558. R.I.P.

Poema #558.

R.I.P.

 

Ese amor murió

sucumbió

está muerto

aniquilado          fenecido

finiquitado

occiso                  perecido

obliterado

muerto

sepultado

entonces,

¿porqué late todavía?

 

Cristina Peri Rossi.

Poeta uruguaya. Nació en Montevideo el 12 de noviembre de 1941. Además de poeta es narradora, traductora y ensayista. Estudió literatura comparada. Ha efectuado traducciones, principalmente de Clarice Lispector. Ha publicado varios libros, entre ellos: “Evohé” 1971, “Diáspora” 1976, “Lingüística general” 1979 y “Babel bárbara” 1991. Este poema pertenece a “Inmovilidad de los barcos”, de 1997.

En ocasiones, sabemos, la ceniza cobra vida gracias al viento. Vuela y se eleva, nos engaña, revive, se enciende de nuevo. ¿Vive todavía, renace, se extingue? ¿Cómo saber qué nos dicen las llamas y sus latidos?

@SaetasdeLuis

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472. A Ajmátova

Poema #472.

A Ajmátova.

 

¡Oh musa del llanto, la más bella de las musas!

Oh loca criatura del infierno y de la noche blanca.

Tú envías sobre Rusia tus sombrías tormentas

y tu puro lamento nos traspasa como flecha.

 

Nos empujamos y un sordo ah

de mil bocas te jura fidelidad, Anna

Ajmátova. Tu nombre, hondo suspiro,

cae en es hondo abismo que carece de nombre.

 

Pisar la tierra misma que tú pisas, bajo tu mismo cielo;

Llevamos una corona.

Y aquél a que a muerte hieres a tu paso

yace inmortal en su lecho de muerte.

 

Sobre esta ciudad que canta brillan cúpulas,

y el vagabundo ciego canta loas al Señor…

Y yo, yo te ofrezco mi ciudad con sus campanas,

Ajmátova, y con ella te doy mi corazón.

 

Marina Tsvetáieva.

Poeta rusa, nace en Moscú en 1892 y fallece en 1941. Hija de un profesor especializado en Bellas Artes, estudió en Moscú y en La Sorbona. Vivió muchos años en el extranjero. Es considerada una de las figuras más relevantes de la literatura rusa del siglo XX.

Un retrato y una exaltación de otra gran poeta rusa, Anna Ajmátova, definiéndola con diversas características, entre ellas “musa del llanto”, a quien describe y agradece por su escritura, por sus luchas, por su compañía en una época cruel y difícil. Es una ventana, desde otra perspectiva, a la vida de Ajmátova, con los ojos de Tsvetáieva.

@SaetasdeLuis

328. Niños

Poema #328.

Niños.

un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve /

yo tampoco los veo /

yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve

animalitos que pasan por el cielo / pacen en su temblor /

yo no veo esos animalitos /

yo veo al niño que ve animalitos /

y me pregunto por qué esto pasa hoy /

¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena

del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre /

tiene el alma cerrada y la hunde

en las cenizas que dejará porque ardió /

pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí? / un árbol

mira detrás de la ventana al sol /

hay sol /

detrás de la ventana hay un árbol en la calle /

ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón /

está contento y saca la mano del bolsillo /

abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve /

yo tampoco las veo /

yo sólo veo su palma abierta a la luz /

y él / ¿qué ve? /

¿ve bueyes que tiran del sol? /

yo no sé nada /

no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón /

ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del atlántico

y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón /

yo no veo nada / no sé nada /

ni sé en qué día nací /

conozco la fecha pero no el día en que nací /

¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? /

¿es este día en que todos los que han muerto

se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? /

¿en esta luz dulcísima y abierta? /

¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? /

¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? /

¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? /

¿sin un amor con pena adentro? /

ahora pasan las cartas que nunca me escribiste /

hijo / vos /que tanto nacés de esta luz /

tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada /

y nunca sabré nada /

parecen pajaritos que vuelan con tu serenidad /

astros que tiraste al aire y ninguno ve /

yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro /

pensabas en una vida más limpia que ésta /

una vida que se podía lavar /

tender al sol de tu bondad /

una vida llena de rostros como viajes /

¿dónde están esos rostros / esos viajes? /

la vida está desnuda como un mar sin orillas /

y no puedo volver la vida atrás /

llevarla hasta tu cuna /

ni llevarla adelante /

yo soy menos real que la mesa donde como /

yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana /

ahora un niño se le paró al lado /

saca la mano del bolsillo del pantalón /

abre su palma a la luz

y piensa que la muerte es la muerte

y no más que eso /

Juan Gelman.

Poeta y periodista argentino, nace en Buenos Aires en 1930. Ha sido galardonado con importantes premios como el Cervantes en el año 2007 y los iberoamericanos de poesía Ramón López Velarde (2003), Reina Sofía (2005) y Pablo Neruda (2005). Sale de Argentina en 1976, durante la dictadura militar, a México, donde fija residencia definitiva. En muchos casos es posible relacionar su voz poética con hechos y aspectos importantes de su vida, pues no se preocupa por separarlos.

