530. [Llorar a lágrima viva]

Poema #530.

 

Llorar a lágrima viva.

Llorar a chorros.

Llorar la digestión.

Llorar el sueño.

Llorar ante las puertas y los puertos.

Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,

las compuertas del llanto.

Empaparnos el alma, la camiseta.

Inundar las veredas y los paseos,

y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando.

Festejar los cumpleaños familiares, llorando.

Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…

si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos

no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.

Llorarlo con la nariz, con las rodillas.

Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría.

Llorar de frac, de flato, de flacura.

Llorar improvisando, de memoria.

¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

 

Oliverio Girondo.

Poeta argentino (1891-1967) nacido en Buenos Aires, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos. Estudió Derecho y, muy pronto, a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, “Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”.

Tomar cualquier cosa como un oficio, como un arte. Practicar y entregarse a ello con todo el cuerpo, todo el tiempo, todo el espacio. Es la única manera de volverse maestro en un arte, como también puede serlo llorar.

@SaetasdeLuis

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294. Cada hombre

Poema #294.

Cada hombre.

 

Cada hombre

tiene una manera de traicionar

la revolución

Ésta es la mía

 

Leonard Cohen.

Poeta, novelista y cantante canadiense, nacido en Montreal en el año 1934. Es miembro de la Orden de Canadá y de la Orden Nacional de Quebec. En el año 2011 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es conocido especialmente por su faceta de cantautor, con temas como el amor y la religión, generalmente con un tono pesimista.

Traicionar la revolución con palabras, sólo palabras, versos inofensivos. La revolución es un oficio inextinguible; siempre existe, sí, y siempre está moviendo al mundo. Todos tenemos nuestra manera de traicionarla y de seguir moviéndonos, seguir cantando cuando ésta se vuelve obsoleta. Hay que saber que llega el momento en el que hay que abandonar a la revolución, traicionarla, reaccionar…

285. Nuestro oficio

Poema #285.

Nuestro oficio.

Por este empecinamiento del corazón

en hacerse horizonte por completo:

nosotros, que hemos participado

en los grandes acontecimientos históricos,

que hemos ayudado en lo construido

aún con un poco de tristeza,

digamos, casi mucha.

Guardamos toda nuestra radiante alegría

para lo que construiremos

cuando el pueblo llegue.

Podemos caer abatidos

por las balas más crueles

y siempre tenemos sucesor:

el niño que estremece las hambres consteladas

agitando feroz su primer verso.

O el otro, el de la disyuntiva,

que no sabe si hacerse flechero de nubes

o escudero del viento.

Jamás la canción tuvo punto final.

Siempre deja una brecha, una rendija,

algo así, como un hilito que sale,

donde el poeta venidero pueda

ir halando, ir halando, ir halando

halando hasta el mañana.

Nosotros los poetas del pueblo,

cantamos por mil años y más…

Víctor Valera Mora.

Poeta y sociólogo venezolano (Valera, 1935-Caracas, 1984), egresado de la Universidad Central de Venezuela. Fue miembro fundador de la Pandilla de Lautréamont. Milita en el Partido Comunista de Venezuela, por lo que pasa cinco años preso durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Obtiene el Premio CONAC de Poesía en 1980. Su obra es bastante política, llena de rebeldía y pasión. Se le ha acusado de llegar, en ocasiones, a escribir poesía panfletaria. Este texto pertenece a su “Canción del soldado justo” de 1961.

No es, quizás, el oficio más puro, pero es nuestro oficio: un empecinamiento, una necesidad de escribir y de participar, de no quedarnos callados ni de lado, de estar ahí, siempre, haciendo contraste. Más que una voz individual, más que un hombre en una torre de marfíl, un conjunto de voces que se van hilvanando,  escribiendo en la historia, que se continúan unas a otras -tomando en cuenta los cambios del mundo- y que siguen halando y cantando. Siempre habrá más poesía y más poetas.

@SaetasdeLuis

229. Sobre la poesía

Poema #229

Sobre la poesía

Siempre he creído que la poesía
es un don mezquino. No hay mayores razones
para sentirse orgulloso. No se trata
de los estigmas de San Francisco,
esa prueba irrefutable de la condición
de elegidos. Deberíamos ser humildes
pero nuestro castigo es la vanidad.

Una vez escribí que nuestro oficio
era sólo aproximativo y nunca alcanzaríamos
la fijeza de las estrellas. Quería decir,
me parece, que no llegamos a lo que sentimos.
Lo que sentimos es un círculo y el poema
es otro, más pequeño y hambriento.
La distancia entre ellos es el naufragio.

Treinta años más tarde, sigo pensando
que no es la poesía el mayor de los dones.
Pero, después de tantas líneas y borrones,
y las resmas de papel que han alimentado
mis cestos de basura, puedo decir
que ha servido para registrar las noches
y los días, Constanza y mi paisaje. No más.

Alejandro Oliveros

Escritor venezolano.  Nació en 1948, fundador de la revista “Poesía” y director de “Zona Tórrida. Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo”. Enseña en la Escuela de Artes Plásticas “Arturo Michelena” y en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado extensamente en revistas nacionales e internacionales.

La poesía, el registro de lo cotidiano. La poesía, el viaje. Un naufragio que arrebata el sentimiento y lo deja en la mar. Sentado en la orilla, el poeta reseña el viaje desde la añoranza de lo vivido. Siempre hay novedad en la mar, una sed incita el recorrido. Vanidad de querer alcanzar las estrellas, intentos de apresar el sentimiento, no son más que registro de días y noches, registros de intentos… anotaciones del viaje.

@LauraAlessR