503. Mes de mayo

Poema #503

Mes de mayo

Escribo, escribo, escribo
y no conduzco a nada, a nadie.
Las palabras se espantan de mí
como palomas, sordamente crepitan,
arraigan en su terrón oscuro,
se prevalecen con escrúpulo fino
del innegable escándalo:
por sobre la imprecisa escrita sombra
me importa más amarte.

Ida Vitale

Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Estudió Humanidades. Fue profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio. Es una de las voces principales de la llamada generación del 45, y en la actualidad, es uno de los nombres imborrables de la poesía hispanoamericana. Es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: “La luz de esta memoria”, “Palabra dada”, “Oidor andante”, “Jardín de sílice”, “Plantas y animales”, entre otros.

Al colocar a contra luz los restos: notas, apuntes, borrones, trazos, se dibujan en la pared formas. Detalladas siluetas de cosas, animales, lugares, recuerdos, personas, entre otros. Cuánto aguarda en las sombras de la escritura, cuánto invade al escritor. Cuánta pasión juega a escondidas entre las letras hasta colocar un punto y vivir.

@LauraAlessR

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246. Los letrados

Poema #246.

Los letrados.

 

Lo prostituyen todo

con su ánimo gastado en circunloquios.

Lo explican todo. Monologan

como máquinas llenas de aceite.

Lo manchan todo con su baba metafísica.

 

Yo los quisiera ver en los mares del sur

una noche de viento real, con la cabeza

vaciada en frío, oliendo

la soledad del mundo,

sin luna,

sin explicación posible,

fumando en el terror del desamparo.

 

Gonzalo Rojas.

 

Poeta chileno (1917-2011), ganador del Premio Nacional de Literatura de Chile y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1992, entre otros. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue diplomático en China y Cuba, y profesor en universidades chilenas y extranjeras, incluyendo la Universidad Simón Bolívar, en Caracas.

Para adentrarse en círculos literarios, en premios, en menciones, “hay que prostituirse”, me dijo enfáticamente una amiga. No creo que tenga que ser tanto así, aunque creo que, sin lugar a dudas, muchos escritores se prestan a la prostitución literaria, buscando escribir obras que satisfacen el gusto de los críticos: un poema largo hoy, un poema sobre la memoria mañana, un texto sobre el suceso de moda, buscando sin duda, sólo gustar a los críticos.

Quisiera verlos -a los letrados- en los mares del sur, rodeados de horizontes, sin explicación posible y entregados a la intemperie. Quisiera vernos, estar ahí, descubrir el desamparo absoluto que cala hasta el alma y sacude, y nos sacude de toda esa baba metafísica. Como dice Bukowski, “siempre habrá dinero y putas y borrachos hasta que caiga la última bomba”, y también seguirán los letrados y la prostitución literaria.
@SaetasdeLuis

203. Escribo, borro, reescribo…

Poema #203

Escribo, borro, reescribo,

borro otra vez, y entonces

florece una amapola.

Hokushi

Poeta japonés, nacido en 1665. Se dice que su verdadero nombre fue Tachibana Genjiro. Fue herrero y comerciante.  Discípulo de Matsuo Bashō. También utilizó el nombre Tokiya Genjiro. Su trabajo está incluido en varias antologías. Fallece en 1718.

El ejercicio de escribir. Escribir todos los días, aunque sea solo un poco. Volver a lo escrito, revisarlo, recorrerlo. Borrar y escribir hasta ver florecer una amapola. Allí entre las letras, desde la palabra y el ejercicio nace la llama de la vida. Así, la palabra se hace cuerpo, empieza a valerse por sí misma. La labor está completa, pues al regresar a lo escrito ya no habrá palabras ni frases o versos, ahora hay vida y es preciso dejarla ir.

@LauraAlessR

174. Oda a la cebolla

Poema #174.

Oda a la cebolla.

 

Cebolla,

luminosa redoma,

pétalo a pétalo

se formó tu hermosura,

escamas de cristal te acrecentaron

y en el secreto de la tierra oscura

se redondeó tu vientre de rocío.

Bajo la tierra

fue el milagro

y cuando apareció

tu torpe tallo verde,

y nacieron

tus hojas como espadas en el huerto,

la tierra acumuló su poderío

mostrando tu desnuda transparencia,

y como en Afrodita el mar remoto

duplicó la magnolia

levantando sus senos,

la tierra

así te hizo,

cebolla,

clara como un planeta,

y destinada

a relucir,

constelación constante,

redonda rosa de agua,

sobre

la mesa

de las pobres gentes.

 

Generosa

deshaces

tu globo de frescura

en la consumación

ferviente de la olla,

y el jirón de cristal

al calor encendido del aceite

se transforma en rizada pluma de oro.

