244. El albatros

Poema #244.

El albatros.

 

Como un juego, a menudo en los barcos he visto

cómo cazan albatros, grandes aves marinas

que son como indolentes compañeros de viaje

tras el barco que surca los abismos amargos.

 

Una vez han caído en cubierta, esos reyes

del espacio azulado son torpones y tímidos,

y sus alas tan blancas y tan grandes son como

blandos remos que arrastran lastimosos por tierra.

 

¡Pobre alado viajero, desmañado e inerte!

¡Él que fue tan hermoso ahora es feo y risible!

Uno acerca a su pico la encendida cachimba,

otro imita cojeando al lisiado con alas.

 

El Poeta es un príncipe, gran señor de las nubes,

cuya casa es el viento, que no teme al arquero;

desterrado en el suelo, entre el vil griterío,

sus dos alas gigantes no le dejan andar.

 

Charles Baudelaire.

 

Fue un poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867). María Zambrano dice de Baudelaire que “es el padre, al par que redentor, de la poesía. Y la ha redimido por aquello que parecía faltarle: la conciencia.” Fue llamado “poeta maldito” debido a su vida de bohemia y excesos, y fue un importante exponente del simbolismo francés. Este poema pertenece a sus “Flores del mal”. La poesía de Baudelaire resulta sumamente importante para ver la transición que llevó al poeta a perder su aureola y su altar.

El poeta iba con dignidad por los cielos, como “gran señor de las nubes”, hecho para volar e imponerse en el viento, donde resultaba majestuoso; sin embargo, haber caído a tierra le resulta humillante y entorpecedor, pues no está hecho para eso. Incomprendido y lastimero camina por la tierra con dos alas gigantes que apenas le dejan andar, torpemente. El poeta tiene, pues, que aprender a caminar con ellas o volver al cielo, o quitarse eso que lo llena de torpeza en el mundo por el que anda, sean alas o aureola o dignidad falsa e innecesaria. Inadaptado, el poeta hace lo que puede.

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

“…y sus alas tan blancas y tan grandes son como/ blandos remos que arrastran lastimosos por tierra.”

 

Anuncios

194. Extravío de aureola

Poema #194.

Extravío de aureola.

 

-Pero, ¿cómo? ¿Tú por aquí, querido? ¡Tú en un lugar de perdición! ¡Tú, el bebedor de quintaesencias! ¡Tú, el comedor de ambrosía! En verdad, tengo de qué sorprenderme.

-Querido, ya conoces mi terror de caballos y de coches. Hace un momento, mientras cruzaba el bulevar, a toda prisa, dando zancadas por el barro, a través de ese caos movedizo en que la muerte llega a galope por todas partes a la vez, la aureola, en un movimiento brusco, se me escurrió de la cabeza al fango del macadán. No he tenido valor para recogerla. He creído menos desagradable perder mis insignias que romperme los huesos. Y además, me he dicho, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo pasearme de incógnito, llevar a cabo acciones bajas y entregarme a la crápula como los simples mortales. ¡Y aquí me tienes, semejante a ti en todo, como me estás viendo!

-Por lo menos deberías poner un anuncio de la aureola, o reclamarla en la comisaría.

-No, a fe mía. Me encuentro bien aquí. Sólo tú me has reconocido. Por otra parte, la dignidad me aburre. Luego, estoy pensando con alegría que algún mal poeta la recogerá y se la pondrá en la cabeza impúdicamente. ¡Qué gozo hacer a un hombre feliz! ¡Y, sobre todo, feliz al que me dé risa! ¡Piensa en X o en Z! ¡Vaya! ¡Sí que va a ser gracioso!

 

Charles Baudelaire.

Poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época, quien rompió con las formas poéticas clásicas y se adelantó a su tiempo, compartiendo opiniones sobre la modernidad, el arte, la cultura y la poesía. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París, libro del que ya hay dos poemas más en Trazos de la memoria.

El poeta que pierde la aureola, que pierde ese halo de misticismo y dignidad que cubría a los poetas clásicos y consagrados, un poeta que se adscribe a un nuevo tiempo en el que es parte de los “simples mortales” y puede pasear de incógnito, entregándose a todo tipo de placeres mundanos. El poema expresa el zeitgeist, el espíritu de su tiempo, en el que la aureola de los poetas cae y pierde importancia, y ellos comienzan a hablar de cuestiones más cercanas a la cotidianidad, a lo que sienten y viven los hombres en todos los lugares, en cualquier momento. Pero siempre habrá alguien que recoja esa aureola del barro y se la quiera colocar, sin obtener un buen resultado, pues ni siquiera le pertenece, y no le encaja sino para dar risa. El poeta anda por el mundo sin aureola, es parte de la vida cotidiana.

@SaetasdeLuis