563. Hay que hacer un agujero

Poema #563

Hay que hacer un agujero

Cojo una pala y un rastrillo
y empiezo a cavar hacia abajo,
rompiendo primero las baldosas,
desmenuzando después el cemento
y la tierra que lo sostiene y todas
las piedras que encuentro las guardo
en los bolsillos por si
de repente vivo un desprendimiento
y hace falta hacer un muro y esperar
que la cosa se calme.

No quiero pensar
a dónde llegaré ni cuánto tardaré
ni si al final encontraré
a alguien cavando en sentido contrario.

Quién sabe si chocaré,
sin tener tiempo para prevenir la colisión,
contra la cabeza de alguien
llena de barro y escombros.

La verdad, pánico de chocar
contra mí,
de ser yo la pregunta y la respuesta.

Anna Gual

Poeta española. Nació en Barcelona en 1986. Estudia comunicación audiovisual.

Bajar por decisión, buscar una respuesta. El abismo, la caída, el descenso y la elección. Seguir el laberinto que lleva hacia el otro, hacia lo otro. Un día el principio o el final.

@LauraAlessR

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560. Despertares

Poema #560.

Despertares.

 

Es extraño despertarse a veces en plena noche.

En pleno sueño alguien toca la puerta

y en la extraordinaria ciudad de medianoche

de medio-sueño de medio-recuerdo

las puertas de los zaguanes retumban

con estrépito de calle en calle

 

Quién es ese visitante nocturno de rostro desconocido,

qué viene a buscar, qué espía.

Es un mendigo que pide pan y albergue

es un ladrón, es un pájaro,

es un reflejo de nosotros mismos en el hielo.

Quién vuelve de un abismo de transparencia

e intenta volver a entrar en nosotros.

 

Él se da cuenta que hemos cambiado

que la llave ya no puede abrir la cerradura

de la puerta misteriosa de los cuerpos.

Aunque sólo hayan pasado segundos desde que nos dejó

en el momento inquietante en que se apaga la luz

 

¿Qué sucede entonces?

¿Dónde deambula? ¿Sufre?

¿Es ése el origen de los fantasmas?

¿El origen de los sueños?

¿El nacimiento de los recuerdos?

 

No toques nunca a mi puerta visitante.

No hay sitio en mi casa ni en mi corazón.

Para las antiguas imágenes de mí mismo

tal vez me reconozcas.

Yo no sabría ya reconocerte.

 

Robert Desnos.

Poeta francés nacido en Paris en 1900. Publicó varios escritos en una revista socialista llamada La galería de los jóvenes. En 1919 publicó los primeros poemas en Le fards de argonautes y se reunió con André Breton, Péret, Tzara y Aragon, integrándose en 1920 al grupo surrealista. Mostró sus habilidades literarias jugando con el idioma, y convirtiéndose en un experto de la ”escritura automática” en sus poemas titulados Oasis” yAsilo amigo“. En la segunda guerra mundial se alistó en el ejército francés. Publicó una serie de ensayos contra los nazis que le valieron su reclusión en varios campos de concentración. Falleció ocho días después de ser liberado por el ejército ruso en junio de 1945.

La siempre-cambiante cerradura, la llave que no muta y que busca abrir la misma puerta en el reflejo del recuerdo. Tiempos que cambian, inestables, cambios que notamos y que no notamos, el encuentro de nosotros mismos con nuestro recuerdo que ya no es ajeno. Aunque existe la insistencia en aferrarse, el cambio es natural. ¿Quizás así surgen los fantasmas, los sueños? Nuestras antiguas imágenes, es cierto, todavía son nosotros, aunque no las reconozcamos. Lo dijo Rimbaud, je est un autre, y en la otredad también nos definimos, en ese no-ser en el que nos reflejamos, en esa ausencia presente que, a veces, nos toca la puerta a medianoche y nos recuerda lo que ya no somos y ese punto en el que los tiempos se entrecruzan y, a instantes, nos definimos y desdefinimos.

@SaetasdeLuis

351. Amantes

Poema #351

Amantes

Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.

Eugenio Montejo

Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Se han publicado varios de sus poemas anteriormente en Trazos de la memoria. Fallece en Valencia, el 5 de junio de 2008.

La promesa. Algo llegará desde lejos, quizás no demasiado tarde…

@LauraAlessR