 

También recordaré cómo fecunda

tu influencia el amor de la ensalada,

y parece que el cielo contribuye

dándote fina forma de granizo

a celebrar tu claridad picada

sobre los hemisferios de un tomate.

Pero al alcance

de las manos del pueblo,

regada con aceite,

espolvoreada

con un poco de sal,

matas el hambre

del jornalero en el duro camino.

Estrella de los pobres,

hada madrina

envuelta

en delicado

papel, sales del suelo,

eterna, intacta, pura

como semilla de astro,

y al cortarte

el cuchillo en la cocina

sube la única lágrima

sin pena.

Nos hiciste llorar sin afligirnos.

Yo cuanto existe celebré, cebolla,

pero para mí eres

más hermosa que un ave

de plumas cegadoras,

eres para mis ojos

globo celeste, copa de platino,

baile inmóvil

de anémona nevada

y vive la fragancia de la tierra

en tu naturaleza cristalina.

 

Pablo Neruda.

Poeta chileno, considerado entre los más influyentes del siglo XX, así como destacado activista político y miembro del comité central del Partido Comunista. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y en 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura. Figuras como Harold Bloom y Gabriel García Márquez lo han considerado un gran poeta, sin comparación en el siglo XX. Sus “Odas elementales”, de donde viene este poema, cantan y celebran cuestiones cotidianas y sencillas, exaltándolas.

Este poema siempre me recuerda a un profesor muy apreciado que me dio clases en la Escuela de Letras, quien lo utiliza como ejemplo en repetidas ocasiones, recitando fragmentos y comentando sobre el extrañamiento que logra el poeta para ver la cebolla de otras tantas maneras. El poeta debería, ciertamente, vivir sorprendido y extrañado ante la realidad, permitiendo que sucedan “chispas” entre conexiones inusitadas de elementos, generando así potentes imágenes. ¿Cuántas veces han comido una cebolla sin pensar en las imágenes que nos da Neruda? ¿En esa rizada pluma de oro, globo celeste o baile inmóvil de anémona nevada?

Lo más gracioso es que no me gusta, para nada, la cebolla. Pero he de admitir que resulta un poco más interesante una redonda rosa de agua.

@SaetasdeLuis

38. La búsqueda

Poema #38.

La búsqueda.

 

Nunca encontramos el Grial.

Los relatos no eran verídicos.

Sólo la fatiga de los caminos acompañó

a los que se aventuraron,

pero se esperaban historias,

¿qué sería nuestro vivir

sin ellas?

 

Nada se resolvió,

hubiéramos podido quedarnos en casa.

Es que somos tan inquietos.

Sin embargo, concluido el viaje

sentimos que en nosotros

-ya no rehenes

de la esperanza-

había nacido

otro temple.

 

Rafael Cadenas.

Ya hablé de Rafael Cadenas aquí. Poeta y ensayista venezolano, nació en Barquisimeto, en 1930. Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1985, formó parte del grupo “Tabla Redonda” y dio clases en la Escuela de Letras de la UCV. Su obra poética ha sido traducida a muchos poemas, y tiene un muy interesante libro-objeto editado por La cámara escrita llamado “Rostros y decires”, donde encontré este poema.

La búsqueda… La búsqueda es algo que siempre está presente en nosotros, siempre estamos buscando algo, siempre estamos en busca de algo, aunque no sepamos de qué, o aunque creamos saberlo. La búsqueda es parte de ser humanos, de existir. Así sucedió mucho tiempo con el Grial, objetivo de los caballeros durante mucho tiempo, que inclusive hoy en día sigue permaneciendo como un enigma. Como bien dice Rafael Cadenas, “nunca encontramos el Grial”, pero el viaje es necesario para cambiar lo que hace a los caballeros, no es igual aquél que se queda en casa que aquél que vuelve del viaje -aunque sin el Grial- lleno de experiencias, historias y aventuras. De esa manera es que desarrollamos el temple del que Cadenas habla, el que experimentan tantos héroes y que resulta tan necesario, la búsqueda es el motor de nuestro viaje, la esperanza que, luego, se transforma en algo más dentro de nosotros, que nos templa.

Apartando mi fascinación por el tema, me resultó bastante sorpresivo ver este poema en Cadenas, en quien no esperaba encontrar un poema tan directo en relación con el Grial. Por supuesto que la escritura del poeta está llena de búsquedas, de enigmas, de planteamientos que quiere resolver a lo largo de toda su obra y que van cambiando con el tiempo, pero… ¿El Grial? ¿Qué es el Grial? ¿Qué nos mueve a buscarlo? Quizás es, sencillamente, la búsqueda…

@SaetasdeLuis