574. La forma del mundo

Poema #574.

La forma del mundo.

 

Si tiene el mundo la forma del lenguaje

y el lenguaje la forma de la mente,

la mente son sus plenos y vacíos

no es nada o casi y no puede salvarnos.

 

Así habló Papirio. Ya era noche

y llovía. Pongámonos a salvo,

dijo, y avivó el paso no advirtiendo

que era suyo el lenguaje del delirio.

 

Eugenio Montale.

Periodista, crítico musical y poeta italiano. Nace en Génova en 1896 y muere en Milán en 1981. Interrumpió sus estudios secundarios para estudiar canto, sirvió como oficial de infantería durante la Primera Guerra Mundial, en 1939 sus manifestaciones antifascistas hicieron que lo suspendieran como director del Gabinete Vieusseux, que dirigió desde 1929. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Palabras que surgen del delirio, de lo inesperado, y que calan como una lluvia que permea la permanencia. La idea, el sueño, el delirio, esa imagen que surge de la inexistencia y que abre un universo, el poema, y todas sus maneras posibles.

@SaetasdeLuis

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356. Viento sobre la media luna

Poema #356.

Viento sobre la media luna.

 

El gran puente no llevaba hacia ti.

Te habría alcanzado hasta navegando

en las cloacas, a una orden tuya.

Pero ya las fuerzas, con el sol en los cristales

de los miradores, se iban agotando.

El hombre que predicaba bajo la Media Luna

me preguntó: “¿Sabes dónde está Dios?” Lo sabía

y se lo dije. Movió la cabeza. Desapareció

en un torbellino que arrastró a hombres y casas

y los alzó, muy altos, sobre la oscuridad.

 

Eugenio Montale.

Periodista, crítico musical y poeta italiano. Nace en Génova en 1896 y muere en Milán en 1981. Interrumpió sus estudios secundarios para estudiar canto, sirvió como oficial de infantería durante la Primera Guerra Mundial, en 1939 sus manifestaciones antifascistas hicieron que lo suspendieran como director del Gabinete Vieusseux, que dirigió desde 1929. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Hay media luna en Madrid. El gran puente no llevaba hacia ti. Aún desconozco hacia dónde lleva el camino. Sé dónde está Dios. El viento comienza a soplar.

@SaetasdeLuis

248. Siria

Poema #248.

Siria.

 

Decían en la Antigüedad que la poesía

es una escalera a Dios. Tal vez no lo sea

cuando me lees ahora. Pero lo supe el día

que por ti volví a encontrar mi voz, disuelto

en un rebaño de nubes y de cabras

revoltosas, que desde un risco acababan con las hojas

del ciruelo y la anea, y los rostros enflaquecidos

de la luna y del sol se fundían;

el motor estaba averiado y una flecha

de sangre sobre una roca señalaba

el camino de Alepo.

 

Eugenio Montale.

Poeta, periodista y crítico musical italiano. Nació en Génova en el año 1896 y falleció en Milán en 1981. Interrumpió los estudios secundarios para estudiar canto y posteriormente sirvió como oficial de infantería en la I Guerra Mundial. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, señalándose que su obra reflejaba la visión de la crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad y su pesimismo. Montale dijo en una entrevista imaginaria que “la poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos“.

La poesía siempre ha sido una manera de conectarse con lo sagrado, de ascender -o descender- a ello. El viaje es también interno, a medida que vamos en la “escalera a Dios”, profundizamos en nosotros mismos. La poesía está en la vida, en la creación, en el recuerdo que (re)creamos. No es sólo el lector quien, a medida que lee, se acerca a sí mismo, se (re)conoce mejor, sino también el poeta cuando siente esos momentos, esos instantes que nos ayudan a encontrar la voz y nos (re)conectan con una memoria esencial, con esas imágenes que todos podemos reconocer, que nos señalan una vida colectiva, y de las que aprendemos, con las que ascendemos al espacio de lo sagrado.

@SaetasdeLuis

216. Mediterráneo

Poema #216.

Mediterráneo.

 

Antiguo, estoy embriagado por la voz

que brota de tus bocas cuando se abren

como verdes campanas y se repelen

hacia atrás, disolviéndose.

La casa de mis veranos juveniles

-lo sabes- estaba a tu lado

allá en la tierra donde el sol calcina

y oscurecen el aire los mosquitos.

Hoy como entonces ante ti permanezco

inmóvil, mar, mas no me creo

digno ya de la solemne admonición

de tu aliento. Me dijiste primero

que el pequeño fermento

de mi corazón no era sino un instante

del tuyo, que en el fondo de mí

estaba tu arriesgada ley: ser enorme y diverso

y fijo al mismo tiempo,

para librarme así de toda suciedad,

como tú cuando arrojas a tus playas

entre estrellas de mar, corchos y algas

las inútiles sobras de tu abismo.

 

Eugenio Montale.

 

Poeta, periodista y crítico musical italiano. Nació en Génova en el año 1896 y falleció en Milán en 1981. Interrumpió los estudios secundarios para estudiar canto y posteriormente sirvió como oficial de infantería en la I Guerra Mundial. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, y se señaló que su obra reflejaba la visión de la crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad y su pesimismo. Montale dijo en una entrevista imaginaria que “la poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos“.

No es el mismo mar nuestro Caribe, al que estamos acostumbrados los venezolanos, que el Mediterráneo. No es el mismo mar en muchos aspectos, aunque podamos compartir algunas perspectivas y algunos arquetipos, como el del hombre que se sienta a ver el horizonte, anhelando su tierra. Sus antigüedades son distintas, sus tonos, su voz. Sin embargo, leo el poema de Montale y pienso en el Antiguo sobre cuyas playas tantas veces he estado, en la casa de mis veranos juveniles y todo lo que involucra. Recuerdo las veces que me he detenido en sus fronteras a conversar, y a escuchar su voz, recuerdo lo que traía y lo que llevaba, así como su fijeza, y su constante movilidad. Son muchas las lecciones que nos da el mar, ese abismo que se pierde en el horizonte.

No somos dignos de todo lo que es el mar, no podemos comprenderlo ni expresarlo, aunque en algunos poemas -como éste- y en pocas palabras, se muestre el mar que todo hombre lleva dentro, reflejado en el mar exterior. Aún así, el Mediterráneo, insisto, tiene otras historias que contar, otras vivencias, que las de nuestro Caribe. Asomarse a cada uno de estos abismos nos da una visión diferente, pero es la misma arriesgada ley: ser enorme y diverso y fijo al mismo tiempo.

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

“Odiseo y Calipso” de Arnold Böcklin (1883)