Algunos de sus poemas más sentidos y con mayor impacto parecen surgir de una necesidad expresiva más fuerte, como sucede con este poema que tiene unas imágenes de singular belleza, impactando con una sencillez casi infantil. Habla con ese asombro que todavía tienen los adultos cuando se maravillan de la simpleza con la que viven los niños, aunque son incapaces ya de romper la frontera que los separa. Sin duda, conocer la vida, la ideología y los acontecimientos relevantes en la vida del poeta ayuda a comprender un poco más el dolor que quiere transmitir con imágenes como “yo soy menos real que la mesa donde como”. Que sean las palabras de Gelman las que hablen, mientras él, detenido, observa un mundo detrás de la ventana.

@SaetasdeLuis

306. El resto

Poema #306.

El resto.

 

Ofelia cantó sus desquiciadas canciones

y salió corriendo de la escena, inquieta:

que si se le quema el vestido, que si sobre los hombros

le cae el cabello de la forma adecuada.

 

Para verdadero colmo, se lava las cejas

de esa negra desesperación y -como auténtica hija de Polonio-

cuenta las hojas que ha arrancado a su cabello, para mayor seguridad.

Ofelia, que a ti y a mí nos perdone Dinamarca:

moriré con alas, sobreviviré con prácticas garras.

Non omnis moriar de amor.

 

Wislawa Szymborska.

 

Poeta, ensayista y traductora polaca. Nació en 1923 y falleció en febrero de este año. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1996 por una breve pero extraordinaria obra poética. Obtuvo muchos premios literarios en vida.

¿Morir de amor? ¿Es tal cosa posible, o es sólo una ficción? Ofelia se desquició y se entregó a la negra desesperación. La vida, y el amor, nos muestran un cauce, pero somos nosotros quienes fluimos.

 

@SaetasdeLuis

300. La cogida y la muerte

Poema #300.

La cogida y la muerte.

 

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

 

El viento se llevó los algodones

a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel

a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo

a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada

a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones de bordón

a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo

a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio

a las cinco de la tarde.

¡Y el toro solo corazón arriba!

a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando

a las cinco de la tarde

cuando la plaza se cubrió de yodo

a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

 

Un ataúd con ruedas es la cama

a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído

a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía

a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles

a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles

a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

 

Federico García Lorca.

Importante miembro de la Generación del 27. Poeta, prosista y dramaturgo español, nacido en Granada en 1898 y ejecutado en 1936 tras la sublevación militar de la guerra civil española, por su afinidad con el Frente Popular y por ser abiertamente homosexual. Este poema es la primera elegía de su “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, torero, escritor y miembro de la Generación del 27, quien murió de gangrena a causa de una cornada en la plaza de Manzanares.

La hora sombría en la que nos enteramos de la muerte de un ser querido, la hora que se repite en todos los relojes y en todos los tiempos, que nos resuena terrible y atronadora. ¡Qué terrible la hora incierta de la muerte! La noticia que viene, que nos llega, que nos lleva. Las cuatro elegías que componen el llanto articulan su dolor ante esta situación, ante una sangre que no quiere verse, ante un cuerpo presente, ante el alma ausente. Aceptamos la impotencia ante esto -no tenemos otra opción- pues todos morimos, como también se muere el mar

@SaetasdeLuis

Ve con el viento, ahora y en todas las horas.

268. Los heraldos negros

Poema #268.

Los heraldos negros.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… Yo no sé!

 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán talvez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

 

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

 

César Vallejo.

Poeta peruano nacido en 1892 y muerto en el año 1938 en París. Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX. Publicó en Lima sus dos primeros poemarios: “Los heraldos negros” (1918) y “Trilce” (1922). El primer poemario al que, por supuesto, pertenece este poema, tiene ciertos rasgos aún modernistas pero también aspectos que ya buscan diferenciarse con una voz personal e innovadora.

Hay versos o palabras que se vuelven absolutamente universales, que transmiten un sentimiento más allá de cualquier sentimiento personal. Eso pasa con el sencillo verso que repite en este poema: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!”. Golpes como estos nos dejan desamparados ante la vida que sucede, desorientados. Nos suceden a todos, de formas diferentes, sin importar la latitud ni la vida que llevemos. Vallejo refuerza con las repeticiones y el ritmo del poema la  expresión del dolor que nos causan estos heraldos negros. Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

@SaetasdeLuis

173. Decir, hacer

Poema #173

Decir, hacer

                                              A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

Octavio Paz

Poeta y ensayista mexicano. Nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Considerado como una de las grandes figuras del siglo XX. Entre sus libros destacan: “El Laberinto de la Soledad” (1950),  “El arco y la lira” (1956), “Tiempo nublado” (1983), “La llama doble” (1993), entre otros. Recibe el  Premio Nobel de Literatura en 1990.  Fallece en Ciudad de México el 19 de abril de 1998. Publicado anteriormente su poema “Silencio”.

La poesía, cómo definirla, es como definir el amor o el dolor, estoy empezando a creer que son conceptos que se definen por contraposición. Una unión de palabras-sentimientos, contradicción de sentidos, una unión en desapego del cuerpo y del pensamiento. Pero en definitiva, creo que la poesía es como el amor o el dolor, la alegría o la tristeza, más que razonarla, hay que sentirla. La poesía se mueve, se hace allí en un “entre”: entre lo que somos, lo que hacemos, lo que sentimos, para dar cuenta de eso, de la vida, de todo. Para nacer de nosotros y trascender por sí misma.

@LauraAlessR