541. Digo de mí…

Poema #541

Digo de mí

trafico de grietas
incendio merecido

Jacqueline Goldberg

Nacida en Maracaibo el 24 de noviembre de 1966. Es Licenciada en Letras, narradora, ensayista, escritora testimonial, dramaturga, autora de literatura para niños y editora. Ya varios poemas de ella publicados en Trazos de la memoria.

Entonces uno se descubre leyéndose. Línea a línea se va dibujando un breve retrato, poco a poco, la revelación merecida. Ante tus ojos tú y el resto de la hoja en blanco.

 @LauraAlessR

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358. Incendio

Poema #358.

Incendio.

 

A veces había un incendio y yo entraba en él

y salía ileso y seguía mi camino,

y para mí era tan solo otra cosa que hacer.

En cuanto a apagar el fuego, dejaba eso a los demás,

que se precipitaban a la oleada de humo con escobas

y mantas para sofocar las llamas. Cuando atravesaban el fuego

se amontonaban para hablar de lo que habían visto

-cuán afortunados habían sido al ser testigos de los lustres del calor,

cómo acallaban las cenizas, pero más aún por haber conocido la fragancia

del papel en llamas, el sonido de las palabras en su último respiro…

 

Mark Strand.

Poeta canadiense de nacionalidad estadounidense, nace en 1934 y se dedica a la poesía, la narrativa, el ensayo, la crítica del arte y la escritura en general. Ha traducido, entre otros, a Rafael Alberti y Carlos Drummond de Andrade. Fue designado Poeta Laureado de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso en 1990, en 1991 obtuvo el Premio Bollingen y en 1999 su poemario Blizzard of one obtuvo el Premio Pulitzer. Vive en Nueva York, donde es profesor de la Columbia University.

El papel en llamas, el sonido de las palabras en su último respiro, el ejercicio de adentrarse en el incendio y seguir el camino. Hay algo en el fuego, en su danza secreta, en sus misterios, que nos habla con otro aire, con otra fragancia que pocos llegan a conocer. En cuanto a apagar el fuego, dejo eso a los demás, quizás sólo hacía falta una escalera para incendios.

@SaetasdeLuis

303. El reposo del fuego

Poema #303

El reposo del fuego
(Don de Heráclito)

Pero el agua recorre los cristales
musgosamente:
ignora que se altera,
lejos del sueño, todo lo existente.
Y el reposo del fuego es tomar forma
con su pleno poder de transformarse.
Fuego del aire y soledad del fuego
al incendiar el aire que es de fuego.
Fuego es el mundo que se extingue y prende
para durar (fue siempre) eternamente.
Las cosas hoy dispersas se reúnen
y las que están más próximas se alejan:
Soy y no soy aquel que te ha esperado
en el parque desierto una mañana
junto al río irrepetible en donde entraba
(y no lo hará jamás, nunca dos veces)
la luz de octubre rota en la espesura.
Y fue el olor del mar: una paloma,
como un arco de sal,
ardió en el aire.
No estabas, no estarás
pero el oleaje
de una espuma remota confluía
sobre mis actos y entre mis palabras
(únicas nunca ajenas, nunca mías):
El mar que es agua pura ante los peces
jamás ha de saciar la sed humana.

José Emilio Pacheco

Escritor mexicano, perteneciente a la llamada “generación de los años 50″. Nació en 1939 en Ciudad de México. Ha obtenido importantes galardones a lo largo de su vida, entre ellos el Premio Nacional de Poesía, el Premio Nacional de Periodismo Literario y el Premio Octavio Paz. Ya varios de sus poemas publicados en Trazos de la memoria.

Hablar del fuego ante su opuesto es amor, espera y encuentro. Él reposa pero vive en su sustancia la explosión, el impulso. Los cambios del fuego son rápidos, sin embargo, necesita tiempo para tomar forma. Fuego que arde y se extingue, eternamente. Fuego en cambio ante la mar, que habla con palabras prestadas. Ser y dejar de ser, ante la inmensidad nada en suficiente.

@LauraAlessR

167. 1

Poema #167

1

Todo salto vuelve a apoyarse.
pero en algún lugar es posible
un salto como un incendio,
un salto que consuma el espacio
donde debería terminar.

He llegado a mis inseguridades definitivas.
Aquí comienza el territorio
donde es posible quemar todos los finales
y crear el propio abismo,
para desaparecer hacia adentro.

 Roberto Juarroz

Fue un ensayista, traductor y crítico literario argentino. Nació el 5 de octubre de 1925. Fue miembro de número de la Academia Argentina de Letras y catedrático universitario por más de treinta años. Recibió varios premios entre los cuales destaca el Gran premio de honor de poesía de la Fundación Argentina de Buenos Aires. Fallece el 31 de marzo de 1995. Publicado anteriormente aquí “Poesía vertical 22”.

