560. Despertares

Poema #560.

Despertares.

 

Es extraño despertarse a veces en plena noche.

En pleno sueño alguien toca la puerta

y en la extraordinaria ciudad de medianoche

de medio-sueño de medio-recuerdo

las puertas de los zaguanes retumban

con estrépito de calle en calle

 

Quién es ese visitante nocturno de rostro desconocido,

qué viene a buscar, qué espía.

Es un mendigo que pide pan y albergue

es un ladrón, es un pájaro,

es un reflejo de nosotros mismos en el hielo.

Quién vuelve de un abismo de transparencia

e intenta volver a entrar en nosotros.

 

Él se da cuenta que hemos cambiado

que la llave ya no puede abrir la cerradura

de la puerta misteriosa de los cuerpos.

Aunque sólo hayan pasado segundos desde que nos dejó

en el momento inquietante en que se apaga la luz

 

¿Qué sucede entonces?

¿Dónde deambula? ¿Sufre?

¿Es ése el origen de los fantasmas?

¿El origen de los sueños?

¿El nacimiento de los recuerdos?

 

No toques nunca a mi puerta visitante.

No hay sitio en mi casa ni en mi corazón.

Para las antiguas imágenes de mí mismo

tal vez me reconozcas.

Yo no sabría ya reconocerte.

 

Robert Desnos.

Poeta francés nacido en Paris en 1900. Publicó varios escritos en una revista socialista llamada La galería de los jóvenes. En 1919 publicó los primeros poemas en Le fards de argonautes y se reunió con André Breton, Péret, Tzara y Aragon, integrándose en 1920 al grupo surrealista. Mostró sus habilidades literarias jugando con el idioma, y convirtiéndose en un experto de la ”escritura automática” en sus poemas titulados Oasis” yAsilo amigo“. En la segunda guerra mundial se alistó en el ejército francés. Publicó una serie de ensayos contra los nazis que le valieron su reclusión en varios campos de concentración. Falleció ocho días después de ser liberado por el ejército ruso en junio de 1945.

La siempre-cambiante cerradura, la llave que no muta y que busca abrir la misma puerta en el reflejo del recuerdo. Tiempos que cambian, inestables, cambios que notamos y que no notamos, el encuentro de nosotros mismos con nuestro recuerdo que ya no es ajeno. Aunque existe la insistencia en aferrarse, el cambio es natural. ¿Quizás así surgen los fantasmas, los sueños? Nuestras antiguas imágenes, es cierto, todavía son nosotros, aunque no las reconozcamos. Lo dijo Rimbaud, je est un autre, y en la otredad también nos definimos, en ese no-ser en el que nos reflejamos, en esa ausencia presente que, a veces, nos toca la puerta a medianoche y nos recuerda lo que ya no somos y ese punto en el que los tiempos se entrecruzan y, a instantes, nos definimos y desdefinimos.

@SaetasdeLuis

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111. Salir

Poema #111

Salir

Salí, sin ser notada

San Juan de la Cruz

Salir, siempre salir. El éxodo es mi patria.

Encontrarse saliendo una y otra vez

del hogar esclavizante. Afrontar

la libertad de partir continuamente

al retomar la llave que impedía

el paso decisivo: despedirse.

Que la casa se transforme en campamento

a desmantelar cada mañana. Que la marcha

se inicie, puntual, en la precisa hora,

la que obliga a encarar el adelante

y no mirar hacia atrás, no prolongar

el adiós junto a la inminencia del trayecto.

Jugar la apuesta cifrada por el ir

permanente, en perseverante riesgo. Abdicar

del poder que acumula lo individual

encerrado  en un glóbulo monádico y lo social

establecido.  Renunciar a lo anterior ya confortable

y a lo exterior vuelto adherencia. Destapar

significados no fijables al sentido de todo.

Desconfiar ante la situación que parece detener

el tiempo y el espacio de este fluido universo

cuyo objeto es expandirse. Escapar de la parálisis

marmórea fabricada por el éxito.  Preferir, más bien,

la elástica materia del fracaso

con la que se puede moldear una figura

fugitiva de la gloria: ella aligera el equipaje.

Alejarse del dogma intransitivo. No atender

la fórmula mapificada  como límite

de la constante expedición que amplía la verdad.

Arriesgarse al nomadismo de la mente,

el que descubre las infinitas aperturas

de un cuerpo, de un texto, de un momento,

de un paréntesis monótono, de un clausurado círculo.

No proyectar lo imprevisible. Imitar

la sobreabundancia trascendente

que penetra, hasta el tuétano, este mundo

pero no sedentariza en él su plenitud

invitando a la perpetua búsqueda.

Mas el deseo central que explica la salida,

su auténtico móvil, su horizonte,

es, a semejanza del autoolvido de Dios,

quien creó fuera de él otra realidad

diferente a la absoluta tan sólo para dársele,

el abandono de sí mismo en el amor.

Armando Rojas Guardia

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en el año 1949. Publicados anteriormente aquí: “¿Y si fuera verdad..?” , “La noche del deseo” y “Causa perdida”. Entre sus poemarios se encuentran: “Del mismo amor ardiendo” (1979), “Yo que supe de la vieja herida” (1985), “Hacia la noche viva” (1989),  “Fuera de tiesto” (2008), entre otros. Fue miembro  del grupo Tráfico y participó en el Taller de Calicanto y Antonia Palacios.

Y aprendes a despedirte, a decir adiós, para cambiar. Porque existe una inquietud que te mueve, que desea arriesgarse por todo aquello que está afuera, que aún no has visto. “Salir, siempre salir”… como aprendido desde siempre, porque nacemos para partir.  “Arriesgarnos al nomadismo de la mente”,  el darse la oportunidad sagrada de sorprenderse,  invitando a la búsqueda, al eterno movimiento.

Pasar del adiós al encuentro, del resguardo a la apertura y penetrar el mundo, abandonarse, una y otra vez,  al amor. Redescubrir (se) amerita movimiento.

Gracias mom, este poema va para vos.

@LauraAlessR