542. Escritos en la piedra

Poema #542.

Escritos en la piedra.

 

En el valle que rodean montañas de la infancia

encontramos escritos en la piedra,

serpientes cinceladas, astros,

en un verano de negras termiteras.

En el silencio del tiempo vuelan los gavilanes,

cantan cigarras de tristeza

como en una apartada tarde de domingo.

Con el verano se desnudan los árboles,

se seca la tierra con sus calabazas.

Pero volverán las lluvias

y de nuevo nacerán las hojas

y los pequeños grillos de las praderas

bajo el soplo de una misteriosa nostalgia del mundo.

 

Y así para siempre

en torno a estos escritos en la piedra,

que recuerdan una raza antigua

y tal vez hablan de Dios.

 

Vicente Gerbasi.

Escritor, poeta y diplomático venezolano, nacido en Canoabo, Carabobo, en 1913 y fallecido en Caracas en 1992. Especialmente conocido por su extenso poema “Mi padre, el inmigrante” (1945). Publicó una considerable cantidad de poemarios durante su vida, siempre buscando “descifrar los misterios de su tierra” como dice Francisco Pérez Perdomo. Fue miembro del Grupo Viernes.

El paisaje hecho palabra, escrito que se preserva en el tiempo y nos recuerda las otras épocas de una raza que parece repetirse en círculos, ¿de qué hablan los escritos en la piedra, las montañas, el paisaje? Un paraiso que no queremos dejar perder, un valle que preservamos en la memoria, cargado de nostalgia.

@SaetasdeLuis

497. Las piedras

Poema #497

Las piedras

Oigo caer las piedras que arrojamos,
transparentes como cristal a través de los años. En el valle
vuela la confusión de los actos
del instante, vociferantes, de copa
en copa de los árboles, se callan
en un aire más tenue que el presente, se deslizan
como golondrinas desde una cima
a otra de las montañas, hasta
alcanzar las mesetas ulteriores,
junto a las fronteras del ser. Allí caen
todas nuestras acciones
claras como el cristal
no hacia otro fondo
que el de nosotros mismos.

Tomas Tranströmer

Poeta sueco nacido en Estocolmo, el 15 de abril de 1931. Es psicólogo, poeta y traductor. Su obra ha sido traducida en más de 50 lenguas. Entre sus poemarios podemos nombrar: El cielo a medio hacer (1962), La barrera de la verdad (1978), La plaza salvaje (1983), entre otros. Ha sido galardonado con numerosos premios, entre los cuales destaca el Premio Nobel de Literatura 2011. Se dice que su poesía toma como temas importantes la cotidianidad y lo natural. Ya publicados aquí varios poemas de este autor.

Caen nuestras acciones, una a una, como piedras. Acciones que con el tiempo se hacen claras como el cristal. Espero,  no exista mucho que ocultar. Al final no somos lo que decimos, somos lo que hacemos. Y caerán en el fondo de nosotros mismos, cada quien cargará su propio peso.

@LauraAlessR

489. Déjame ser

Poema #489

Déjame ser

Deja llevarme mi última aventura.
Déjame ser mi propio testimonio,
y dar fe de mi propia
desmemoria.
Déjame diseñar mi último rostro,
apretar en mi oído los pasos de la lluvia
borrándome el adiós definitivo.

Déjame naufragar asida
a un paisaje, una nube,
al vuelo humilde de un gorrión,
a un brote renaciente,
o siquiera al relámpago
que abra en dos mi último cielo.

Sujétame los brazos.
engrilla mis tobillos,
empareda mis párpados.
Pero tatuada una flor en la pupila,
crucificada un alba debajo de la frente,
acurrucado un beso en la raíz de la lengua,
déjame ser mi propio testimonio.

Josefina Plá

Poetisa, dramaturga, narradora, ensayista, ceramista, crítica de arte, pintora y periodista. Nació en Isla de Lobos, España, en 1903 . Tuvo una gran influencia sobre futuras generaciones de intelectuales de Paraguay. A lo largo de su vida recibió numerosos premios y distinciones por su labor literaria y en defensa de los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres. Fue fundadora, a inicios de los años 50 en el siglo pasado, junto a Joao Rossi y a Olga Blinder, del “Grupo Arte Nuevo”, motor de la innovación en las artes plásticas del Paraguay. Su obra abarca el campo de la creación literaria con más de cuarenta títulos en poesía, narrativa y teatro. Fallece en Asunción, Paraguay, en 1999.

