330. Si acaso

Poema #330.

Si acaso.

 

Podía ocurrir.

Tenía que ocurrir.

Ocurrió antes. Después.

Más cerca. Más lejos.

Ocurrió; no a ti.

 

Te salvaste porque fuiste el primero.

Te salvaste porque fuiste el último.

Porque estabas solo. Porque la gente.

Porque a la izquierda. Porque a la derecha.

Porque llovía. Porque había sombra.

Porque hacía sol.

 

Por fortuna había allí un bosque.

Por fortuna no había árboles.

Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,

un marco, una curva, un milímetro, un segundo.

Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

 

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.

Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,

a un paso, por un pelo,

por casualidad.

 

¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?

¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?

No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.

Escucha

cuán rápido me late tu corazón.

 

Wislawa Szymborska.

Nació en 1923 en Polonia y falleció el 1 de febrero de este mismo año. Traductora, ensayista y, por supuesto, poeta. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en el año 1996 por una obra poética que, con ironía y precisión, logró iluminar fragmentos de la realidad humana.

La red de conexiones se extiende invisible sobre nosotros, nos movemos dentro de ella y descubrimos coincidencias, encuentros fortuitos, casualidades. Sorprenden todas las conexiones, todas las (im)posibilidades de cada instante, que suceden, que nos llevan a donde estamos. ¿Qué pasaría si… cualquier otra cosa? Por fortuna, la rueda gira y todo lo que sucede está conectado en una red con infinitos condicionantes y detalles que se suman en cada instante, haciéndolo posible. No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

La fortuna siempre es precisa.

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174. Oda a la cebolla

Poema #174.

Oda a la cebolla.

 

Cebolla,

luminosa redoma,

pétalo a pétalo

se formó tu hermosura,

escamas de cristal te acrecentaron

y en el secreto de la tierra oscura

se redondeó tu vientre de rocío.

Bajo la tierra

fue el milagro

y cuando apareció

tu torpe tallo verde,

y nacieron

tus hojas como espadas en el huerto,

la tierra acumuló su poderío

mostrando tu desnuda transparencia,

y como en Afrodita el mar remoto

duplicó la magnolia

levantando sus senos,

la tierra

así te hizo,

cebolla,

clara como un planeta,

y destinada

a relucir,

constelación constante,

redonda rosa de agua,

sobre

la mesa

de las pobres gentes.

 

Generosa

deshaces

tu globo de frescura

en la consumación

ferviente de la olla,

y el jirón de cristal

al calor encendido del aceite

se transforma en rizada pluma de oro.

 

También recordaré cómo fecunda

tu influencia el amor de la ensalada,

y parece que el cielo contribuye

dándote fina forma de granizo

a celebrar tu claridad picada

sobre los hemisferios de un tomate.

Pero al alcance

de las manos del pueblo,

regada con aceite,

espolvoreada

con un poco de sal,

matas el hambre

del jornalero en el duro camino.

Estrella de los pobres,

hada madrina

envuelta

en delicado

papel, sales del suelo,

eterna, intacta, pura

como semilla de astro,

y al cortarte

el cuchillo en la cocina

sube la única lágrima

sin pena.

Nos hiciste llorar sin afligirnos.

Yo cuanto existe celebré, cebolla,

pero para mí eres

más hermosa que un ave

de plumas cegadoras,

eres para mis ojos

globo celeste, copa de platino,

baile inmóvil

de anémona nevada

y vive la fragancia de la tierra

en tu naturaleza cristalina.

 

Pablo Neruda.

Poeta chileno, considerado entre los más influyentes del siglo XX, así como destacado activista político y miembro del comité central del Partido Comunista. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y en 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura. Figuras como Harold Bloom y Gabriel García Márquez lo han considerado un gran poeta, sin comparación en el siglo XX. Sus “Odas elementales”, de donde viene este poema, cantan y celebran cuestiones cotidianas y sencillas, exaltándolas.

Este poema siempre me recuerda a un profesor muy apreciado que me dio clases en la Escuela de Letras, quien lo utiliza como ejemplo en repetidas ocasiones, recitando fragmentos y comentando sobre el extrañamiento que logra el poeta para ver la cebolla de otras tantas maneras. El poeta debería, ciertamente, vivir sorprendido y extrañado ante la realidad, permitiendo que sucedan “chispas” entre conexiones inusitadas de elementos, generando así potentes imágenes. ¿Cuántas veces han comido una cebolla sin pensar en las imágenes que nos da Neruda? ¿En esa rizada pluma de oro, globo celeste o baile inmóvil de anémona nevada?

Lo más gracioso es que no me gusta, para nada, la cebolla. Pero he de admitir que resulta un poco más interesante una redonda rosa de agua.

@SaetasdeLuis