536. Me perseguían en las sombras

Poema #536.

Me perseguían en las sombras.

 

Con sus caras de perro

y sus brazos de serpientes

me perseguían en las sombras.

Allí ululaban como un viento maligno.

Un ruido aciago

con furor penetraba en mis oídos

y atrozmente me torturaba.

Se enardecían mis terrores atávicos.

La cabeza me empezaba a dar vueltas

perdida en el espacio,

giraba sin control

aturdida por aquellas bestias de tinieblas.

Dentro de mí

me confinaban en una tierra desolada.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario nacido en Boconó, Venezuela, en el año 1930. Formó parte de los grupos Sardio, Tabla redonda y El techo de la ballena. Recibió, en 1980, el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a “Los ritos secretos”, libro publicado en 1981. Falleció el domingo 26 de mayo del año 2013.

Ese rito secreto de la escritura nos habla también del tiempo por venir, aunque no escribamos pensando en él. Cuando las palabras logran abrir un espacio en la página, se sitúan en otro tiempo fuera del tiempo, en un espacio que es también todos los espacios. Ahí, quizás, quedamos más allá de nosotros mismos, confinados.

@SaetasdeLuis

Anuncios

530. [Llorar a lágrima viva]

Poema #530.

 

Llorar a lágrima viva.

Llorar a chorros.

Llorar la digestión.

Llorar el sueño.

Llorar ante las puertas y los puertos.

Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,

las compuertas del llanto.

Empaparnos el alma, la camiseta.

Inundar las veredas y los paseos,

y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando.

Festejar los cumpleaños familiares, llorando.

Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…

si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos

no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.

Llorarlo con la nariz, con las rodillas.

Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría.

Llorar de frac, de flato, de flacura.

Llorar improvisando, de memoria.

¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

 

Oliverio Girondo.

Poeta argentino (1891-1967) nacido en Buenos Aires, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos. Estudió Derecho y, muy pronto, a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, “Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”.

Tomar cualquier cosa como un oficio, como un arte. Practicar y entregarse a ello con todo el cuerpo, todo el tiempo, todo el espacio. Es la única manera de volverse maestro en un arte, como también puede serlo llorar.

@SaetasdeLuis

458. Comiendo poesía

Poema #458.

Comiendo poesía.

 

Fluye tinta de las comisuras de mi boca.

No hay felicidad igual a la mía.

He comido poesía.

 

La bibliotecaria no puede creer lo que ve.

Sus ojos están tristes

y camina con las manos ocultas en su vestido.

 

Ya no están los poemas.

Es tenue la luz.

Los perros suben por las escaleras del sótano.

 

Sus pupilas en blanco,

sus patas rubias ardiendo como leños.

La pobre mujer patea y solloza.

 

Ella no entiende.

Cuando me arrodillo y lamo su mano,

grita.

 

Soy un hombre nuevo.

Le gruño, le ladro.

Salto alegremente en la libresca oscuridad.

 

Mark Strand.

Nace en Canadá, aunque de nacionalidad estadounidense (1934). Es considerado una de las voces esenciales de la poesía contemporánea en lengua inglesa. Ha escrito diez libros de poesía, varios volúmenes de narrativa, ensayo, monografías, crítica de arte y cuentos infantiles, también ha realizado múltiples traducciones. Fue designado Poeta Laureado de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso en 1990  y, entre otros premios, recibió el Premio Pulitzer por su libro “Blizzard of one”. Actualmente da clases en Columbia University.

Así como el espacio, el tiempo no es lineal. Vamos por la vida haciendo espirales o algunas otras figuras aún más incomprensibles, trazando un laberinto desorientado, incesante. En ocasiones, volvemos a puntos en los que ya hemos estado, y los encontramos de nuevo, diferentes, renovados. Mark Strand presenta hoy 26 de sus primeros poemas, después de tanto tiempo y, quién sabe qué poesía le gustará comer hoy en día. Devorar las palabras del poeta nos permite, en ciertas ocasiones, volver a la esencia, renovarnos en un eterno retorno atemporal.

@SaetasdeLuis

386. A largo plazo

Poema #386.

A largo plazo.

 

Valiente en la medida de su maldad,

la gota se arriesga

a perforar la montaña

en los próximos cien mil años.

 

José Emilio Pacheco.

Nació en Ciudad de México en el año 1939. Poeta, ensayista, traductor, novelista y cuentista, integrante de la “Generación de los años 50”. Coeditó las principales revistas culturales de los sesenta mexicanos, como “México en la Cultura”. Obtuvo, entre otros, los Premios Nacionales de Poesía y de Periodismo Literario de su país, así como el Premio Octavio Paz en el 2003 y el Cervantes en el 2009. Este poema pertenece a su libro publicado en 1996, “El silencio de la luna”.

¿Cuánto coraje se necesita para alcanzar una utopía, para realizar un imposible? Es una labor a largo plazo… Pero es posible que la gota perfore la montaña, que algo insignificante ocasione un gran impacto, que algo inesperado suceda.

@SaetasdeLuis

13. En realidad

Poema #13

En realidad

Y se marcha el tiempo, y se va el espacio,

una noche blanca me lo ha revelado todo:

y el narciso en el cristal sobre tu mesa,

y el humo azul del cigarrillo,

y aquel espejo, donde podrías reflejarte ahora

como en el agua limpia.

Y se marcha el tiempo, y se va el espacio…

pero ni tú puedes ayudarme.

Anna Ajmátova

Poeta rusa (1889-1966). Comienza a escribir poesía a los 11 años. Formó parte del acmeísmo, corriente poética que rompía con el simbolismo (de carácter metafórico) reafirmando el valor semántico de la palabra. Esta corriente formaba parte del renacimiento intelectual en Rusia a principios del siglo XX. Su vida fue trágica ya que sufrió los embates de la revolución rusa de 1917. Dos de sus esposos fallecen en conflictos soviéticos. Su único hijo fue encarcelado dos veces. La obra de Ajmátova es censurada en varias ocasiones. A pesar de ello fue nominada al Premio Nobel de Literatura  y obtuvo el Premio Internacional de Poesía en Italia. Su obra es publicada por completa en 1990.

En realidad… este poema es, para mí, un cuadro donde se plasma una emoción.  Es percibir en el tono del poema, como una musicalidad tenue y reservada lo envuelve. La melancolía y la seguridad con la que cada verso se asienta acerca más a un sentimiento que a una visión.  El breve momento que dura el poema es suficiente para perderse con él y sentir ese: “pero ni tú puedes ayudarme.”

Las señales son dadas, el poeta las ve “en una noche blanca” pero recuerda una y otra vez “que se marcha el tiempo, y se va el espacio…” Es sentarse un segundo en el momento y percibir su fugacidad y sentirse indefenso, pero a su vez aceptarlo con una ausencia entre las manos. Es maravilloso poder leer cómo una emoción se hace palabra, lo que el poeta ve sigue velado para nosotros, pero el sentimiento está allí y trasciende.

  @LauraAlessR