396. Dios, es de día, vengo

Poema #396.

Dios, es de día, vengo.

 

Dios no existe en lunes, desenvuelto sobre tierra

en tono tierno o abriendo los quejidos del veneno.

Dios oculto en su cuchillo y dejando una tinta siena

sobre el buey tirado en la sabana, comedor del cielo.

Dios que vino a bordo y púsose a oler pasionarias

y a escalar muros y a darle vueltas y más vueltas a la casa.

Dios mate, Dios que quiso besarte cuando dormías

y decirte eres flor, eres sigilo, carga, desamparo.

 

Dios a quien, si lo sorprendo, habrá de hincarse

y pedirme perdón y explicarme llagas de los mártires,

Dios que prosigue en el ser, pero que atonta.

Dios como un sombrero sobre el grito de todo el mundo.

 

Dios

y su alfiler,

 

Dios, es de día, vengo.

 

Jesús Sanoja Hernández.

Poeta venezolano, nació en Tumeremo en 1930 y falleció en Caracas en el año 2007. Se graduó de Letras en la Universidad Central de Venezuela y fue miembro y cofundador del grupo literario Tabla Redonda y las revistas Cantaclaro, Tabla Redonda y Cambio. Este texto pertenece a su único poemario, “La mágica enfermedad”, que fue difundido -aunque no ganó- durante el Premio José Rafael Pocaterra de 1968.

Dios no existe en lunes, ¿y en martes, miércoles o viernes? Dios está oculto, vino a bordo, prosigue pero nos atonta, dice el poeta. Dios como una abertura hecha por un alfiler hacia el infinito, ¿cómo es? ¿dónde está? Sin duda, tendrá que explicarnos algunas cosas, si llegamos a sorprenderlo por ahí.

@SaetasdeLuis

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182. Máquinas de ahora

Poema #182.

Máquinas de ahora.

 

Va naciendo temor en el engranaje, el no de la pausa,

y perdiéndose la esperanza de vencer, el sí de la pelea,

tragaluz en el candado, herraje en las ciudades,

posibilidad trunca en cada cuarto.

 

En un hermoso abrazo el escogido felicita al héroe

y éste se conturba; porque le falta tiempo,

porque no puede visitar a su madre, porque junta sueldos

y vive en ínfima condición, filtrado por el miedo.

 

A punto de que lo consideren abatido, brinda y exalta

y va sentándose con el segundo, con el quinto,

y canta como si fuera día de fiesta y en su voz

no hay limadura, ni afrenta, ni violencia.

 

Adentro está la máquina. Exaspera. Y por más

que él se balancee a la derecha, algo lo inclina a la izquierda,

y la subsistencia se hace hiladiza

y el aceite se sobrepasa en lo profundo.

 

Allí está la fábrica sacando azules enlatados

y amores con tuercas y rígidos maniquíes de pasión.

Allí los mecanismos dando saltos salvajes

en frascos con tapas de lujuria, en paraísos

con serpientes de cien hojas.

 

Y el héroe no alcanza el cielo,

lo agarran manos, pinzas, hierros de amplia boca:

y así goza, no tanto a solas como fecundado

por multitudes que aman con piezas voladoras.

 

Jesús Sanoja Hernández.

Graduado en Letras en la Universidad Central de Venezuela, nació en Tumeremo en 1930 y falleció en Caracas en el año 2007. Fue miembro fundador del grupo literario “Tabla Redonda”, y cofundador de importantes revistas literarias venezolanas, como Cantaclaro, Tabla Redonda y Cambio. También fue columnista de varios periódicos, actividades que lo llevaron a recibir Premios importantes de periodismo. Este poema pertenece a su poemario “La mágica enfermedad”, una de las joyas poco conocidas de la poesía venezolana y único libro del poeta. Fue divulgado -pero no ganador- en el Premio José Rafael Pocaterra de 1968.

Surgen preguntas que se conectan con las palabras que va trazando el poema. Me pregunto: ¿podrá surgir un héroe de una estirpe de cobardes? ¿podrá surgir un cobarde de una estirpe de héroes? La historia estará, con seguridad, plena de ejemplos que avalen mis preguntas, pero qué dirá nuestro tiempo, nuestro ahora. ¿Qué somos hoy en día? ¿Máquinas u hombres? ¿Qué nos aviva, qué nos mueve? Quizás un montón de cosas nos mantienen en la vía cotidiana, nos abaten, nos extirpan la esperanza de vencer, la vida, la posibilidad de alcanzar el cielo… ese cielo que siempre se ha reflejado en nuestros ojos.

@SaetasdeLuis