168. Somari

Poema #168.

Somari.

No entiendo por qué escribo estos versos

si sé muy bien que otros los escribieron por mí

Pero ellos

¿en qué pensaban cuando los escribían?

Gustavo Pereira.

Hemos publicado varios poemas de este poeta y ensayista venezolano nacido en 1940 en Margarita. Ha obtenido numerosos premios como el Nacional de Literatura (2000), el Ramos Sucre (1997) y el Víctor Valera Mora (2011). Es autor de una extensa obra poética y literaria, con más de una treintena de libros publicados.

Gustavo Pereira dijo en una entrevista que le hizo Ramón Ordaz: “con esa palabra [somari] quise nominar un tipo de poema caracterizado por su brevedad y al mismo tiempo por su frescura, su espontaneidad. Me pareció pretencioso decirle poema a aquello. No podía decirle tampoco hai-ku ni tanka, porque estas formas tradicionales de la poesía japonesa responden a métrica y formas específicas. He podido decir también kipo o talu. Mi propósito era identificar un pequeño instrumento apto para ser leído con la prontitud que esta complicada sociedad exige, pero que al mismo tiempo no fuese tan… vamos a decir, inofensivo.”

Escribimos palabras que ya otros han escrito, temas que otros ya han realizado a lo largo de la historia, pero aún así lo volvemos a hacer, ¿por qué? Por saber, quizás, lo que ellos pensaban, lo que ellos sentían, en esos momentos. Porque la historia humana no es siempre acumulativa, sino que cada hombre ha de vivirla y aprenderla por sí mismo y a su manera. Quizás aunque parecidas, siempre son diferentes.

@SaetasdeLuis

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160. Escrito en la arena

Poema #160.

Escrito en la arena.

 

Única misión

dejar rastros…

Gustavo Pereira.

Poeta y ensayista venezolano, nacido en Margarita en 1940. Es fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Doctorado en la Universidad de París, ha recibido numerosos premios como el Nacional de Literatura en el año 2000, y el Víctor Valera Mora en en su pasada edición del 2011. Fue director de la Revista Nacional de Cultura desde 1999 hasta el año 2002. Autor de más de más de veinte libros, hemos publicado varios poemas suyos.

Quizás la hoja en blanco es igual de efímera, pero aún así escribimos con esa misión en mente: “dejar rastros”. La vida es tan cambiante como la arena, y todo lo que hacemos resonará por un instante -o no- antes de desdibujarse en una nueva ola, y dar paso a algo distinto. Buscamos la manera de dejar huella o rastros, de perdurar, pero probablemente actuaríamos distinto si estuviésemos conscientes de que todo lo que hacemos es como escribir en la arena, a pesar de nuestra “única misión”. Puede que por eso sea la pasión ciega de vivir así.

@SaetasdeLuis

124. Cuando se dice la palabra amigo

Poema #124.

Cuando se dice la palabra amigo.

 

Cuando se dice la palabra amigo se dice sólo lo indispensable

Vale decir

Hermano

Compañero

Familia

La vida que soñamos

El mar

Cotidianos sabores

Una cerveza bajo el limpio cielo

El olor a escafandra de cierto muelle

Una calle sola por donde desandamos nuestros huesos

Vale decir también

Agua cálida

El sol (que no es el mismo de otras partes)

Alguien en quien se piensa especialmente

Un hogar un rincón

No se dice Desprecio

Tampoco Humillación

Ni adiós

Ni escupitajo

Cuando se dice amigo se dice Certidumbre

Se dice Ternura

Se dice Costa Blanca y Común

Como Un Pan

Y se tiene una lámpara encendida en los ojos

Y un resplandor adentro

Gustavo Pereira.

Poeta, ensayista y crítico literario venezolano nacido en Margarita en 1940. Doctorado en la Universidad de París y fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Ha recibido diversos reconocimientos como el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) y el Premio Nacional de Literatura (2000). En 2008, el Festival Mundial de Poesía (quinta edición) fue dedicado a él.

Cualquier persona que haya aprendido a apreciar lo que es realmente una amistad puede sentir la misma “lámpara encendida en los ojos” y el “resplandor adentro” al leer este poema. La amistad es una de las formas más puras del contacto social e involucra, como bien enumera el poeta, sólo lo indispensable: un enorme cúmulo de bendiciones y alegrías contenidas en una sencilla palabra. Este poema me recuerda a algunas de las cosas que plantea en Sobre salvajes, cuando afirma la manera diferente que tienen los pueblos indígenas de relacionarse con el mundo y de expresarlo. Resulta como si todas esas palabras que el poeta escribe estuviesen contenidas en la palabra amigo, así como las palabras de los indígenas contienen una metáfora de la realidad, que es su realidad.

