384. Vísperas de viaje

Poema #384.

Vísperas de viaje.

 

De nuevo un viaje moviendo de raíz

mi cuerpo como un barco,

de nuevo el grito de otro ignoto horizonte.

Tensos llevo los nervios como jarcias;

las valijas que por años invernaron

puntuales a esta hora se despiertan.

A babor y estribor crece el azoramiento

de pasarelas y silbatos,

aprestos de partida, cosas que se nos quedan.

Difícil escribir a bordo una palabra,

el corazón, sobresaltado, miente.

Mis libros otra vez con sus ojos de perro

me acompañan hasta la puerta.

Quisiera decir adiós con una sola sílaba,

la menos dolorosa,

la más breve.

 

Eugenio Montejo.

Escritor venezolano, poeta y ensayista nacido en Caracas en 1938. Murió en Valencia en el año 2008, después de una considerable obra y de fundar proyectos importantes para las letras venezolanas como lo son las publicaciones “Zona Tórrida” y “Poesía”, con la Universidad de Carabobo. En 1998 obtuvo el Premio Nacional de Literatura, entre otras distinciones. Este poema pertenece a su libro “Adiós al siglo XX”, que vio la luz en Lisboa en 1992, en versión reducida, siendo publicada la primera versión íntegra en Sevilla, en el año 1997.

El adiós se reduce y se hace casi innecesario para este siglo al que ya llevamos unos cuantos años dándole la bienvenida. El movimiento se acentúa, las fronteras se reducen. Pero, siempre, las vísperas de un viaje producen las mismas mareas internas, las mismas sensaciones encontradas -ya con más fuerza, ya con menos-, la misma incertidumbre que da un viaje inesperado. No hay opción, es mucho lo que dejamos tras nosotros, es mucho a lo que hay que decirle adiós.

@SaetasdeLuis

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111. Salir

Poema #111

Salir

Salí, sin ser notada

San Juan de la Cruz

Salir, siempre salir. El éxodo es mi patria.

Encontrarse saliendo una y otra vez

del hogar esclavizante. Afrontar

la libertad de partir continuamente

al retomar la llave que impedía

el paso decisivo: despedirse.

Que la casa se transforme en campamento

a desmantelar cada mañana. Que la marcha

se inicie, puntual, en la precisa hora,

la que obliga a encarar el adelante

y no mirar hacia atrás, no prolongar

el adiós junto a la inminencia del trayecto.

Jugar la apuesta cifrada por el ir

permanente, en perseverante riesgo. Abdicar

del poder que acumula lo individual

encerrado  en un glóbulo monádico y lo social

establecido.  Renunciar a lo anterior ya confortable

y a lo exterior vuelto adherencia. Destapar

significados no fijables al sentido de todo.

Desconfiar ante la situación que parece detener

el tiempo y el espacio de este fluido universo

cuyo objeto es expandirse. Escapar de la parálisis

marmórea fabricada por el éxito.  Preferir, más bien,

la elástica materia del fracaso

con la que se puede moldear una figura

fugitiva de la gloria: ella aligera el equipaje.

Alejarse del dogma intransitivo. No atender

la fórmula mapificada  como límite

de la constante expedición que amplía la verdad.

Arriesgarse al nomadismo de la mente,

el que descubre las infinitas aperturas

de un cuerpo, de un texto, de un momento,

de un paréntesis monótono, de un clausurado círculo.

No proyectar lo imprevisible. Imitar

la sobreabundancia trascendente

que penetra, hasta el tuétano, este mundo

pero no sedentariza en él su plenitud

invitando a la perpetua búsqueda.

Mas el deseo central que explica la salida,

su auténtico móvil, su horizonte,

es, a semejanza del autoolvido de Dios,

quien creó fuera de él otra realidad

diferente a la absoluta tan sólo para dársele,

el abandono de sí mismo en el amor.

Armando Rojas Guardia

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en el año 1949. Publicados anteriormente aquí: “¿Y si fuera verdad..?” , “La noche del deseo” y “Causa perdida”. Entre sus poemarios se encuentran: “Del mismo amor ardiendo” (1979), “Yo que supe de la vieja herida” (1985), “Hacia la noche viva” (1989),  “Fuera de tiesto” (2008), entre otros. Fue miembro  del grupo Tráfico y participó en el Taller de Calicanto y Antonia Palacios.

Y aprendes a despedirte, a decir adiós, para cambiar. Porque existe una inquietud que te mueve, que desea arriesgarse por todo aquello que está afuera, que aún no has visto. “Salir, siempre salir”… como aprendido desde siempre, porque nacemos para partir.  “Arriesgarnos al nomadismo de la mente”,  el darse la oportunidad sagrada de sorprenderse,  invitando a la búsqueda, al eterno movimiento.

Pasar del adiós al encuentro, del resguardo a la apertura y penetrar el mundo, abandonarse, una y otra vez,  al amor. Redescubrir (se) amerita movimiento.

Gracias mom, este poema va para vos.

@LauraAlessR