465. Fuegos

Poema #465

Fuegos

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme
desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen,
pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

Marguerite Yourcenar

Poeta, novelista e historiadora belga de origen francés nacida en Bruselas en 1903. Huérfana de madre desde su nacimiento, fue educada por su padre quien fomentó en ella el interés por la literatura. Publicó la primera colección de poemas en 1921 bajo el título “El jardín de las quimeras” y una segunda colección en 1922 denominada “Los dioses no han muerto”. Viajó a Estados Unidos en 1939 como catedrática de Literatura comparada en el Instituto Sarah Lawrence College de Nueva York, y posteriormente estableció su residencia definitiva en el estado de Maine, obteniendo la nacionalidad norteamericana en 1948. Fue reconocida mundialmente por la publicación de la novela “Las memorias de Adriano” en 1951. Falleció en diciembre de 1987.

En el espacio que se abre ante la palabra “muerte”, despierta y habita la chispa de la vida. Allí, se aviva poco a poco la llama del existir. En los espacios que deja una caricia, un compañero, una necesidad. Instantes para el infinito. Al final, la vida o la muerte no son más que breves instantes (sublimes, quizás).

@LauraAlessR

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434. [Era una vieja costumbre]

Poema #434.

 

Era una vieja costumbre.

Casi todas las noches

me ponía a oír mis propios pensamientos.

Me iba ausentando de mí mismo

hacia otros lugares.

Veía entre las aguas del río

aquel cuerpo de ondina

que con sus movimientos mi vida atormentaba.

Oculto entre los matorrales

mis ojos se agigantaban

y un temblor descalabraba mis piernas.

Exhalaba palabras apagadas

tendido en el follaje.

Un escalofrío bajaba por mi columna vertebral.

Cerraba los ojos.

Los abría de nuevo y veía aquel cuerpo

alejándose cada vez más de mí

y perdiéndose en lo lejos

en las curvas de mundo.

Allí sólo lloraba.

Pero hoy la hora del destino

sin remisión ha llegado.

El azar acerca hasta mis manos

aquel cuerpo improbable

y deslumbrante de entonces,

dolorosamente me arranca del pasado

y me sobresalta ahora y en otras circunstancias

con su más temible realidad.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario nacido en Boconó, Venezuela, en el año 1930. Formó parte de los grupos Sardio y El techo de la ballena. Recibió, en 1980, el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a “Los ritos secretos”, libro de su madurez publicado en 1981 en el que se entrelazan hechos y ensueños, realidad y fantasía ensimismada.

Es mejor pensar en algunas situaciones como improbables más que como imposibles. Improbable es que un poema de 1981 tenga parecido con un antiguo poema de amor fulbe, que las situaciones se parezcan, que el tema lo podamos sentir igual de cotidiano y cercano. Es improbable que el azar acerque ciertas cosas hasta nuestras manos. Es improbable que un Papa renuncie, que un dictador ceda el poder o que ciertos ensueños se hagan realidad. Improbable, sí, mas no imposible.

@SaetadeLuis

87. Yo soy una mujer…

Poema #87

Yo soy una mujer ….. lo he dicho mil veces

Yo soy una mujer de palabras rotas …. de eclipses hormonales

de chillidos en lo adentro

observa mi pecho tembloroso …. palpitante

es mi corazón a pleno andar

galopando descalzo a lo largo de lo indecible

Yo soy una mujer ………… lo repito

el calor descose el final de mi bluejean recién comprado

el último vocablo empaña mi parabrisas

el aire me duele

es tu maldita costumbre

y hechizo larvario de regresar a mi memoria

Yo soy una mujer …… suficiente

me quedo con la silueta poco definida del que empieza a vivir

me quedo fugitiva

secretamente rendida a mis pechos diminutos

Y soy una

mujer a fuego lento

Natasha Tiniacos

Poeta Venezolana. Publicado anteriormente su poema: “Poder federal“. Licenciada en Letras. Este poema pertenece a su poemario “Mujer a fuego lento”  con el cual gana el I Premio Nacional Universitario de Literatura 2004, mención poesía. Actualmente cursa estudios de posgrado en la Universidad de Carolina del Sur.

“Y soy una / mujer a fuego lento”. Este poema me recorre y susurra constantemente. Lo vulnerable y perennne del fuego, ese elemento que engendra, que arde, que mata. El elemento maestro en la huella, la marca. Esto que es y que está, que arde en mi escencia. Es que el fuego lento se instala en el cuerpo, en la mente… de huella dimunuta pero imperecedera. Allí donde me quedo fugitiva y eterna. Este fuego especialista en las contradicciones de mi pecho palpitante. Este fuego abrasador que excita y sacia. El fuego que narran esas cenizas.

@LauraAlessR