598. En una estación del metro

Poema #598.

En una estación del metro.

 

La aparición de estos rostros en la multitud;

pétalos en una rama oscura y húmeda.

 

Ezra Pound.

Nace en Idaho, Estados Unidos, en el año 1885 y muere en Venecia, Italia, en 1972. Poeta, ensayista, músico y crítico estadounidense perteneciente a la llamada “Generación perdida” que predicó el rescate de la poesía antigua para ponerla al servicio de una concepción moderna. Vivió un tiempo en París y, luego, en Italia, donde se volvió admirador de Benito Mussolini y del fascismo; lo antes mencionado hizo que se le juzgara por traición tras la guerra, en Estados Unidos. Por intervención de figuras del mundo cultural se le declaró “loco”, salvándolo así de una posible pena de muerte. Luego de doce años internado en el hospital de St. Elizabeth volvió a Italia, donde permaneció hasta su muerte.

Mezclar lo urbano con lo natural, la escritura contemporánea con la antigua. Aproximarnos a nuestras experiencias y a otras más, trascender la visión cotidiana del metro. Casi un haiku urbano, un agujero en la cotidianidad que abre otra visión, un poco más allá, hacia otro mundo, otra manera de ver las cosas.

@SaetasdeLuis

491. Ando sucia…

Poema #491

Ando sucia
para el silencio.

Jacqueline Goldberg

Nacida en Maracaibo el 24 de noviembre de 1966. Es Licenciada en Letras, poetisa, narradora, ensayista, escritora testimonial, dramaturga, autora de literatura para niños y editora. Publicada anteriormente en Trazos de la memoria.

Lo intenté mucho tiempo, en ocasiones lo logré. Pero han pasado demasiados años. Es necesario romper esta cotidianidad que asfixia. Esto amerita un cambio, merece una oportunidad. A estas alturas “ando sucia para el silencio”.

@LauraAlessR

395. Aquí

Poema #395

Aquí

Mis pasos en esta calle
resuenan
en otra calle
donde
oigo mis pasos
pasar en esta calle
donde

sólo es real la niebla

Octavio Paz

Poeta y ensayista mexicano. Nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Considerado como una de las grandes figuras del siglo XX. Entre sus libros destacan: “El Laberinto de la Soledad” (1950), “El arco y la lira” (1956), “Tiempo nublado” (1983), “La llama doble” (1993), entre otros. Recibe el Premio Nobel de Literatura en 1990. Fallece en Ciudad de México el 19 de abril de 1998.

En ocasiones no me dirijo hacia ninguna parte. Momentos en que contemplo lo maravilloso del paisaje y secretamente ya no añoro mi Ítaca. Dejo de lado el camino, demoro el viaje, pierdo el tiempo. De pronto un detalle mínimo: el mosaico de una pared, el cruce de una esquina, la fachada de una casa o una sencilla mirada aviva el recuerdo. Así, regresa la emoción y el deseo. Mis pasos resuenan en otra calle y todo lo admirado lejos del camino se disuelve. Queda de nuevo un espacio en mí, vuelvo a mi travesía.

@LauraAlessR

338. Buenos Aires

Poema #338.

Buenos Aires.

 

Y la ciudad, ahora, es como un plano

de mis humillaciones y fracasos;

desde esa puerta he visto los ocasos

y ante ese mármol he aguardado en vano.

 

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto

me han deparado los comunes casos

de toda suerte humana; aquí mis pasos

urden su incalculable laberinto.

 

Aquí la tarde cenicienta espera

el fruto que le debe la mañana;

aquí mi sombra en la no menos vana

 

sombra final se perderá, ligera.

No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.

 

Jorge Luis Borges.

 

Es considerado uno de los más importantes escritores argentinos del siglo XX. Nació en Buenos Aires en 1899 y falleció en Ginebra en 1986. Su primer poemario se titula “Fervor de Buenos Aires”, y lo publica en 1923.

Siempre existe, aunque viajemos mucho, aunque seamos nómadas infatigables, esa ciudad, esa memoria a la que estamos atados, ese lugar que guarda algo de nosotros. Está entramada de recuerdos y de imágenes, un laberinto por el que caminamos entre distintos tiempos. Y, pues sí, en ocasiones no sabemos si lo que nos une a una ciudad es el amor o el espanto… y caminamos.

