550. El arroyo

Poema #550.

El arroyo.

 

Ha pasado mucha agua bajo los puentes

y enormes cantidades de sangre

Pero a los pies del amor

corre un gran arroyo blanco

Y en los jardines de la luna

en los que cada día se celebra tu fiesta

ese arroyo canta mientras duerme

Y esa luna es mi cabeza

donde gira un enorme sol azul

Y ese sol son tus ojos

 

Jacques Prévert.

Poeta y guionista francés, nace en 1900 y fallece en 1977. Abandonó la escuela a los 14 años, permaneció un tiempo en la Marina y vivió la Primera y la Segunda Guerra mundial, así como el tiempo de entreguerra y de posguerra, todo esto lo afectó y puede notarse en muchos de sus poemas, así como en los temas que trabaja en su escritura. Se dedicó a la bohemia y a diversos oficios mientras desarrollaba su gusto por la poesía y la escritura de otros estilos como guiones de películas y canciones que se volvieron famosas. Perteneció al movimiento surrealista, pero se separó por considerar a Breton muy autoritario.

Ha pasado mucha agua -y mucha poesía- bajo los puentes y los días. Ha pasado mucho y continúa fluyendo mucho; lo sabemos, es un cauce inagotable. Es así, el arroyo canta mientras duerme, y en cada trazo, en cada memoria, un enorme sol que son tus ojos, día tras día, trazo tras trazo. Las palabras, embuidas de sencillez, se extienden por el mundo abriendo perspectivas: lo importante es lo que te dice la palabra, lo que te hace ver.

@SaetasdeLuis

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490. Primavera provisional

Poema #490.

Primavera provisional.

 

Deja fluir mis huesos entre las hojas

entre las hojas nacidas de haberte conocido

un día de lluvia

cuando los barquichuelos de tus orejas

cortaban las flores ocultas bajo los nombres de mis calles

 

Juan Larrea.

Poeta y ensayista español. Nace en Bilbao, en el año 1895 y fallece en Córdoba, Argentina, en 1980. Se inició en el creacionismo, y luego se vinculó con las vanguardias literarias, entablando amistad con poetas con Vicente Huidobro y César Vallejo, con quien fundó la revista (de dos números) Favorables, París, Poema. Fue bibliotecario de profesión, vivió en París por mucho tiempo y a raíz de la guerra civil española vivió en México, Estados Unidos y Argentina.

Al menos de forma provisional, permite que sea la primavera. Deja fluir, como ha fluido, como fluye, como fluirá.

@SaetasdeLuis

306. El resto

Poema #306.

El resto.

 

Ofelia cantó sus desquiciadas canciones

y salió corriendo de la escena, inquieta:

que si se le quema el vestido, que si sobre los hombros

le cae el cabello de la forma adecuada.

 

Para verdadero colmo, se lava las cejas

de esa negra desesperación y -como auténtica hija de Polonio-

cuenta las hojas que ha arrancado a su cabello, para mayor seguridad.

Ofelia, que a ti y a mí nos perdone Dinamarca:

moriré con alas, sobreviviré con prácticas garras.

Non omnis moriar de amor.

 

Wislawa Szymborska.

 

Poeta, ensayista y traductora polaca. Nació en 1923 y falleció en febrero de este año. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1996 por una breve pero extraordinaria obra poética. Obtuvo muchos premios literarios en vida.

¿Morir de amor? ¿Es tal cosa posible, o es sólo una ficción? Ofelia se desquició y se entregó a la negra desesperación. La vida, y el amor, nos muestran un cauce, pero somos nosotros quienes fluimos.

 

@SaetasdeLuis

179. Coreografía

Poema #179

Coreografía

                                                             Para mí amigo Carlos Cortés

En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.

Mía Gallegos

Poeta costarricense. Nació en San José en 1953. A los veintitrés años ganó el Premio Joven creación 1976 por su libro “Golpe de Albas”, luego el premio Alfonsina Storni  en 1977 y el Premio Nacional Aquileo Echeverría en 1985. Sus poemas han sido traducidos al inglés e incluidos en antologías de poesía latinoamericana. Autora de “Los reductos del sol” 1985, “El claustro elegido” 1989 y “Los sueños y los día” 1995.

Para decir paso a paso. Movimientos coordinados de un cuerpo que se expresa.  El cuerpo danzante de mujer recorre el poema. Lenguaje ordenado para mostrar cómo se debate, se entrega, se desliza el cuerpo de mujer.  Para aprender, una y otra vez, cómo vivir, anhelar, narrar y sentir a través del poema.  Perderse siempre, rutas fuera del camino para reencontrarse en el lenguaje. Para ser, para saber y olvidar; para dejar(se) en las letras.

@LauraAlessR

28. Fugacidad

Poema #28.

Fugacidad.

sed mulier cupido quod dicit amanti,

in uento et rapida scribere oportet aqua.

Catulo

 

Lo doloroso no es saber que un día

te irás físicamente,

sino sentir que te vas marchando

a cada instante

detrás de las palabras

y los falsos requiebros.

Aunque quisiera

no alcanzo a retenerte,

y sólo intento rescatar,

escéptico,

los restos del naufragio

que la corriente impulsa hacia mi orilla.

 

Lo doloroso es comprender que un día,

harto por fin de atesorar despojos,

yo los pondré en el río,

y los veré alejarse, sin dolor,

entre el agua que fluye.

 

Jesús David Curbelo.

Poeta, narrador, crítico y traductor literario nacido en Camagüey, Cuba, en 1965. Es Jefe de la Redacción de Poesía en Ediciones Unión, en Ciudad de La Habana. Profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana. Ha obtenido diversos premios literarios, entre los que destaca el Premio Nacional de la Crítica por los libros de poesía El lobo y el centauro (en el 2001) y Parques (en el 2004). Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, neerlandés, checo y alemán.

La fugacidad de la vida, de los instantes, de la existencia. Todo está en constante cambio, todo nos resulta inasible, todo se transforma. Sin embargo, el ser humano insiste en querer preservar las cosas de una manera, en resistirse al cambio, en no permitir que la vida fluya. El deseo de control: sentimos la necesidad de controlar lo que sucede, de aferrarnos, de entender todo lo que está sucediendo, de dónde venimos, hacia dónde vamos, quiénes somos. Es importante preguntarse estas cosas, son de las preguntas más difíciles que podemos hacernos, y las que usualmente nos toma más tiempo respondernos. Quizás sería diferente si aceptáramos la fugacidad de los instantes en vez de retener, de aguantar, de rescatar “los restos del naufragio” que llegan a nosotros en el vaivén de la orilla; es doloroso soltar, dejar de aferrarnos y comprender que, queramos o no, todo fluye y, tarde o temprano, “harto(s) por fin de atesorar despojos” los pondremos en el río, y los veremos alejarse “sin dolor”, fluyendo. Al dejar ir, dejamos  ir, también, ese dolor al que nos aferramos. El río continúa fluyendo, querámoslo o no.

Con una escritura sumamente sencilla y precisa, Curbelo crea versos interesantes que representan emociones, sentimientos y experiencias, a través de imágenes que universalizan lo que expresa y nos permiten percibir lo que está percibiendo el autor del poema, en este caso, la fugacidad de los instantes, el sentir cómo esa persona se va marchando a cada instante, escurriéndose entre sus dedos, sin poder hacer nada.

@SaetasdeLuis