406. [Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,]

Poema #406.

 

Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,

que el paso del animal, que deja un recuerdo en el suelo.

El ave pasa y olvida, y así debe ser.

El animal, donde ya no está y por eso de nada sirve,

muestra que ya estuvo, lo que no sirve para nada.

 

El recuerdo es una traición a la Naturaleza,

porque la Naturaleza de ayer no es Naturaleza.

Lo que fue no es nada, y recordar es no ver.

 

¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!

 

Alberto Caeiro.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa, poeta portugués, considerado el “Maestro” por todo el grupo. Un poeta de la espontaneidad, del instinto, de la vivencia. Según la historia del personaje, fue un campesino que sólo recibió la educación primaria, y creía en la ausencia de toda filosofía.

En el poema se llega al extremo de sólo vivir el presente, olvidar toda influencia del pasado y del futuro. Pasar sin dejar rastro, vivir sin memoria, siempre entregándose nuevamente como la primera vez, escuchando a la Naturaleza, al instinto, a la emoción humana que mueve y conmueve. Todos nuestros conceptos son cuestionables, convenciones que hemos decidido vivir. Y pasamos, como todo pasa, inclusive las huellas del animal.

@SaetasdeLuis

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262. XIII [Leve, leve, muy leve,]

Poema 262.

XIII.

 

Leve, leve, muy leve,

un viento muy leve pasa,

y se va, siempre muy leve.

Y no sé lo que pienso

ni procuro saberlo.

 

Alberto Caeiro.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa. Es considerado el “Maestro” por todos los del “grupo” de heterónimos, incluyendo al mismo Pessoa. Fue un personaje campesino, que recibió sólo la educación primaria, que creía en la naturaleza y en la ausencia de toda filosofía. No escribió prosa porque alegaba que sólo a través de la poesía podía dar cuenta de la realidad.

Dejar de pensar, dejar de saber, sólo dedicarnos a sentir y percibir todos los detalles de la vida, lo que pasa, lo que existe. Nada más.

@SaetasdeLuis

170. II [Mi mirada es nítida como un girasol.]

Poema #170.

II.

 

Mi mirada es nítida como un girasol.

Tengo la costumbre de andar por los caminos

mirando a la derecha y a la izquierda

y de vez en cuando mirando para atrás…

Y lo que veo a cada instante

es lo que antes nunca había visto,

y me doy buena cuenta de ello.

Sé sentir el asombro esencial

que tiene un niño si, al nacer,

de veras reparase en que nacía…

Me siento nacido a cada instante

a la eterna novedad del mundo…

 

Creo en el mundo como en una margarita

porque lo veo. Pero no pienso en él,

porque pensar es no comprender…

El mundo no se ha hecho para pensar en él

(pensar es estar enfermo de los ojos),

sino para mirarlo y estar de acuerdo…

 

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…

Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,

sino porque la amo, y la amo por eso,

porque quien ama nunca sabe lo que ama,

ni sabe por qué ama, ni qué es amar…

 

Amar es la eterna inocencia,

y la única inocencia es no pensar…

 

Alberto Caeiro.

Heterónimo de Fernando Pessoa. Es considerado el “Maestro” por todos los “del grupo”. Murió de tuberculosis después de vivir en casa de su tía-abuela con una modesta renta posterior a la muerte de su padre y madre. Es conocido como el poeta-filósofo, aunque él rechazaba el título y pregonaba una “no-filosofía”, creía que los seres simplemente son: se irritaba con la metafísica y cualquier tipo de simbolismo de la vida. Nace como el poeta de la espontaneidad, del candor y del instinto, como desarrolla en este poema. Aquí pueden leer otro poema suyo y leer más sobre Pessoa.

Volverse elemental, sólo ser. No pensar, sentir. Despojarse de todos los pensamientos, de todas las ideologías y, a través de la inocencia, descubrir el mundo, en cada instante, como algo nuevo. Al contrario de la frase que dice que no hay “nada nuevo bajo el sol”, todo es nuevo en el mundo para nosotros, de esta manera. Hablamos de lo que amamos, y así nos conectamos con el mundo, con la Naturaleza, con todo. Nos entregamos a los sentidos, al asombro esencial, al amor.

¿No es así? Hablamos de algo no porque sepamos lo que es, sino porque lo amamos: sin saber qué es, ni por qué amamos, ni siquiera qué es amar. Sólo amamos.

