397. Vitral de mujer sola

Poema #397

Vitral de mujer sola

Se sabe de una mujer que está sola
porque camina como una mujer que está sola
Se sabe que no espera a nadie
porque camina como una mujer que no espera a nadie
Esto es
se mueve irregularmente y de vez en cuando se mira los zapatos
Se sabe de las mujeres que están solas
cuando tocan un botón por largo tiempo
Las mujeres solas no inspiran piedad
ni dan miedo
si alguien se cruza con ellas en mitad de la vereda
se aparta por miedo a ser contagiado
Las mujeres solas miran el paisaje
y se diría que son amantes
de las aceras/ de los entresuelos/ de las alcantarillas/ del subsuelo
de los subterfugios
Las mujeres solas están sobre la tierra al igual que sobre los árboles
les da igual porque para ellas es lo mismo
Las mujeres solas recitan parlamentos
estoy sola
y esto quiere decir que está con ella
para no decir que está con nadie
tanto se considera una mujer sola
Las mujeres solas hacen el amor amorosamente
algo les duele
y luego todo es más bien triste o colérico o simplemente amor
Estas mujeres se alumbran con linternas
van al detalle
saben donde se encuentra cada cosa
porque temen seguir perdiendo
y ya han perdido o ganado demasiado
Ellas no lo saben
porque van del llanto a la alegría
y a veces piensan en la muerte
También planean un largo viaje e imaginan encuentros posibles
Administran el dinero
compran legumbres
trabajan de 8 a 8
Si tienen hijos hacen de madres
son tiernas y delicadas
aunque muchas veces se alteren
un pensamiento recurrente es
ya no puedo ni un minuto más
Las mujeres solas tienen infinidad de miedos
terrores francamente nocturnos
los sueños de tales mujeres son
terremotos catástrofes sociales
Una mujer sola reconoce a otra mujer sola de forma inmediata
llevan el mismo cuello airado
lo cual no quiere decir que no quieran a nadie más que a sí mismas
esto es completamente falso
Lo cierto es que la casa de una mujer sola
está abierta a su antojo
Una mujer sola
no puede curar su soledad
porque nada está enfermo
se remedia lo curable
una gripe o un dolor de estómago
La mujer que piense que su soledad es curable
no es una mujer sola
es un estado transitivo entre dos soledades
infinitamente más peligrosas
Una mujer sola es una mujer acompañada
aunque de este hecho no se percate más que el zapato
al que mira con detenimiento
o el botón
que parece representar algo verdaderamente importante
como de hecho lo es
como los árboles o el cielo
sólo que el privilegio que deriva de semejante atención
es más bien propio de las almas temperadas al siguiente fuego:
id contigo
para estar con vosotros.

Yolanda Pantin

Poeta Venezolana. Nace en Caracas en 1954. Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Vinculada al grupo de poetas mujeres reunidas bajo la denominación de «Generación del 78», sus inicios literarios la señalan como destacado componente del grupo poético «Tráfico». Fue miembro del consejo rector del Fondo Editorial Pequeña Venecia y de la Editorial Luna Nueva de la Universidad Metropolitana de Caracas. Ha publicado numerosos libros de poesía, entre ellos: “Casa o lobo” (1981), “La canción fría” (1989), “El cielo de París” (1989), “Los bajos sentimientos” (1993), “La épica del padre” (2002). En 2004 su obra fue recopilada en Poesía reunida 1981-2002.

Soy la única en esta mesa. Mujeres y hombres entran y salen del bar. Los tragos, cigarros, manos, risas, irrumpen entre las letras que esbozo. Un mundo se va creando gracias a los ritmos y compases de las sillas, las botellas, los zapatos, las miradas. La vida se vuelve ruidosa, habla más de la cuenta. Ellos entran al papel y yo “soy apenas un hombre que trata de respirar por los poros del lenguaje”. Por favor, no preguntes por qué no quiero compañía.

@LauraAlessR

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291. 19

Poema #291

19

No buscados, hoy amanecen
el pan sin el soporte de la mesa,
el agua regia sin el vaso,
el árbol sin las letras que lo escriben o pronuncian,
el pájaro puntual en la ciudad dormida.
La lluvia pisa la grama y resucita
vírgenes perfumes. La cal nueva
fulge en la pared del campanario
donde el domingo me convoca.
Ese trozo de musgo en el asfalto
me recuerda que el Mundo, subversivo,
derrota a la Historia finalmente. Y con él,
vence este día, cabal e impronunciado,
rendimiento en su fasto la basura
acumulada ayer sobre la acera.
Hay asueto en la entraña del silencio
y hasta las motocicletas braman hoy
en el vacío festivo, como un circo
de animales prehistóricos jugando
en la infancia silvestre del oído.
La calle de siempre es otra calle:
una estampa escrita por detrás
en la caligrafía primera de la luz.
No hay mariposas, pero en cambio
los ojos de aquel perro, bajo el porche,
agradecen, acuosos, el sol tibio.
Me miran ignorando su dulzura
en la extática plegaria del instinto.
¿Cómo cristalizó el mito de esta hora
en el ateísmo líquido del tiempo?
Alguien dibuja el día por nosotros.
Alguien me ama hoy, secretamente.

