre como propio, siempre cómodo. Siempre de paso, siempre poeta y extranjero, inexistente, oscuro, parte de la noche, que se siente como estar en casa, igual en todas partes.

@SaetasdeLuis