@SaetasdeLuis

76. Todas las cartas de amor son ridículas

Poema #76.

Todas las cartas de amor son ridículas.

 

Todas las cartas de amor son

ridículas.

 

No serían cartas de amor si no fuesen

ridículas.

 

También escribí en mi tiempo cartas de amor,

como las demás,

ridículas.

 

Las cartas de amor, si hay amor,

tienen que ser

ridículas.

 

Pero, al fin y al cabo,

sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor

sí que son

ridículas.

 

Quién me diera el tiempo en que escribía

sin darme cuenta

cartas de amor

ridículas.

 

La verdad es que hoy mis recuerdos

de esas cartas de amor

sí que son

ridículos.

 

(Todas las palabras esdrújulas,

como los sentimientos esdrújulos,

son naturalmente

ridículas).

 

Álvaro de Campos.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa. Entre todos los heterónimos, fue el único en manifestar diferentes estilos poéticos a lo largo de su obra. Ingeniero de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo. Comienza su trayectoria como un decadentista (influenciado por el simbolismo), pero luego se adhiere al futurismo. Tras una serie de desilusiones con la existencia, asume una vena nihilista, expresada en aquel que es considerado uno de los poemas más conocidos e influyentes de la lengua portuguesa: Tabacaria. Aquí pueden leer sobre Fernando Pessoa.

Hoy es catorce de febrero, un día en el que todas las parejas (y todos los amores, que no siempre son lo mismo) sienten la necesidad (social y personal) de celebrar su sentimiento. Muchas de las cosas que hacemos en días como éste son, ciertamente, ridículas; esdrújulas ridiculeces, parte de la vida, porque “al fin y al cabo sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor son ridículas”. Entregarse al amor es entregarse al riesgo, a la incertidumbre y al vacío que llena el otro. Estamos conscientes, todas estas muestras de amor (sobre todo las que hacemos en días como hoy) son ridículas, sino no serían muestras de amor.

Disfruten el día, entonces, como disfrutarían cualquier otro. Escriban cartas de amor, tanto o más ridículas que las que jamás han escrito y leído, arriésguense y hagan el ridículo, porque si hay algo por lo que vale la pena hacerlo, es por amor. Si eso fracasa, siempre tendrán el amor después del amor, y seguirá la vida, siempre sigue. Los catorce de febrero no permiten a las parejas sentirse tan únicas como ellas creen serlo; como dice Clarice Lispector, de lo que no estamos conscientes (y que parecemos notar levemente en días como hoy) es de que “reinventamos la copia” en cada acto amoroso, en cada carta de amor, en cada relación y cada día.

@SaetasdeLuis

16. Autopsicografía

Poema #16.

Autopsicografía.

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que de veras siente.

 

Y quienes leen lo que escribe,

sienten, en el dolor leído,

no los dos que el poeta vive

sino aquél que no han tenido.

 

Y así va por su camino,

distrayendo a la razón,

ese tren sin real destino

que se llama corazón.

 

Fernando Pessoa.

 

Nació en Lisboa en 1888 y murió en 1935, 47 años después, en la misma ciudad. Se ganaba la vida como traductor y tuvo más de 72 heterónimos, entre los que resaltan Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares. Ha resultado un personaje sumamente enigmático, y escribió sobre sí mismo: “si después de yo morir quisieran escribir mi biografía / no hay nada más sencillo. / Tiene sólo dos fechas / la de mi nacimiento y la de mi muerte. / Entre una y otra todos los días son míos”.

 

La “autopsicografía” es, por supuesto, una revelación sobre sí mismo, sobre su carácter como poeta y sobre sus múltiples heterónimos. De igual forma, revela un poco lo que la poesía procura. Escuché alguna vez, me parece que en V de venganza, que “los artistas mienten para decir la verdad, mientras que los políticos lo hacen para ocultarla”. No es la única manera de escribir poemas, pero es una de las que se usan para revelar, de alguna manera, lo inefable, aquello que directamente podría resultar imposible de transmitir, y que requiere de la evocación del artista para permitir que el lector se identifique con algo que puede estar sintiendo o no. Sin la poesía no tendríamos más que el silencio o la banalidad ante algunas emociones y algunos momentos de la vida. El poeta transmite emociones, las evoca y, así, las hace reales para quienes leen sus poemas. ¿Finge o no finge? Es uno de los dilemas del arte, si es “verdad” o no lo es… ¿importa?

 

@SaetasdeLuis