566. Romance de la luna, luna

Poema #566.

Romance de la luna, luna.

 

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

 

Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado.

 

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño,

tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

 

Cómo canta la zumaya,

¡ay cómo canta el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

 

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

 

Federico García Lorca.

mportante miembro de la Generación del 27. Poeta, prosista y dramaturgo español, nacido en Granada en 1898 y ejecutado en 1936 tras la sublevación militar de la guerra civil española, por su afinidad con el Frente Popular y por ser abiertamente homosexual. Con este poema abre su “Romancero gitano”, libro de amplio reconocimiento y que contiene algunos de sus más populares poemas.

Lo sabemos: la luna nos ha hipnotizado desde el origen de los tiempos, sus cambios nos hablan de nosotros mismos, ella nos refleja y nos altera, nos define. La luna parece aquí, en este romance, arrullar al niño, arrancarle lentamente la vida, que queda fuera del alcance de sus gitanos, incapaces de alcanzarlo antes de que cierre los ojos. La historia, muchas veces contada y muchas veces vivida, se vierte en una nueva forma, en las palabras de García Lorca.

@SaetasdeLuis

Romancero Gitano

Romancero gitano de Federico García Lorca, en Trazos de la memoria

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354. Kyrie

Poema #354.

Kyrie.

 

A veces, mi vida abría los ojos en la oscuridad.

Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,

que pasan por las calles camino de un milagro,

mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.

 

Como el niño que se duerme con miedo

escuchando los pasos pesados del corazón.

Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en la

cerradura

y se abren las puertas de la oscuridad.

 

Tomas Tranströmer.

Psicólogo, traductor y escritor sueco nacido en Estocolmo en 1931. En el año 2011 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura “porque a través de sus imágenes condensadas y translúcidas nos permite el acceso a la realidad”. Su obra ha sido traducida a más de 50 lenguas. Este poema pertenece a su segundo poemario, “Secretos en el camino”, de 1958.

Oscuridad y luz: pueden ser tanto grandes e inasibles conceptos, como realidades cercanas y que todos conocemos bien. Nos definimos y nos situamos entre sus extremos, que nos resultan inevitables, y nos inclinamos hacia alguno en particular. La oscuridad suele hacerse eterna cuando somos niños, cuando su enigma y su imposibilidad nos aterran y no podemos dejar ni una luz encendida. Nos encontramos, entonces, con la quietud, nuestros latidos, y todos los sonidos que la componen, hasta que vuelve la mañana. De adultos, puede que nos pase esto también con la luz, en la que también es posible perderse.

Los invito a indagar sobre el título del poema.

@SaetasdeLuis

198. El escolar perezoso

Poema #198.

El escolar perezoso.

 

Dice no con la cabeza

pero dice sí con el corazón

dice sí a lo que quiere

dice no al profesor

está de pie

lo interrogan

le plantean todos los problemas

de pronto estalla en carcajadas

y borra todo

los números y las palabras

los datos y los nombres

las frases y las trampas

y sin cuidarse de la furia del maestro

ni de los gritos de los niños prodigios

con tizas de todos los colores

sobre el pizarrón del infortunio

dibuja el rostro de la felicidad.

 

Jacques Prévert.

Poeta y guionista francés, nace en 1900 y fallece en 1977. Abandonó la escuela a los 14 años, permaneció un tiempo en la Marina y vivió la Primera y la Segunda Guerra mundial, así como el tiempo de entreguerra y de posguerra, todo esto lo afectó y puede notarse en muchos de sus poemas, así como en los temas que trabaja en su escritura. Se dedicó a la bohemia y a diversos oficios mientras desarrollaba su gusto por la poesía y la escritura de otros estilos como guiones de películas y canciones que se volvieron famosas. Perteneció al movimiento surrealista, pero se separó por considerar a Breton muy autoritario.

El poeta se pone de lado del niño, de la creatividad y la felicidad y no del lado de la autoridad y del infortunio. El poema trae consigo, a mi parecer, un aire musical e infantil; es un juego, un juego con la poesía, con las palabras, con las imágenes y con la historia que cuenta. El alumno del que habla el poema se niega a ser “civilizado”, a pensar y entregarse al orden que conforma la escuela, el profesor y la sociedad. No es realmente perezoso, se entrega con el corazón “a lo que quiere”, a la carcajada, a borrar y a dibujar el rostro de la felicidad. Se entrega a lo que siente, y transforma, así, el “pizarrón del infortunio”. No deja de lado lo que lo apasiona: niega con la cabeza, pero asiente con el corazón.

Como dice la dedicatoria de El Principito: “Todas las personas mayores fueron al principio niños (aunque pocas de ellas lo recuerdan).”

@SaetasdeLuis

190. Metamorfosis

Poema #190.

Metamorfosis.

 

Mi hijo entra

en la habitación y dice

‘Tú eres un buitre

y yo un ratón’

 

Dejo el libro

me crecen

alas y garras

 

Sus terribles sombras

corren por las paredes

Soy un buitre

y él un ratón

 

‘Eres un lobo

y yo una cabra’

Doy vueltas alrededor de la mesa

y soy un lobo

Los cristales de las ventanas

brillan como colmillos

en la oscuridad

 

Y él huye con su madre

seguro

con la cabeza escondida en el calor de su falda

 

Tadeusz Różewicz.

Nació en el año 1921 en Radomsko, Polonia. Pertenece a la primera generación que nació y creció después de la independencia de su país en 1918. Es un escritor sumamente prolífico que ha incursionado en prácticamente todos los géneros literarios. Ha recibido una gran cantidad de premios y distinciones, y es doctor honoris causa por varias universidades. Ha sido nominado en varias ocasiones al Premio Nobel de Literatura. Este poema pertenece a su poemario “Sonrisas”, con poemas entre 1945 y 1956.

Jugar. El juego es importante, esencial para la vida; es la vida misma. Lo que percibo en este poema es eso, precisamente. Hay una frase que recorre las páginas de internet que dice algo como “si un niño te extiende un teléfono de juguete, no importa quién seas (o quién te creas) tú, ¡contestas la llamada!”, porque hay que mantener el pacto, hay que jugar. No importa qué esté haciendo el poeta, o qué esté leyendo, cuando viene el juego, “deja el libro”, y entra en él. Y es que “la poesía, en su función original como factor de la cultura primitiva, nace en el juego y como juego”, según Johan Huizinga. Él mismo dice en su libro Homo ludens que “para comprender la poesía hay que ser capaz de aniñarse el alma, de investirse el alma del niño como una camisa mágica y de preferir su sabiduría a la del adulto.

La mirada del poeta, la sabiduría del poeta, es la del niño, la de aquél que no sabe nada y se sorprende con todo, que puede jugar con la realidad, que se transforma y la transforma. Recordemos eso, y juguemos con las palabras, juguemos con la poesía, juguemos con la vida. Eso sí, juguemos bien.

@SaetasdeLuis