570. Las nubes

Poema #570.

Las nubes.

 

Inútilmente interrogas.

Tus ojos miran al cielo.

Buscas detrás de las nubes,

huellas que se llevó el viento.

 

Buscas las manos calientes,

los rostros de los que fueron,

el círculo donde yerran

tocando sus instrumentos.

 

Nubes que eran ritmo, canto

sin final y sin comienzo,

campanas de espumas pálidas

volteando su secreto,

 

palmas de mármol, criaturas

girando al compás del tiempo,

imitándole la vida

su perpetuo movimiento.

 

Inútilmente interrogas

desde tus párpados ciegos.

¿Qué haces mirando a las nubes,

José Hierro?

 

José Hierro.

Poeta español nacido en 1922 y fallecido en 2002. Su obra toca muchos temas sociales relacionados con la guerra, desde su experiencia. Durante la guerra civil se dedicó a actividades clandestinas que lo llevaron a prisión en 1939. En 1942 fue liberado, y se dedicó a diversos oficios hasta asentarse en Madrid y dedicarse a la escritura. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1953, el Premio Adonais en 1947 y el Premio Cervantes en 1999, entre muchos otros.

Interrogar al viento y al cielo, a lo efímero. Preguntarle a la incertidumbre qué hay de cierto, qué dudas se resuelven y cuáles se mantienen, hasta cuándo las palabras y cómo los silencios. Universalizar el instante de mirar las nubes,  lo inútil que cobra sentido al verlo plasmado, y entendemos su necesidad imperante. ¿Qué nos dicen hoy las nubes?

@SaetasdeLuis

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504. [Como velos negros]

Poema #504.

 

Como velos negros flotaban las nubes.

Abajo el hombre

encorvado torpemente caminaba.

Pesaba un gran silencio sobre su cabeza.

Abría y cerraba los ojos hundidos

y miraba por momentos hacia arriba.

Relámpagos lejanos parecían encandilarlo.

El infinito le hablaba en voz muy baja.

Abandonaba el mundo de afuera.

Huraño, agobiado por las confidencias,

regresaba a su cuarto

iluminado apenas por una luz rojiza.

Su cerebro ardía entre fuegos virtuales.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario nacido en Boconó, Venezuela, en el año 1930. Formó parte de los grupos Sardio y El techo de la ballena. Recibió, en 1980, el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a “Los ritos secretos”, libro de su madurez publicado en 1981 en el que se entrelazan hechos y ensueños, realidad y fantasía ensimismada.

Más allá que aquí, más en el ensueño que en la realidad; el mismo mundo, el mismo paisaje, arde con llamas distintas para él. Surgen sus palabras y sus versos de los trazos con los que ve su realidad, los relámpagos que lo encandilan, los silencios que le pesan, los fuegos. El poema construye un caminar fuera del tiempo, el recorrido de este hombre encorvado, que no empieza ni termina.

@SaetasdeLuis

126. El extranjero

Poema #126.

El extranjero.

 

-¿A quién amas tú más, hombre enigmático, dime? ¿A tu padre, a tu madre, a tu hermana, o a tu hermano?

-No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.

-¿A tus amigos?

-Usted se sirve de una palabra cuyo significado aún me es desconocido hasta este día.

-¿A tu patria?

-Ignoro en qué latitud está situada.

-¿A la belleza?

-Yo la amaría voluntariamente, diosa e inmortal.

-¿Al oro?

-Lo odio como usted odia a Dios.

-¡Eh! ¿Qué amas entonces, extraordinario extranjero?

-Amo las nubes… las nubes que pasan… allá… ¡las maravillosas nubes!

 

Charles Baudelaire.

“Poeta maldito”, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), importante exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París. La escritura de ese libro representa la ruptura definitiva de las formas poéticas clásicas, reduciendo la brecha que antes mantenía prosa y poesía separadas.

Me resulta imposible no pensar en una novela posterior que juega con la misma palabra, en francés: “L’étranger” de Albert Camus, donde el personaje de la obra es un ser al que le resultan indiferentes e incomprensibles las convenciones humanas y la vida social. El hecho de ser un extranjero, un extraño, un individuo que no se adapta a lo que está visto como normal en la sociedad, atrae la atención del sistema, que buscará la manera de eliminarlo del mismo, como si fuese un virus dentro del organismo. L’étranger resulta todo eso, una figura enigmática y extraordinaria para esta persona que le hace una serie de preguntas ante las que se le revela extraño e incomprensible, puesto que carece de las ataduras sociales que estipulan, usualmente, el contacto humano.

Qué incomprensible, enigmático y fascinante nos resulta este personaje, así como aquello que ama, y que tiene una fantástica sonoridad en francés: “J’aime les nuages… les nuages qui passent… là-bas… les merveilleux nuages!”, esas nubes que sentimos pasar, que resultan hermosas, y que definen lo más amado e importante de la existencia de este extranjero que no sabe de familia, amigos, patria ni dinero.

@SaetasdeLuis