Ojalá cuando todos dijesemos la palabra amigo, resonara dentro de ella todo este poema, y la misma se convirtiese en Certidumbre, y en esa afirmación de todo lo que vale decir. Qué diferente sería el mundo si todos apreciaramos más, y de mejor manera, el valor de la amistad. Qué diferente es el mundo cuando se dice la palabra amigo con una lámpara encendida en los ojos. Gracias, amigos; gracias, vida.

@SaetasdeLuis

117. Hay un tiempo…

Poema #117

Hay un tiempo de echarse a pensar y un tiempo de arder

y días de caer rendidos bajo techo

Un tiempo de amar

hasta el fondo

y días de herrumbre inmersos en nuestras cosas

Hay un tiempo de tender la mano y un tiempo de golpear

y un recuerdo que naufraga en nosotros y un rostro que acaso hemos visto o no.

Gustavo Pereira

Poeta venezolano nacido en 1940. Ya tenemos varios poemas de él publicados en el blog. Fue miembro del grupo “Símbolo”. Ha recibido diversos  reconocimientos, entre ellos: el Premio Nacional de Literatura (2000), el Ramos Sucre (1997) y el Víctor Valera Mora (2011). Doctorado en la Universidad de París.

Concentrar el equilibrio de la vida en un poema. Entre eso que pasó y aquello que aún nos espera, hay tiempo para sentir, para pasar, para aceptar. Dejarnos, permitirnos pasar por cada uno de esos momentos para, así sin más, vivir a tiempo.

@LauraAlessR

86. En pie

Poema #86.

En pie.

 

Conozco de tristezas

Sé de puertas cerradas

Sé de la espalda expuesta al látigo y al odio

Sé de lejanos difuntos cubiertos

de ceniza (sonajeros solitarios

abandonados en cunas sin nadie)

Sé de incertidumbres y sobrecogimientos

 

Imperativos como la desgracia dejaron en mis bolsillos

sólo este

retrato macilento

y apenas en mi pecho polvo amargo del desamor

 

Conozco de tristezas

 

Sobre mi nuca cuatro siglos de pólvora y de dogma

hincaron los

pulgares ensangrentados del desprecio y la humillación

Por sentirme humano dejé extirpar en mí las costumbres

de mis antepasados

y la leche pisoteada de sus heridas

Así inicié mi aprendizaje occidental

 

pues

de tristezas

 

¿Pero hasta cuándo las tristezas?

 

¡Ya no más tristezas en la casa que habito

En el plato que tiendo

No más llaves siniestras ni disparos en la noche ni golpes

en la

puerta en lo alto del sueño

cuando ato al alma pliegues de este amanecer

ganado a porrazo y a mordisco!

 

Gustavo Pereira.

 

En el blog ya se pueden conseguir dos poemas de este poeta y ensayista venezolano nacido en Margarita (1940) y que ha escrito más de una treintna de libros. Doctorado en la Universidad de París y fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Ha obtenido numerosos premios, como el Nacional de Literatura (2000), el Ramos Sucre (1997) y el Víctor Valera Mora (2011).

Todos, inevitablemente, conocemos de tristezas. Hay muchas religiones que consideran que venir a la vida es venir a sufrir, y que la salida de la misma es el fin del sufrimiento. Las tristezas que nos definen son diferentes; las que más hondamente se clavan en nosotros, las que nos dificultan mantenernos en pie, no son iguales para todos. Puede que sepamos de lo que habla el poema, cuando menciona algunas de esas tristezas, de las que sabe y que, de distintas maneras, todos vivimos. Todos sabemos de tristezas, de tristezas propias y ajenas, también de tristezas sociales y arquetípicas.

Muchas tristezas son, inclusive, un “aprendizaje occidental”, el lugar del que provenimos define buena parte de nuestros sufrimientos, de nuestra historia, de quiénes somos. ¿Podemos trascenderlo? Yo considero que sí, pero esencialmente todas esas cosas están sobre nosotros. Sabemos, pues, de tristezas. La vida nos las enseña, nuestra cultura las transmite, y escribimos una y otra vez sobre ellas; “¿pero hasta cuándo las tristezas?”, ya no más, quisieramos decir, como enuncia el poema, “no más llaves siniestras ni disparos en la noche ni golpes en la puerta en lo alto del sueño”… ya no más, ya conocemos bien lo que es la tristeza.