Armando Rojas Guardia

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en el año 1949. Entre sus poemarios se encuentran: “Del mismo amor ardiendo” (1979), “Yo que supe de la vieja herida” (1985), “Hacia la noche viva” (1989),  ”Fuera de tiesto” (2008), entre otros. Fue miembro  del grupo Tráfico y participó en el Taller de Calicanto y Antonia Palacios. Ya tenemos varios poemas de él publicados en Trazos de la memoria.

Días para los detalles. Pequeños eventos cotidianos brillan y rememoran. Nace un agradecimiento por la existencia, por el correr del tiempo, así, sin razón y en simplicidad. Son días para detenerse y mirar, retratar en la memoria la silenciosa belleza de la vida.

@LauraAlessR

208. Muerte a la rutina

Poema #208.

Muerte a la rutina.

 

Toda rutina que cumpla mayoría  de edad (entiéndase tres meses)

debe ser condenada a la hoguera de la creatividad.

No permitas que te invada.

Apaga el televisor.

Cambia la cinta.

Regala los cds.

Sal de tu casa por calles distintas.

No entres por la misma puerta a tu trabajo.

Reza con los católicos, discute con los evangélicos y conspira con los marxistas.

Escribe poesía.

Pero no te masturbes al hacerlo.

Por ninguna razón almuerces dos veces a la semana en el mismo local.

Cambia los menús.

Ve al cine, al teatro, al bar, al hipódromo.

Pero no te encadenes.

No te hagas adicto.

Haz el amor todas las noches con chicas diferentes aunque sea tu esposa la única que acaricies.

Deja un día de cepillarte los dientes o de enjuagarte el cabello.

No uses reloj.

Tan sólo por un día bájate sin pagar del transporte público

y por varios días no cenes.

Ve un día al fútbol y otro a Dossier.

Visita los museos así no los soportes.

Compra libros en remates.

Aprende nombres de autores y de títulos.

Consiente a los niños.

Escucha a los ancianos.

Conversa, aunque sea diez minutos, con los alcohólicos de tu plaza, con los mendigos.

Escucha jazz, salsa, música clásica y autóctona.

Lee la carátula de los discos.

Hazte amigo de alguna prostituta y no te acuestes con ella, escúchala.

Socorre a algún pana que esté pelando.

Pide ayuda a un amigo así no la necesites.

Nunca pidas nada a alguien a quien tienes más de un año sin ver, llámalo aunque sea dos semanas antes.

No te quejes.

No llores.

No sufras.

Disfruta así estés a un paso de la muerte.

Vive, vive, así te esté matando el cáncer

o la diabetes o el dolor pero no te dejes.

No te rajes Jalisco.

Que la vida puede ser diferente…

 

José Javier Sánchez.

 

Nació en Caracas en 1970, es poeta y promotor de lectura. Fundador de la Red Nacional de Promotores de Lectura y de la Red Nacional de Escritores de Venezuela y coordinador del Programa Nacional de Promoción de Lectura “Leer es Entender” de la Biblioteca Nacional. Este poema pertenece a su libro “Fragmentos para una memoria”.

Es probable que todos los que leamos estas líneas hayamos pasado, alguna vez, por una rutina. Conocemos lo pesada que puede ser, lo destructiva, lo agotadora. Pero “la vida puede ser diferente”, nos dice el poeta, y nos ennumera posibilidades que disipan la rutina. Nos recomienda, sobre todo, vivir, vivir a pesar de todo. Darle paso a la creatividad y a los detalles, permitirnos disfrutar cada instante, hacer las cosas de forma diferente a la habitual. Hay rituales cotidianos que son necesarios, claro, pero hay rutinas que no deberíamos permitirnos; no nos dejemos, hay que vivir la vida. “No te rajes, Jalisco.”

(El verso de “Socorre a algún pana que esté pelando” contiene dos venezolanismos: un pana es un amigo, y pelar, en este caso, significa no tener dinero.)

@SaetasdeLuis

192. Alta traición

Poema #192.

Alta traición.

 

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

fortalezas,

una ciudad deshecha,

gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

y tres o cuatro ríos.

 

José Emilio Pacheco.

Poeta, ensayista, traductor, cuentista y novelista mexicano, perteneciente a la llamada “Generación de los años cincuenta”. Nació en el año 1939 y ha recibido una extensa serie de premios y galardones, entre los que resaltan el Premio Nacional de Poesía, en su país; el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en el año 2004; y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en el año 2009; así como el Premio Cervantes, en el mismo año.

El tema del poema da para extensas disertaciones, así como el concepto del que habla: patria. Es una alta traición, ciertamente, decir que no se ama a la patria, a ese lugar que debería ser motivo de amor y orgullo incondicionales, según dicen, y entre otras tantas cosas. Pero es cierto lo que dice: el fulgor abstracto de la patria es inasible, y en vez de llenarnos la boca hablando de ideologías y conceptos que son inasibles, resulta más honesto, más real, decir lo que dice el poeta: daría la vida por diez lugares suyos, por una mirada en la que me sumerjo, por una montaña, cierta gente, algunas calles, una ciudad deshecha. Estos detalles conforman nuestra patria íntima, lugares que podemos considerar realmente nuestros, y a los que nos sentimos ligados, y que también conforman un todo. ¿Es esto una alta traición o es nuestra más sincera muestra de fidelidad?

@SaetasdeLuis