595. El escondite

Poema #595

El escondite

Tengo miedo.

Jugábamos al escondite.
Yo me ocultaba
y tú me perseguías.
Pasaron largas horas
y tú no me encontrabas.
Pasó la primavera,
se esfumaron los largos días de verano
y vino el otoño con su crujir de madera seca
y vino el invierno con su dolor de corazón sepultado en la nieve.
Te espero en mi rincón
y tengo miedo.

Irene Sánchez Carrón

Poeta española nacida en Navaconcejo, Cáceres en 1967. Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Extremadura y en Filología Hispánica por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Se desempeña como profesora de Lengua Inglesa. Obtuvo el Premio Adonais 1999 con su libro “Escenas principales de un actor secundario”. Con el poemario “Porque no somos dioses“ recibió el Premio Valbón en 1966. En el año 2008 obtiene el XI Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza por su libro “Ningún mensaje nuevo”.

Pasar la vida en un rincón, esperando… Hay rincones que se mueven contigo, que te abordan de momento, que te alejan. Hay rincones de abismo, de soledad Existen rincones de descanso. No me agradan los rincones, son espacios propicios para emboscadas. Prefiero la intemperie y las posibilidades de perderse, sin buscar, sin esperar.

@LauraAlessR

Anuncios

322. Inmortalidad del reloj

Poema #322.

Inmortalidad del reloj.

 

Lo terrible es que,

aún cuando

el reloj se para,

sigue andando.

 

Fina García Marruz.

 

“Nociones elementales y algunas elegías” es el nombre del libro en el que esta poeta e investigadora cubana nacida en 1923 incluye este poema. Busca recuperar algunas de las certezas simples de la escuela básica (o elemental), y a través de esas sorpresas infantiles y esos juegos con el lenguaje, descubrir la esencia de la “primera y suficiente poesía”. Así, cada palabra parece cobrar una dimensión nueva, contener el asombro con el que aprendemos algo por primera vez, retomando esa sensibilidad de quien nunca ha sido tocado.

Tiempo. Una palabra que resuena en las agujas del reloj, que todos hemos escuchado alguna vez. Inmortalidad. Una búsqueda de adultos. La inmortalidad del reloj es simple: aún cuando se detiene, sigue andando. Y ahí está nuestro peso, nuestra imposibilidad. Si perdemos el tiempo, el tiempo nos perderá a nosotros, y lo terrible, también, es que nada que pueda hacer nuestro preciso invento al respecto. Somos hombres, y el tiempo sigue latiendo.

@SaetasdeLuis