257. Ulises a Telémaco

Poema #257

Ulises a Telémaco

Querido Telémaco,
……………………………..la Guerra de Troya
ha terminado. No recuerdo quién venció.
Los griegos, debe ser: los griegos, quién si no,
pueden dejar en tierra extraña tantos muertos…
De todos modos, el camino que me lleva al hogar
resulta que se alarga demasiado.
Como si Poseidón, mientras perdíamos el tiempo,
hubiera dilatado el espacio.
Ignoro dónde estoy y lo que veo ante mí.
Al parecer, una isla, sucia, arbustos,
casas, gruñir de cerdos, un jardín
abandonado, cierta reina, hierba y pedruscos…
Telémaco, querido, en verdad
todas las islas se parecen una a otra
cuando es tan largo el viaje: el cerebro ya
va perdiendo la cuenta de las olas,
el ojo, tiznado de tanto horizonte, echa a llorar,
la carne de las aguas obtura el oído.
No recuerdo ya cómo acabó la guerra,
ni cuántos años tienes hoy recuerdo.

Hazte hombre, Telémaco, y crece.
Sólo los dioses saben si hemos de encontrarnos.
Tampoco ahora ya no eres el chiquillo
ante el cual detuve aquellos toros.
Hoy, de no ser por Palamedes, estaría a tu lado.
Pero tal vez sea mejor así: pues sin mí
te has librado de los males de Edipo,
y en tus sueños, Telémaco, ignoras el pecado.

Joseph Brodsky

Poeta ruso nacido en San Petersburgo en 1940. De formación autodidacta. Fue influenciado por los poetas clásicos, los metafísicos ingleses y los poetas polacos modernos. En 1972 emprendió el camino al exilio, obteniendo la nacionalidad estadounidense en 1977. Sus “Poemas selectos”, que reúnen una importante colección de su poesía, se publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de “Partes de la oración” en 1980 e “Historia del siglo XX” en 1986. En 1987  fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Muere en Nueva York el 28 de enero de 1996.

Al lugar del que partiste ya no regresarás. El tiempo lo cambia y a quienes dejaste no volverás a ver. Verás, quizás, lo que serán tus seres queridos, las variaciones que en ellos harán las lunas. Eso vale el viaje, eso es preciso entregarlo, dejar atrás lo que has amado. Y verás grandes paisajes, conocerás hermosas costas y agradecerás el viaje, aún así desde la distancia añorarás. Querido Ulises, has viajado demasiado encarnando infinitas posibilidades en la literatura. Eterno viajero después de tantos años, así como Telémaco, aprendemos de ti a través de historias.

@LauraAlessR

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217. Pequeño ensalmo para vencer en la guerra

Poema #217

Pequeño ensalmo para vencer en la guerra

Para que no te hagas mi derrota te sueño
Para que a la altura de tus ojos se abran los míos te construyo
Para librar tu cuerpo a mis brazos te imanto
Para hacer de tu sexo libro de incorduras te despliego
Para apremiar la miel de tus pechos te lamo
Para deshacer tus dudas y recatos te organizo
Para que me ames como a nadie te desnudo
Para que me ames más allá de todo sentido te pertenezco
Para torcer el camino que otros nos señalan te descifro
Para sentirte en los días de ausencia suscito el
……………………………………………………olor de tu vientre
Para saber cómo duele el momento en que no piensas en mí te olvido

Porque eres mi victoria te sueño.

Gustavo Pereira

Poeta, ensayista y crítico literario venezolano.  Nació en Margarita en 1940. Fue miembro del grupo “Símbolo”. Ha recibido diversos  reconocimientos, entre ellos: el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1988), el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) y el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (2000). En 2008, el Festival Mundial de Poesía (5ªedición) fue dedicado a Gustavo Pereira. Ya tenemos varios poemas de él publicados en Trazos de la memoria.

El juego. El deseo y  el amor se arreglan en guerra. Una guerra por vencer, una guerra donde se ejercita el juego de contrarios. Donde un yo se vence en otro y viceversa. El contraste entre lo tangible y el sueño, entre el cuerpo y los infinitos pliegues del sujeto creado. Entonces, se posee una batalla y se libra un cuerpo.

@LauraAlessR

179. Coreografía

Poema #179

Coreografía

                                                             Para mí amigo Carlos Cortés

En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.

Mía Gallegos

Poeta costarricense. Nació en San José en 1953. A los veintitrés años ganó el Premio Joven creación 1976 por su libro “Golpe de Albas”, luego el premio Alfonsina Storni  en 1977 y el Premio Nacional Aquileo Echeverría en 1985. Sus poemas han sido traducidos al inglés e incluidos en antologías de poesía latinoamericana. Autora de “Los reductos del sol” 1985, “El claustro elegido” 1989 y “Los sueños y los día” 1995.

Para decir paso a paso. Movimientos coordinados de un cuerpo que se expresa.  El cuerpo danzante de mujer recorre el poema. Lenguaje ordenado para mostrar cómo se debate, se entrega, se desliza el cuerpo de mujer.  Para aprender, una y otra vez, cómo vivir, anhelar, narrar y sentir a través del poema.  Perderse siempre, rutas fuera del camino para reencontrarse en el lenguaje. Para ser, para saber y olvidar; para dejar(se) en las letras.