Empezar a crear el propio abismo. Un salto definitivo porque la incertidumbre tiene ahora un rostro invariable. Incendiar el final, consumir un espacio, combustión propia. Arder hacia dentro y desaparecer. Final que es principio, fuego que desfigura la superficie abriendo paso hacia el interior, dando vida adentro. Inicio de nuevo, nuevo territorio. Ingreso a lo interno, hacia las profundidades. Últimas limitaciones de un borde.

@LauraAlessR

67. ATIENDA AQUEL QUE DIJO …

Poema #67

ATIENDA AQUEL QUE DIJO

hallar dicha y sosiego

en un sueño beatífico y tranquilo;

atienda a lo que digo y lo que creo.

¿Sabes, nocturno amigo,

a qué cosa en verdad llamamos sueño?

Atiende, hermano mío,

sin pena y sin recelo,

yo, que he soñado, yo, que no he dormido,

te pregunto sin voz desde mi lecho:

¿crees que el sueño protege del abismo,

rescata del asalto y del incendio?

Yo, soñadora inmóvil, no he creído

en mi rostro apacible cuando duermo.

Lucho soñando, sórdida, conmigo,

con un pájaro extraño, con el viento,

con un agudo y afilado pico

que me horada las sienes y el cerebro

y dejo sangre en el cojín y heridos

flotan ardiendo, aullando, mis cabellos.

Soñador y sonámbulo es lo mismo.

Se va entre nieblas, huérfano.

¿Quién hiló las almohadas? ¿El olvido?

La mano movediza del recuerdo

con un sombrío ovillo

y tejió la crisálida del lienzo

con una larga víbora de lino

que se enrosca en el alma y en el cuerpo.

Atienda aquel que alguna vez me dijo

hallar quietud seráfica en el sueño;

atienda a mi creencia, a mi pregunta,

que es la de todo soñador despierto.

Creo en mi corazón, su llama oculta

bajo las sábanas, ardiendo.

Creo en mi sangre muda

corriendo como un río del infierno.

¿Cree alguien en la calma de las tumbas,

en la paz de los muertos?

Quieren creer… ¡No lo han creído nunca!

Descansa en paz, sólo es un gran deseo.

Descansa en paz, pero la paz no escucha;

descansa en paz, pero el descanso es ciego.

La muerte, insomne, mira hacia la lucha

y el sueño es el más íntimo desvelo.

Ida Gramcko

Fue una poeta, ensayista, dramaturga, cuentista y periodista. Nació el 11 de octubre de 1924 en Puerto Cabello (Venezuela).  Recibe el Premio Nacional de Literatura (1977), el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), Premio Municipal de Poesía (1962).  Entre sus poemarios se pueden nombrar: “Umbral” (1941),” La Vara Mágica” (1948), “Poemas de una psicótica” (1964),” Sol y soledades” (1966), “Sonetos del origen” (1972),” Salto Ángel” (1985), “Treno” (1993), entre otros. Falleció  el 2 de mayo de 1994.

Y en la noche dormida lucho con un extraño, dejando marcas rojas en la almohada. Sobrevivo del sueño, porque aunque con rostro de reposo, la paz no asiste. Es entonces cierto, el sueño se parece a la muerte o es quizás la muerte misma. Hablar de esos fantasmas que a oscuras  llegan, ya no importan los ojos, las sombras se extienden  más profundamente cuando el cuerpo descansa y es entonces débil, señuelo del sueño. Porque allí la forma se diluye y es la materia la que se agrieta o condensa  para habitar los sueños. La materia, esa que sabe de nosotros, narra o dibuja esas imágenes ocultas robándose la paz. No olvidamos lo que somos cuando dormimos, no olvidamos lo que nos ocurre, lo revivimos desde la materia pura. Pocos son los que navegan en el rio hacia el infierno, soñando, durmiendo. Extraer imágenes de lo profundo deja huellas de sangre en la almohada. Y se repite la pregunta una y otra vez: “¿crees que el sueño protege del abismo, ­/ rescata del asalto y del incendio? “

@LauraAlessR

 

 

59. Destino

Poema #59

Destino

Un oscuro impulso incendió mis bosques

¿Quién me dejó sobre las cenizas?

Andaba el viento sin encuentros.

Emergían ecos mudos no sembrados.

Partieron el cielo pájaros sin nidos.

El último polvo nubló la frontera.

Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.

Enriqueta Arvelo Larriva

Poeta venezolana. Nació en Barinitas, un pueblo de los Andes, en 1886. En el año 1948 se muda a Caracas. En 1957 pública “Mandato del Canto” y recibe el Premio Municipal de Poesía. Sus poemarios publicados fueron: “El cristal nervioso” (1930),”Voz aislada” (1939), “Poemas de una pena” (1941), “Mandato del canto” (1946) “Poemas perseverantes” (1960) y “Antología poética” (1976). Fallece en 1962.

Primero decidí esperar para publicar este poema. Cuando intento escribir sobre él no puedo. Me encanta (mucho) y aunque esperé un tiempo considerable, la imposibilidad continúa. Aun así, no quiero esperar más y con el espíritu esperanzado quisiera que alguien se animara a comentarlo.

@LauraAlessR