246. Los letrados

Poema #246.

Los letrados.

 

Lo prostituyen todo

con su ánimo gastado en circunloquios.

Lo explican todo. Monologan

como máquinas llenas de aceite.

Lo manchan todo con su baba metafísica.

 

Yo los quisiera ver en los mares del sur

una noche de viento real, con la cabeza

vaciada en frío, oliendo

la soledad del mundo,

sin luna,

sin explicación posible,

fumando en el terror del desamparo.

 

Gonzalo Rojas.

 

Poeta chileno (1917-2011), ganador del Premio Nacional de Literatura de Chile y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1992, entre otros. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue diplomático en China y Cuba, y profesor en universidades chilenas y extranjeras, incluyendo la Universidad Simón Bolívar, en Caracas.

Para adentrarse en círculos literarios, en premios, en menciones, “hay que prostituirse”, me dijo enfáticamente una amiga. No creo que tenga que ser tanto así, aunque creo que, sin lugar a dudas, muchos escritores se prestan a la prostitución literaria, buscando escribir obras que satisfacen el gusto de los críticos: un poema largo hoy, un poema sobre la memoria mañana, un texto sobre el suceso de moda, buscando sin duda, sólo gustar a los críticos.

Quisiera verlos -a los letrados- en los mares del sur, rodeados de horizontes, sin explicación posible y entregados a la intemperie. Quisiera vernos, estar ahí, descubrir el desamparo absoluto que cala hasta el alma y sacude, y nos sacude de toda esa baba metafísica. Como dice Bukowski, “siempre habrá dinero y putas y borrachos hasta que caiga la última bomba”, y también seguirán los letrados y la prostitución literaria.
@SaetasdeLuis

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234. A la puta que se llevó mis poemas

Poema #234.

A la puta que se llevó mis poemas.

 

Algunos dicen que debemos eliminar del poema

los remordimientos personales,

permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero

¡Por Dios!

¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!

¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!

¡Es intolerable!

¿Tratas de joderme como a los demás?

¿Por qué te no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente

lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el

rincón

La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete

de cincuenta,

pero mis poemas no.

 

No soy Shakespeare

pero puede que algún día ya no escriba más,

abstractos o de los otros;

Siempre habrá dinero y putas y borrachos

hasta que caiga la última bomba,

pero como dijo Dios,

cruzándose de piernas:

“veo que he creado muchos poetas

pero muy poca poesía”

 

Charles Bukowski.

Escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania en el año 1920. Falleció en Los Ángeles en 1994. Fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat por similitudes de estilo y actitud; es símbolo del “realismo sucio”, un movimiento literario que surge en los 70 en Estados Unidos y mezcla la sobriedad y precisión realistas con la vulgaridad y la decadencia. Fue también asociado con la literatura independiente, y escribió más de cincuenta libros.

Todos hemos pasado, alguna vez, por la situación que menciona el poema. Sea con libros que queremos o con escritos que hemos hecho, y que probablemente no volveremos a ver más. Por supuesto que nos molesta esto, y parecen saberlo cuando lo hacen, presentir que es lo que más nos puede doler, más que un brazo o un billete. Siempre habrá dinero y putas y borrachos, sobran tanto como los poetas. Pero como dijo Dios, y esos dos versos resuenan en múltiples ocasiones y cuando uno se encuentra en ciertos lugares, el cruel omnipresente como que creó muchos poetas, pero muy poca poesía…

@SaetasdeLuis

126. El extranjero

Poema #126.

El extranjero.

 

-¿A quién amas tú más, hombre enigmático, dime? ¿A tu padre, a tu madre, a tu hermana, o a tu hermano?

-No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.

-¿A tus amigos?

-Usted se sirve de una palabra cuyo significado aún me es desconocido hasta este día.

-¿A tu patria?

-Ignoro en qué latitud está situada.

-¿A la belleza?

-Yo la amaría voluntariamente, diosa e inmortal.

-¿Al oro?

-Lo odio como usted odia a Dios.

-¡Eh! ¿Qué amas entonces, extraordinario extranjero?

-Amo las nubes… las nubes que pasan… allá… ¡las maravillosas nubes!

 

Charles Baudelaire.

“Poeta maldito”, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), importante exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París. La escritura de ese libro representa la ruptura definitiva de las formas poéticas clásicas, reduciendo la brecha que antes mantenía prosa y poesía separadas.

Me resulta imposible no pensar en una novela posterior que juega con la misma palabra, en francés: “L’étranger” de Albert Camus, donde el personaje de la obra es un ser al que le resultan indiferentes e incomprensibles las convenciones humanas y la vida social. El hecho de ser un extranjero, un extraño, un individuo que no se adapta a lo que está visto como normal en la sociedad, atrae la atención del sistema, que buscará la manera de eliminarlo del mismo, como si fuese un virus dentro del organismo. L’étranger resulta todo eso, una figura enigmática y extraordinaria para esta persona que le hace una serie de preguntas ante las que se le revela extraño e incomprensible, puesto que carece de las ataduras sociales que estipulan, usualmente, el contacto humano.

Qué incomprensible, enigmático y fascinante nos resulta este personaje, así como aquello que ama, y que tiene una fantástica sonoridad en francés: “J’aime les nuages… les nuages qui passent… là-bas… les merveilleux nuages!”, esas nubes que sentimos pasar, que resultan hermosas, y que definen lo más amado e importante de la existencia de este extranjero que no sabe de familia, amigos, patria ni dinero.

@SaetasdeLuis