Despojarse de sí mismo, más allá del cuerpo, más allá del pensamiento… Para naufragar, para perder… Allí, el rencuentro, allí el inicio.

@LauraAlessR

452. Prueba de fuego

Poema #452.

Prueba de fuego.

 

Regresar a la esquina de la torpeza y el miedo

Sin medir los años de viudez

-con mujeres de luto

trasegando sus cantos bajo el parral-

Ni oír la flauta de la tierra

Desde hace tanto detenida en su sola melodía

 

Nos volveremos esa melodía

Pues nuestra línea dice que sólo permanecen

El adiós y el reencuentro

Canje cuyo fin es un pequeño funeral

En un cine de barrio

Y quizás el afán no sea sino volverse

Para encontrar entre las imágenes desvaídas

El propio rostro cambiado

Y cada vez más lejana toda maravilla

Y ya la suerte echada en dos o tres lances

-al menudeo como siempre-

Y sin nada virgen bajo la palabra

Salvo el desasosiego y la aventura

 

Cancelar el futuro

Ésa es la prueba de fuego

 

Luis García Morales.

Escritor venezolano nacido en Ciudad Bolívar, en 1929. Formó parte del gruo literario Sardio en 1958. Fue jefe de redacción de la Revista Nacional de Cultura en 1963, y presidente fundador del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). Este poema pertenece a la sección “Pasajes a paisajes imprevistos”, de su libro “De un sol a otro”.

Sucede que, con el paso del tiempo, uno se va dando cuenta de que sabe menos de lo que pensaba, de que la invencibilidad se agota, de que se vuelve sobre algunos errores y se cae con frecuencia. En ocasiones sucede que la melodía se acaba, que se cancela el futuro. Uno se vuelve, se encuentra -cambiado- entre las imágenes desvaídas y se enfrenta a la prueba de fuego. No parece haber otra alternativa.

@SaetasdeLuis

395. Aquí

Poema #395

Aquí

Mis pasos en esta calle
resuenan
en otra calle
donde
oigo mis pasos
pasar en esta calle
donde

sólo es real la niebla

Octavio Paz

Poeta y ensayista mexicano. Nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Considerado como una de las grandes figuras del siglo XX. Entre sus libros destacan: “El Laberinto de la Soledad” (1950), “El arco y la lira” (1956), “Tiempo nublado” (1983), “La llama doble” (1993), entre otros. Recibe el Premio Nobel de Literatura en 1990. Fallece en Ciudad de México el 19 de abril de 1998.

En ocasiones no me dirijo hacia ninguna parte. Momentos en que contemplo lo maravilloso del paisaje y secretamente ya no añoro mi Ítaca. Dejo de lado el camino, demoro el viaje, pierdo el tiempo. De pronto un detalle mínimo: el mosaico de una pared, el cruce de una esquina, la fachada de una casa o una sencilla mirada aviva el recuerdo. Así, regresa la emoción y el deseo. Mis pasos resuenan en otra calle y todo lo admirado lejos del camino se disuelve. Queda de nuevo un espacio en mí, vuelvo a mi travesía.

@LauraAlessR

372. Entra la luz

Poema #372.

Entra la luz.

 

Fuera de la ventana están los largos animales de

primavera,

el dragón transparente de la luz solar

pasa corriendo como un interminable

tren de suburbio (jamás llegamos a verle la cabeza).

 

Las casas de la costa caminan de costado

orgullosas como cangrejos.

El sol hace parpadear las estatuas.

 

El furioso mar de fuego en el espacio

se trastierra en caricia.

La cuenta invertida ha comenzado.

 

Tomas Tranströmer.

