531. Para desnudar a una mujer

Poema #531

Para desnudar a una mujer

Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra
ni pericia ni astucia
De nada valen erudición destreza brusquedad
Ni siquiera sabiduría

Para amanecer a su lado
poco importa el arrojo el valor
.                                                               la treta o la artimaña
De nada sirven apostura o tenacidad
No hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución
.                               o su mesura

Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil
.                                 toda voracidad resulta amarga
.                                 todo discernimiento se vuelve melancólica penuria

Para desnudar a una mujer basta el instante
.                                 en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca
y restaure en su pecho la incordura
.                                y sepulte su cuerpo en nuestros brazos.

Gustavo Pereira

Poeta, ensayista y crítico literario venezolano. Nació en Margarita en 1940. Fue miembro del grupo “Símbolo”. Ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos: el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1988), el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) y el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (2000). En 2008, el Festival Mundial de Poesía (5ªedición) fue dedicado a Gustavo Pereira. Ya tenemos varios poemas de él publicados en Trazos de la memoria.

Para denudar una mujer… un instante de duda, un instante solamente. Un instante propicio para el fuego que “sugiere el deseo de cambiar, de atropellar el tiempo, de empujar la vida hasta su más allá”. Y así, como la llama viva, desnudar a una mujer es un instante, no más.

@LauraAlessR

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478. Casida IV. De la mujer tendida

Poema #478.

De la mujer tendida.

 

Verte desnuda es recordar la Tierra,

la Tierra lisa, limpia de caballos,

la Tierra sin un junco, forma pura,

cerrada al porvenir; confín de plata.

 

Verte desnuda es comprender el ansia

de la lluvia que buscar débil talle,

o la fiebre del mar de inmenso rostro

sin encontrar la luz de su mejilla.

 

La sangre sonará por las alcobas

y vendrá con espadas fulgurantes,

pero tú no sabrás dónde se ocultan

el corazón de sapo o la violeta.

 

Tu vientre es una lucha de raíces.

Tus labios son un alba sin contorno.

Bajo las rosas tibias de la cama

los muertos gimen esperando turno.

 

Federico García Lorca.

Poeta, dramaturgo y prosista granadino, parte de la Generación del 27. Nace en 1898 y muere ejecutado tras la sublevación militar de la guerra civil española, en el año 1936. Una “casida”, según explica Emilio García Gómez, “es el nombre que se le da en árabe a todo poema de cierta longitud, con determinada arquitectura interna (…) y en versos monorrimos, medidos con arreglo a normas escrupulosamente estereotipadas”. Pertenece a su libro “Diván del Tamarit”, que está dividio en dos secciones: gacelas y casidas.

Recordar la Tierra, ver la Tierra; su vastedad, su esplendor, sus motivos y el recorrido incierto de la vida que da vueltas sobre un tiempo que va y viene en la mujer tendida y desnuda: máxima revelación.

@SaetasdeLuis

71. Naufragio inconcluso

Poema #71.

Naufragio inconcluso

Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas

de mis ojos, esta pequeña historia de amor que

se cierra como un abanico que abierto mostraba a la

bella alucinada: la más desnuda del bosque en el

silencio musical de los abrazos.

Alejandra Pizarnik

Poeta argentina nacida en Buenos Aires el 29 de abril de 1936.  Anteriormente publicado aquí su poema: “L’obscurité des eaux”.  Tradujo a autores como: Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, entre otros. Entre sus poemarios destacan: “La tierra más ajena” (1955),  “Árbol de Diana” (1962), “Los trabajos y las noches” (1965),  “El infierno musical” (1971),  “El deseo de la palabra” (1975). Fallece el 25 de septiembre de 1972 debido a una intensa depresión.

Ayer @SaetasdeLuis dijo que el momento del naufragio sucede cuando: “dos cuerpos se encuentran, y los amantes se entregan en el “fugaz epitafio de la espuma”, de dos carnes sumergidas una en la otra, enfrentadas.”  Y es quizás este naufragio el que ahora se aplaza y se pierde. Una historia de amor que se cierra… la misma que mostraba a una mujer entregada, a la más desnuda. Si, ella, la que quería escuchar la música de: “los enlazados cuerpos que zozobran / bajo una misma tormenta solitaria” E.M.

Y es que los naufragios están a merced de las mareas.  Ellas que saben del tiempo, esas aguas que si bien son opuestas al fuego lo propician o lo detienen.  Mareas que deslizan entre el roce de dos cuerpos o que conducen a dos barcos hacia diferentes horizontes.

@LauraAlessR