@LauraAlessR

153. La guerra

Poema #153

La guerra

La guerra entre tu pantalón de fique y mi falda de aire

La guerra entre tu trago de ron y mis señales de tránsito

La guerra entre tus dedos presurosos y mi piel enciclopédica

La guerra entre tus gemidos guturales y mi silencio

La guerra entre tu necesidad y mi quimera

La guerra

entre los dos

sin pólvora ………. sin coalición ni daños colaterales

La guerra …………. Victoria

por tratar de entendernos

Natasha Tiniacos

Poeta venezolana, nacida en Maracaibo en 1981. Licenciada en Letras. Este poema pertenece a su poemario “Mujer a fuego lento”  con el cual gana el I Premio Nacional Universitario de Literatura 2004, mención poesía. Actualmente cursa estudios de posgrado en la Universidad de Carolina del Sur. Ya publicados otros dos poemas de esta poeta aquí.

Complementos. Complementos en guerra. El amor, la vida misma en eterno contraste, debatiéndose el punto medio en una gran balanza.  La balanza del mundo, la balanza que creemos nos mantiene, sostiene, sin perder la posibilidad de inclinarla con voluntad, con deseo, con intentos… Líneas que caminan en un Tai Chi, dos cuerpos que se reconocen en la diferencia, dos cuerpos en lucha por el mismo objetivo. Ellos por tratar de entenderse… nosotros en pugna por la diferencia que nos une.

@LauraAlessR

128. Imitación de Arquíloco

Poema #128.

Imitación de Arquíloco.

 

Corazón, corazón mío, agobiado por tormentos

que no cesar, levántate y enfrenta al enemigo,

no te niegues a un nuevo encuentro cuerpo a cuerpo,

ofrece tus manos y adelanta el más tenaz abrazo.

 

No te importe rodar con tu espalda sobre el lecho helado

o la grama amarillenta de estos trópicos,

vuelve sobre tus pies y doblega lo que te amenaza

con movimientos ceñidos de tus muslos.

 

Si triunfas, en largo y sudoroso combate,

no lo divulgues. No enseñes tu regocijo

a la mirada impropia. Pero si eres vencido

no llegues a casa con lamentos. Disfruta tu alegría

 

sin excesos. Y vive en silencio tu tristeza.

Piensa que la fortuna de los hombres, como olas, va y viene.

 

Alejandro Oliveros.

Nacido en 1948, estudió medicina durante cinco años y es licenciado en educación. En 1971 fundó la revista “Poesía” y comenzó a trabajar en la revista de cultura de la Universidad de Carabobo, “Zona Tórrida”. Desde 1981 es profesor de literatura inglesa y norteamericana en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Desde 1996 ha estado publicando su Diario literario. Sobre Arquíloco pueden leer aquí.

La fortuna es una rueda que gira y gira (va y viene). Resulta bueno recordar esto tanto cuando triunfamos como cuando somos vencidos, expresarnos con mesura en ambas ocasiones. Enfrentarnos al enemigo, disfrutar la alegría sin excesos, vivir en silencio la tristeza. Jorge Luis Borges dice que “la guerra, como la mujer, sirve para probar a los hombres.” Dice mucho de nosotros la manera en la que hablamos de nuestras victorias y nuestras derrotas, en todos los campos. Nos entregamos por completo al encuentro, al “largo y sudoroso combate”, y ¿cómo nos comportamos después?

@SaetasdeLuis

56. Testigo

Poema #56.

Testigo.

 

Tú sabes que estoy

pero no entres de pronto

a mi cuarto

 

podrías ver

cómo guardo silencio

sobre la hoja en blanco

 

¿Se puede escribir

sobre el amor

mientras se oyen los gritos

de los asesinados y ultrajados?

¿Se puede escribir

sobre la muerte

y mirar las caritas

de los niños?

 

No entres de pronto

a mi cuarto

 

Verás un mudo

y avergonzado

testigo del amor

al que vence la muerte.

 

Tadeusz Różewicz.

Nació en 1921 en Radomsko. Uno de los autores más prolíficos de la literatura polaca, ha escrito poesía, narrativa, drama y ensayo en grandes cantidades. En más de una ocasión ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura, y ha recibido gran cantidad de premios y distinciones dentro y fuera de su país. La posguerra es un tema recurrente de su poesía, el cual se va transformando -cicatrizando- con esperanza e insistencia a lo largo del tiempo, permitiendo otros temas como sus constantes reflexiones sobre el proceso de escribir y la figura del poeta. Este poema pertenece a “Poemas e imágenes” (1951-1952).

El poeta se revela a sí mismo, se confiesa testigo de atrocidades que no puede/quiere plasmar en la hoja en blanco que hace de espejo para su memoria, que le permite, en la intimidad de su habitación y de su soledad, recordar lo que ha visto, lo que ha sentido, lo que su generación entera ha pasado en la guerra y continúa viviendo en la posguerra. El poeta pide que se le respete esa intimidad, ese momento en el que se encierra en su cuarto a ver desfilar a sus demonios sobre la hoja en blanco, a escribir sobre esa conjunción de emociones que se encuentran en él cuando escribe y que se le aparecen indisolubles.

Los dos grandes temas, dicen: amor y muerte. No puede -siente el poeta- escribir sobre ninguno de los dos sin que aparezca su contraparte, en sus vivencias. Piensa en el amor y los gritos hacen contrapeso, piensa en la muerte y aparecen sonrisas que la esfuman. Pero, concluye el poeta, si entran a verlo en ese momento en el cual se dobla sobre la hoja en blanco para reflejarse, como si fuese a hundirse en ella, lo verán mudo, avergonzado, ante lo que su memoria le hace percibir: el amor derrotado por la muerte.

@SaetasdeLuis