498. Tal vez

Poema #498.

Tal vez.

 

Tal vez sea todo culpa de la nieve

que prefiere otras tierras más polares,

lejos de estos trópicos.

 

Culpa de la nieve, de su falta,

-la falta que nos hace

cuando oculta sus copos y no cae,

cuando pospone, sin abrirlas, nuestras cartas.

 

Tal vez sea culpa de su olvido,

de nunca verla en estas calles

ni en los ojos, los gestos, las palabras.

Tantas cosas dependen noche y día

de su silencio táctil.

 

Nuestro viejo ateísmo caluroso

y su divagación impráctica

quizá provengan de su ausencia,

de que no caiga y sin embargo se acumule

en apiladas capas de vacío

hasta borrarnos de pronto los caminos.

 

Sí, tal vez la nieve,

tal vez la nieve al fin tenga la culpa…

Ella y los paisajes que no la han conocido,

ella y los abrigos que nunca descolgamos,

ella y los poemas que aguardan su página blanca.

 

Eugenio Montejo.

Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura y en  2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Se han publicado varios de sus poemas anteriormente en Trazos de la memoria. Fallece en Valencia, el 5 de junio de 2008.

No tengo dudas al respecto: el clima influye en las personas, en su manera de ser, de relacionarse, de actuar. Tal vez todo lo que sucede en ciertas tierras es culpa de la nieve, de no aparecerse por allí, de no cambiar el paisaje y hacernos descolgar los abrigos. Tal vez es culpa de la ausencia de estaciones bien marcadas, o de los recursos naturales que han tocado. Tal vez es culpa de la nieve, de su olvido, de nuestro calor… tal vez la culpa es nuestra.

@SaetasdeLuis

383. Danza en la nieve

Poema #383

Danza en la nieve

Después de tantos cambios de tiempo,
duros se levantaban unos árboles ante un gris mojado,
ninguna otra cosa se le ocurría al invierno-
¡nieva!, ¡nieva!
Sobre el este y el oeste cae nieve,
cubre, iguala,
como si, por obra del tiempo,
hubiera vencido el socialismo
y Mariano Medina, el hombre del tiempo que empuja las nubes,
fuera -inmediatamente después del telediario-
su profeta.

Bailemos en la nieve, así,
mientras siga aquí, dejaremos huellas
en el blanco que crepita,
huellas que queden, huellas que queden,
hasta que -está anunciado- llegue el deshielo,
este u oeste, desnudos de nuevo
y sin manto, se puedan distinguir.

Bailemos en la nieve.

Günter Grass

Poeta, ensayista y novelista alemán nacido en Dánzig (actualmente Polonia) en el año 1927. Actualmente reside en Berlín y es una de las figuras más importantes de la literatura alemana contemporánea. Obtuvo, en el año 1999, el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias. A los 17 años de edad perteneció a las Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial, pero sólo por unos meses, y el escritor afirma que no lo hizo de manera voluntaria.

Esperar y bailar. El tiempo transcurre, la nieve cae y luego el deshielo, todo quedará al descubierto. La naturaleza sabe de momentos, de instantes adecuados. Es necesario dejar huella ahora, tarde o temprano nuestro momento llegará. ¡Bailemos! Celebremos la vida con esta danza en la nieve.

@LauraAlessR

340. Nieve

Poema #340.

Nieve.

 

Retrocede, combate

hacia atrás, corazón mío.

Cíñete al amor, queda

activo en cuerpos, en

materiales amantes.

Olvida la nieve, vive

con los tuyos, desciende

a la ternura. Este

es tu país.

¡Oh la sed, oh la sed!

¿Por qué este mismo fuego

me empuja hacia la nieve?

Subir, subir al agua

eterna donde viven

la claridad y el frío.

Un sueño: cumbre inmóvil.

Nada y luz. Nadie, nadie.

Oh Dios, si sólo un pájaro

me visitase en esta

región de libertad.

Atrás, puros espacios,

belleza inhabitable.

vuelva la sed a su

origen en el fuego.

 

Antonio Gamoneda.

Poeta español nacido en Oviedo en 1931. Ha vivido desde los 3 años en la ciudad de León. Fue parte de la resistencia intelectual al Franquismo. Ha publicado una considerable obra ensayística y poética que le ha valido varios premios, entre ellos el Cervantes, en el año 2006, y el Premio Nacional de Poesía en 1988.
Podríamos trazar una línea entre los elementos opuestos. El origen de la sed que nos acompaña: el fuego, externo e interno. Nos invita a olvidar la nieve, a ceñirnos al amor, a buscar el agua eterna. La nada luminosa de la libertad en la nieve, la sed que da el fuego y que la transforma en agua, que busca el encuentro, aunque fuese de sólo un pájaro. ¿Qué región es más inhóspita, inhabitable, para nosotros? La palabra, como la nieve, cae, se condensa, y nuestra sed la vuelve agua que nos sacia.

@SaetasdeLuis