Este poeta, psicólogo y traductor sueco obtuvo el Premio Nobel de Literatura en el año 2011 porque -entre otras cosas- “a través de sus imágenes condensadas y translúcidas nos permite el acceso a la realidad”. Nació ochenta años antes, en el año 1931, en Estocolmo. Sus poemas, como podemos ver en varios que ya han sido publicados en el blog, se centran en lo cotidiano, en la realidad transformada por imágenes llamativas e impactantes.

Quisieramos creer que el tiempo es lineal, pienso, pero transcurre como quiere: a veces más lento o más rápido, en ocasiones como si fuese hacia atrás, o si se hubiese perdido. Algunas veces hasta parece detenerse, y vemos una postal que se mueve más allá de sí misma. En la postal, cíclica y enmarcada, suceden algunas cosas sin principio ni final. Asomémonos por la ventana a ver el mundo de otra manera.

@SaetasdeLuis

369. Las puertas

Poema #367

Las puertas

Un cerrarse de puertas,
a derecha e izquierda;
un cerrarse de puertas silenciosas,
siempre a destiempo,
siempre un poco antes
o un momento demasiado tarde;
hasta que sólo queda abierta una,
la única puntual,
la única oscura,
la única sin paisaje y sin mirada.

Josefina Plá

Poetisa, dramaturga, narradora, ensayista, ceramista, crítica de arte, pintora y periodista. Nació en Isla de Lobos, España, en 1903 . Tuvo una gran influencia sobre futuras generaciones de intelectuales de Paraguay. A lo largo de su vida recibió numerosos premios y distinciones por su labor literaria y en defensa de los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres. Fue fundadora, a inicios de los años 50 en el siglo pasado, junto a Joao Rossi y a Olga Blinder, del “Grupo Arte Nuevo”, motor de la innovación en las artes plásticas del Paraguay. Su obra abarca el campo de la creación literaria con más de cuarenta títulos en poesía, narrativa y teatro. Fallece en Asunción, Paraguay, en 1999.

Habría que deshacerse de las puertas. Reconocer las miradas de las criaturas en plena noche abierta. Hay quien vive fuera del camino, sin más resguardo que el cuerpo. Para quien vive en la intemperie no hay puertas, sin embargo en un momento determinado no hay paisaje y no hay miradas.

@LauraAlessR

278. Ah, que tú escapes

Poema #278.

Ah, que tú escapes.

 

Ah, que tú escapes en el instante

en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.

Ah, mi amiga, que tú no quieras creer

las preguntas de esa estrella recién cortada,

que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.

Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,

cuando en una misma agua discursiva

se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:

antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,

parecen entre sueños, sin ansias levantar

los más extensos cabellos y el agua más recordada.

Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses

hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,

pues el viento, el viento gracioso,

se extiende como un gato para dejarse definir.

 

José Lezama Lima.

Poeta, novelista, cuentista y ensayista cubano. Nació en La Habana en 1910, donde falleció en 1976. Su novela “Paradiso” ha alcanzado una gran repercusión internacional desde su publicación en 1966. Su poesía es hermética y simbólica, con imágenes que generan extrañamiento y asombro. “Sólo lo difícil es estimulante” escribió, y con la oscuridad y complejidad de su brillante obra literaria procura transmitir su sistema poético del mundo, que crea y desarrolla a lo largo de su obra.

Ah, el primer poema que logré memorizar y que todavía recuerdo, casi siempre. El ejercicio de la memoria es importante. Se me hace muy difícil eso de aprender un poema entero, a pesar de que pueda ser breve. Aquellos que logro aprender suelen tener, entonces, un valor extra para mí.

El enigma prevalece, pero las imágenes calan hondo a medida que uno recita una y otra vez el poema. Se vuelve parte de uno, con o sin respuestas, e imágenes hermosas como esas “preguntas de estrellas recién cortadas que van mojando sus puntas en otra estrella enemiga” quedan grabadas en uno, ampliando las posibilidades y las perspectivas. Con mucho ritmo, Lezama Lima construye el poema con una serie de versos de ensueño llenos de chispa poética.

