536. Me perseguían en las sombras

Poema #536.

Me perseguían en las sombras.

 

Con sus caras de perro

y sus brazos de serpientes

me perseguían en las sombras.

Allí ululaban como un viento maligno.

Un ruido aciago

con furor penetraba en mis oídos

y atrozmente me torturaba.

Se enardecían mis terrores atávicos.

La cabeza me empezaba a dar vueltas

perdida en el espacio,

giraba sin control

aturdida por aquellas bestias de tinieblas.

Dentro de mí

me confinaban en una tierra desolada.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario nacido en Boconó, Venezuela, en el año 1930. Formó parte de los grupos Sardio, Tabla redonda y El techo de la ballena. Recibió, en 1980, el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a “Los ritos secretos”, libro publicado en 1981. Falleció el domingo 26 de mayo del año 2013.

Ese rito secreto de la escritura nos habla también del tiempo por venir, aunque no escribamos pensando en él. Cuando las palabras logran abrir un espacio en la página, se sitúan en otro tiempo fuera del tiempo, en un espacio que es también todos los espacios. Ahí, quizás, quedamos más allá de nosotros mismos, confinados.

@SaetasdeLuis

Anuncios

508. [hablemos en blanco]

Poema #508.

 

hablemos en blanco

hablemos perdiendo los signos

 

repitamos el primer y último acto

de ser devueltos

en la cópula mínima

del polvo

en la luz

 

Hanni Ossott.

 

Poeta venezolana. Nace el 14 de febrero de 1946 y muere el 31 de diciembre del año 2002. Hija de padres alemanes, se desempeñó como profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Fue esposa de Manuel Caballero. Galardonada con el Premio Nacional de Poesía José Antonio Ramos Sucre (1972) y el Premio Nacional de Poesía otorgado por el CONAC en 1988.

Volver al origen, a la blancura de la página, al polvo y la luz, a la cópula mínima. Volver, siempre volvemos, pero nunca igual.

@SaetasdeLuis

442. Trazos III

Poema #442.

Trazos.

 

III.

Blanco

en cada pliegue

en cada minúscula

hendidura

 

Ana María del Re.

Repetimos a la autora, en una continuidad de trazos, así que ya lo saben: poeta, traductora y profesora venezolana. Licenciada en Letras y en Francés Superior por la Universidad Central de Venezuela. Realizó una maestría en Literatura hispanoamericana en la Universidad Simón Bolívar, donde fue docente desde 1975 hasta el 2000. Realizó un doctorado en Literatura por la Universidad de La Sorbona (París).

Antonio Gamoneda insiste con mucha frecuencia en que la poesía es “lo que ocurre entre una inexistencia y otra inexistencia”, esa brecha que abrimos, ese espacio entre silencios, entre blancos. Estos trazos abren ese espacio, conscientes de que vuelve, de que existen entre las hendiduras y los resquicios del silencio, de la inexistencia, de la blancura de fondo sobre la que trazamos con forma de palabras una chispa de existencia. Efímero ejercicio.

@SaetasdeLuis

213. Como quien oye llover

Poema #213

Como quien oye llover

Óyeme como quien oye llover,

ni atenta ni distraída,

pasos leves, llovizna,

agua que es aire, aire que es tiempo,

el día no acaba de irse,

la noche no llega todavía,

figuraciones de la niebla

al doblar la esquina,

figuraciones del tiempo

en el recodo de esta pausa,

óyeme como quien oye llover,

sin oírme, oyendo lo que digo

con los ojos abiertos hacia adentro,

dormida con los cinco sentidos despiertos,

llueve, pasos leves, rumor de sílabas,

aire y agua, palabras que no pesan:

lo que fuimos y somos,

los días y los años, este instante,

tiempo sin peso, pesadumbre enorme,

óyeme como quien oye llover,

relumbra el asfalto húmedo,

el vaho se levanta y camina,

la noche se abre y me mira,

eres tú y tu talle de vaho,

tú y tu cara de noche,

tú y tu pelo, lento relámpago,

cruzas la calle y entras en mi frente,

pasos de agua sobre mis párpados,

óyeme como quien oye llover,

el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,

es la niebla errante en la noche,

como quien oye llover

es la noche dormida en tu cama,

es el oleaje de tu respiración,

tus dedos de agua mojan mi frente,

tus dedos de llama queman mis ojos,

tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,

manar de apariciones y resurrecciones,

óyeme como quien oye llover,

pasan los años, regresan los instantes,

¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?

no aquí ni allá: los oyes

en otro tiempo que es ahora mismo,

oye los pasos del tiempo

inventor de lugares sin peso ni sitio,

oye la lluvia correr por la terraza,

la noche ya es más noche en la arboleda,

en los follajes ha anidado el rayo,

vago jardín a la deriva

entra, tu sombra cubre esta página.

Octavio Paz

Poeta, ensayista y diplomático mexicano. Nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Premio Nobel de Literatura en 1990. Su obra abarcó géneros diversos entre los que destacan sus ensayos, textos poéticos y traducciones. Es considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX. Fallece en Ciudad de México el 19 de abril de 1998. Publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

Escúchame, se va mi voz, mi pensamiento en cada gota. Lluvia que desborda el paisaje, donde tu sombra viaja. Desde lejos, distancia que es tiempo, te siento y escucho venir. Llegas a cubrir esta página. Eres música y letra que empapa estas horas, dormida con los cinco sentidos despiertos.

Óyeme como quien oye llover, así: