526. Mañana y entrada

Poema #526.

Mañana y entrada.

 

La gaviota marina, el capitán del sol, dirige el curso.

Bajo ella está el mar.

El mundo sigue dormitando como una

piedra multicolor en el agua.

Día no descifrado. ¡Días

como la escritura azteca!

 

La música. Y yo estoy atrapado

en su gobelino, los brazos

al aire, como una figura

del arte rural.

 

Tomas Tranströmer.

Poeta sueco nacido en Estocolmo, el 15 de abril de 1931. Es psicólogo, poeta y traductor. Su obra ha sido traducida en más de 50 lenguas. Entre sus poemarios podemos nombrar: El cielo a medio hacer (1962), La barrera de la verdad (1978), La plaza salvaje (1983), entre otros. Ha sido galardonado con numerosos premios, entre los cuales destaca el Premio Nobel de Literatura 2011.

Hablar de imágenes que están presentes en todas las pupilas, inclusive aquellas que no las han visto. Hablar de ellas trazando una relación no esperada, pero íntima, esencial. Hablar creando algo que ya sentimos dentro y que está no sólo en nosotros sino también en nuestra historia. El camino entre nosotros y los otros no es largo, la distancia que nos diferencia siempre ha sido breve.

@SaetasdeLuis

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60. Si

Poema #60.

Si.

 

Si las cosas hablaran

-pero si hablaran, también podrían mentir.

Sobre todo las más corrientes y poco apreciadas,

para llamar finalmente la atención.

 

Da pánico pensar

qué me diría tu botón descosido,

y a ti, la llave de mi puerta,

esa vieja mitómana.

 

Wislawa Szymborska.

Éste no es, ni remotamente, el mismo Si de Rudyard Kipling. Este condicional se acerca más al que se dice en la intimidad, abrazado a la amante, en silencio, sin elevar la voz más allá de un susurro. Wislawa Szymborska es una poeta, ensayista y traductora polaca, nacida en 1923, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996, de quien ya tenemos un poema en Trazos de la memoria.

¡Con qué intimidad y con qué simpleza escribe Szymborska estos versos! Es imposible recitar este poema grandilocuentemente, ni siquiera pensarlo. Leerlo nos transporta a la intimidad, a palabras dichas a media voz, a esas reflexiones ociosas cuando tenemos la calma para ver el mundo de otra manera. ¿Qué pasaría si las cosas hablaran? No las grandes cosas sino las pequeñas, las íntimas, las que podrían llamar la atención narrando historias escandalosas que, quizás, conocen. El segundo verso muestra con sutileza que todo lo que habla “también podría mentir”, como si fingir, inventar, exagerar fuese inseparable de la comunicación, como si, frecuentemente, sucediera así. Quizás algunas cosas podrían inventar historias extraordinarias. ¿Qué podría narrar un botón descosido, un bolígrafo, una vieja lámpara? Pero la poeta, como si de verdad nos estuviese hablando de esto en la intimidad de una habitación, se cubre la espalda al hablar de la llave de su puerta, “esa vieja mitómana”… Da pánico pensar lo que podrían decir algunas cosas sólo por llamar la atención.

@SaetasdeLuis