@SaetasdeLuis

47. Preguntas sobre la pasión

Poema #47

Preguntas sobre la pasión

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Haga usted el favor de explicarme por qué la pasión ciega

Por qué desconoce lo apacible

Por qué a destiempo nos ahoga

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Haga usted el favor de decirme si es verdad que lo es todo

o simple pobre polvo de mueble usado

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Dígame si no es una visión de antaño

Si fluye a despecho de la incertidumbre

Si no es princesa de vacías tinieblas

Si no sabe a leche de fugacidad

:::::::::::

o es la más puta de las ilusiones.

Gustavo Pereira

Poeta, ensayista y crítico literario venezolano nacido en Margarita en 1940. Doctorado en la Universidad de París y fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Fue miembro del grupo “Símbolo”. Ha recibido diversos  reconocimientos, entre ellos: el Premio Joven Poesía de las Universidades Nacionales (1965), el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1988), el Premio Fundarte de Poesía (1993), el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) y el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (2000). En 2008, el Festival Mundial de Poesía (5ªedición) fue dedicado a Gustavo Pereira.

       –       Escoja las palabras que quiera y el tono que mejor se le dé. Preferiría que fuera simple y conciso, y de ser posible, trasmita seguridad en lo que diga.  Y así entonces, “haga usted el favor de explicarme por qué la pasión…”

     –     Puente y abismo. Compañera y enemiga. Fuerza y debilidad.  La pasión, la pasión… ¡ah!… “la más puta de las ilusiones.”

@LauraAlessR

8. Sobre salvajes

Poema #8.

Sobre salvajes.

Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocío Chirïké-yeetakuú, que significa Saliva de las Estrellas; a las lágrimas Enú-parupué, que quiere decir Guarapo de los Ojos, y al corazón Yewán-enapué: Semilla del Vientre. Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejokoki (El Sol del Pecho) para nombrar al alma. Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. Y para decir olvidar dicen Emonikitane, que quiere decir Perdonar.


Los muy tontos no saben lo que dicen

Para decir tierra dicen madre

Para decir madre dicen ternura

Para decir ternura dicen entrega


Tienen tal confusión de sentimientos

que con toda razón

las buenas gentes que somos

les llamamos salvajes.

Gustavo Pereira.


Poeta y ensayista venezolano nacido en Margarita en 1940. Doctorado en la Universidad de París y fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en el año 2000, y hace poco ganó el premio Víctor Valera Mora. Ha escrito más de treinta libros y, cabe destacar, le debemos el hecho de que la palabra ‘cultura’ aparezca en el preámbulo de la Constitución. De algo tiene que servir eso en algún momento, ¿no? Sería bueno si se hablara más sobre la cultura y su importancia.

Gustavo Pereira ha sido un defensor incansable de los derechos indígenas, y es realmente alguien en quien uno puede percibir la pasión sincera por el tema. Tuve la oportunidad de conocerlo y de escucharlo hablar en persona sobre los pueblos indígenas y, al comenzar a contar anécdotas y hablar más sobre sus vivencias, sus ojos brillan y su tono de voz cambia. Recuerda un montón de experiencias con la cultura indígena. Detalles maravillosos como los que deja plasmados en este poema, en el que vemos cómo el lenguaje es capaz de diferenciar enormemente nuestra manera de ver el mundo. La perspectiva indígena es naturalmente metafórica, mucho más esencial, conectada con la naturaleza. La cultura de una sociedad se enriquece con el conocimiento de otras culturas y el contacto e intercambio con las mismas; destruir y absorber no es tan enriquecedor como convivir, aprender de las otras culturas, como lo son las muchas culturas indígenas que tenemos dentro de nuestro territorio.

Comprender modos de vida y no juzgar. Es hermoso lo que muestra el poema, lo que dicen las lenguas indígenas sobre emociones que nosotros, también, sentimos, y la manera en la que lo hacen. Es hermoso notar que las palabras pueden disminuir el puente que las separa de las emociones, de la realidad, y de las cosas, y que hay palabras que pueden ser, en sí mismas, poesía. Si no juzgamos a otros como “salvajes” o “desiguales” por no compartir nuestros puntos de vista y aprendemos de ellos, nos abrimos a una nueva perspectiva, a una nueva posibilidad, y crecemos. Tanto los lenguajes como las culturas indígenas son realmente apasionantes, y hay mucho que podríamos (re)aprender de ellos.

Les dejo una carta del jefe Sioux de Seattle al presidente de los Estados Unidos en la época, una carta que Gustavo Pereira suele recomendar cuando habla del tema: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/seattle.htm

@SaetasdeLuis