@SaetasdeLuis

213. Como quien oye llover

Poema #213

Como quien oye llover

Óyeme como quien oye llover,

ni atenta ni distraída,

pasos leves, llovizna,

agua que es aire, aire que es tiempo,

el día no acaba de irse,

la noche no llega todavía,

figuraciones de la niebla

al doblar la esquina,

figuraciones del tiempo

en el recodo de esta pausa,

óyeme como quien oye llover,

sin oírme, oyendo lo que digo

con los ojos abiertos hacia adentro,

dormida con los cinco sentidos despiertos,

llueve, pasos leves, rumor de sílabas,

aire y agua, palabras que no pesan:

lo que fuimos y somos,

los días y los años, este instante,

tiempo sin peso, pesadumbre enorme,

óyeme como quien oye llover,

relumbra el asfalto húmedo,

el vaho se levanta y camina,

la noche se abre y me mira,

eres tú y tu talle de vaho,

tú y tu cara de noche,

tú y tu pelo, lento relámpago,

cruzas la calle y entras en mi frente,

pasos de agua sobre mis párpados,

óyeme como quien oye llover,

el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,

es la niebla errante en la noche,

como quien oye llover

es la noche dormida en tu cama,

es el oleaje de tu respiración,

tus dedos de agua mojan mi frente,

tus dedos de llama queman mis ojos,

tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,

manar de apariciones y resurrecciones,

óyeme como quien oye llover,

pasan los años, regresan los instantes,

¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?

no aquí ni allá: los oyes

en otro tiempo que es ahora mismo,

oye los pasos del tiempo

inventor de lugares sin peso ni sitio,

oye la lluvia correr por la terraza,

la noche ya es más noche en la arboleda,

en los follajes ha anidado el rayo,

vago jardín a la deriva

entra, tu sombra cubre esta página.

Octavio Paz

Poeta, ensayista y diplomático mexicano. Nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Premio Nobel de Literatura en 1990. Su obra abarcó géneros diversos entre los que destacan sus ensayos, textos poéticos y traducciones. Es considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX. Fallece en Ciudad de México el 19 de abril de 1998. Publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

Escúchame, se va mi voz, mi pensamiento en cada gota. Lluvia que desborda el paisaje, donde tu sombra viaja. Desde lejos, distancia que es tiempo, te siento y escucho venir. Llegas a cubrir esta página. Eres música y letra que empapa estas horas, dormida con los cinco sentidos despiertos.

Óyeme como quien oye llover, así:

66. Siempre

Poema #66.

Siempre.

 

Y escúchame zarpazo

Vieja fisonomía del tigre

en cuatro lenguas afiladas

soy tuyo y de tu pasión

indefenso

látigo sobre látigo

y el quejido abriéndose paso

entre sílabas inciertas

sílabas madres

y la espuma que se forma en los labios

de un idioma servil donde caigo

en busca de fuego

alimento útil    estrafalario alimento

del delirio y la duda

y no hallo sino la huella temblorosa

de un animal sin forma

interrumpido por tu zarpa

y una divagación que no envejece

 

Luis García Morales.

 

Nació en Ciudad Bolívar en 1929. Formó parte del famoso grupo literario Sardio en 1958. Fue jefe de Redacción de la “Revista Nacional de Cultura” en 1963, y presidente fundador del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). Este poema pertenece a su libro “De un sol a otro”.

El poema pertenece a la última parte de su poemario, “Pasajes a paisajes imprevistos”. En primera instancia, me parece que hablara del paisaje, del animal y de sí mismo, al mismo tiempo. Los versos del poema muestran la naturaleza en esas tres perspectivas, y percibo al poeta hablando de su “vieja fisonomía de tigre”, que siempre se juega la vida en el lenguaje, “entre sílabas inciertas”, en busca de fuego, de llama, de chispa, y en donde consigue “la huella temblorosa”, “una divagación que no envejece”. La experiencia de repetirse en la incertidumbre del poema, en siempre entregarse al zarpazo y a la pasión, a la esencia misma del acto creador.

Eterniza el instante, junto con la naturaleza del paisaje, del animal y de sí mismo, en esa búsqueda del fuego, “del delirio y la duda”, que siempre se repite y siempre se interrumpe en una divagación que no envejece. Las palabras son esa llama que queremos encender, un fulgor que no envejece mientras nos entregamos al lenguaje y a la imagen.

@SaetasdeLuis