225. El amor empieza cuando…

Poema #225

El amor empieza cuando…

El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.

Roberto Juarroz

Fue un ensayista, traductor y crítico literario argentino. Nació el 5 de octubre de 1925. Fue miembro de número de la Academia Argentina de Letras y catedrático universitario por más de treinta años. La parte más importante de su obra está reunida en un volumen numerado bajo el título de Poesía vertical. Fallece el 31 de marzo de 1995.  Publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

a-Entonces es cierto,  el amor termina.

b-Hay cosas demasiado eternas que comienzan a gastarse.

a- Pura desesperanza, el tiempo acaba con todo.

b- Solo un momento, en el que no sobra ni falta la vejez de mirarse.

a- Ya ni se miran. Dicen que avisa, que es como un presentimiento.

b- Es algo que llega hasta la sangre.

a- ¿Cómo una herida? Entonces, el cuerpo lo siente.

b- En cualquier parte.

a-Pero se cura. El tiempo pasa.

b- Es la luz que se agrieta sobre la soledad irremediable.

a-El amor es así, ¿simplemente eso?

b- Sí, simplemente eso,  la forma del comienzo tercamente escondida detrás de los finales.

@LauraAlessR

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189. El cuerpo y su doble

Poema #189

El cuerpo y su doble

Hay cuerpos que sólo se encuentran

en otro cuerpo. Están hechos

como las estrellas y el cielo. No

caben en una bóveda extraña.

No importan dónde se encuentren.

Son palmeras aisladas aspirando

su propia arena en el horizonte.

No se trata de sombras. No están

ni tan abajo ni tan lejos. Son

presencias reales, escrituras de piel

y dedos, cabellos y piernas.

Si coinciden un día,

en alguna ciudad lejana,

si son dejados solos,

en un espacio adecuado,

se aproximan,

se atraen, y al poco tiempo,

al otro lado del espejo,

se juntan, se hacen uno

y desaparecen.

Alejandro Oliveros

Escritor venezolano.  Nació en 1948, fundador de la revista “Poesía” y director de “Zona Tórrida. Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo”. Enseña en la Escuela de Artes Plásticas “Arturo Michelena” y en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado extensamente en revistas nacionales e internacionales. Este poema pertenece a su libro “Poemas del cuerpo y otros”. Anteriormente publicados dos poemas de este libro en Trazos de la memoria.

Eso que nos contiene. El cuerpo y su lenguaje, sus decisiones. Un cuerpo que se ajusta a la medida de otro, una palmera que vigila el horizonte. Los cuerpos hablan entre sí, se entienden y armonizan como solo ellos saben. Dos cuerpos que pueden comunicarse en el encuentro. Cuerpos que esperan un momento, la coincidencia de un día, el acuerdo que les permita el espacio y el tiempo. Cuerpos que se aguardan, cuerpos que “no caben en una bóveda extraña”.  Ellos “se juntan, se hacen uno y desaparecen”. Ellos saben leerse entre sí las escrituras de piel.

@LauraAlessR