@SaetasdeLuis

313. Ciudad de bichos

Poema #313

Ciudad de bichos

Ciudad de bichos
retazos de alma inane
despojos de hiel
bosque de amazonas sin pechos
pradera de centauros requemados,

estoy condenado a amarte
a disolverme en tus celajes
a exprimir tus esponjas secas
y a quedarme con un tallo de piedra
y un pétalo sin flor
bajo la lluvia
que no cae.

Héctor Silva Michelena

Economista, doctor en Ciencias Sociales, profesor universitario y poeta venezolano. Nació en Caracas en 1931 y fue formado por los jesuitas del Colegio San Ignacio; una educación que su padre, que era obrero petrolero, costeó con grandes esfuerzos. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Este poema es tomado de su poemario “Escombros”, poemas escritos entre 1988 y 1991.

Una lluvia que no cae, un tiempo en espera detenido. Donde me encuentre, estoy condenado a amarte. Mi ciudad, hoy recorrí tus calles y todo estaba triste. El tallo de piedra que me dejas me recuerda que aún hay tanto por aprender. Me recuerda que mi ciudad es una ciudad de bichos. Todavía eres una ciudad de escombros y llanto.

@LauraAlessR

 

242. A solas con todo el mundo

Poema #242.

A solas con todo el mundo.

 

La carne cubre el hueso

y dentro le ponen

un cerebro y

a veces un alma

y las mujeres arrojan

jarrones contra las paredes

y los hombres beben demasiado

y nadie encuentra al otro

pero siguen

buscando

de cama

en cama,

la carne cubre

el hueso y la

carne busca algo más que carne.

 

No hay ninguna posibilidad:

estamos todos atrapados

por un destino

singular.

 

Nadie encuentra jamás al otro.

 

Los tugurios se llenan

los vertederos se llenan

los manicomios se llenan

las tumbas se llenan

 

nada más

se llena.

 

Charles Bukowski.

Escritor y poeta estadounidense, aunque nacido en Alemania en el año 1920. Falleció en Los Ángeles en 1994. Escribió más de cincuenta libros y ha sido erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat por similitudes de estilo y actitud; es símbolo del “realismo sucio” (dirty realism), un movimiento literario que surge en los 70 en Estados Unidos y mezcla la sobriedad y precisión realistas con la vulgaridad y la decadencia, buscando reducir la narración a sus elementos fundamentales.

¿Será cierto esto que dice Bukowski? La decadencia puede ser vista en muchos lugares, en muchas sociedades. Aquí es nuestra percepción la que impera: puede que los museos se llenen, también, y los teatros, y las escuelas (o que queramos creer esto), pero es indudable que los lugares que el poeta menciona reciben más personas, que muchas de ellas sólo reaccionan ante estímulos y palabras básicas. ¿“Nadie encuentra jamás a otro”? Eso nos haría vagar por la existencia a solas con todo el mundo, a solas a pesar de estar rodeados de gente, siempre aislados, inconexos. En ocasiones, podemos usar el amor como un puente, pero ése no es el tema de Bukowski. La realidad puede ser cruda, sucia, desesperada, y con eso nos golpea en su poesía.

@SaetasdeLuis

213. Como quien oye llover

Poema #213

Como quien oye llover

Óyeme como quien oye llover,

ni atenta ni distraída,

pasos leves, llovizna,

agua que es aire, aire que es tiempo,

el día no acaba de irse,

la noche no llega todavía,

figuraciones de la niebla

al doblar la esquina,

figuraciones del tiempo

en el recodo de esta pausa,

óyeme como quien oye llover,

sin oírme, oyendo lo que digo

con los ojos abiertos hacia adentro,

dormida con los cinco sentidos despiertos,

llueve, pasos leves, rumor de sílabas,

aire y agua, palabras que no pesan:

lo que fuimos y somos,

los días y los años, este instante,

tiempo sin peso, pesadumbre enorme,

óyeme como quien oye llover,

relumbra el asfalto húmedo,

el vaho se levanta y camina,

la noche se abre y me mira,

eres tú y tu talle de vaho,

tú y tu cara de noche,

tú y tu pelo, lento relámpago,

cruzas la calle y entras en mi frente,

pasos de agua sobre mis párpados,

óyeme como quien oye llover,

el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,

es la niebla errante en la noche,

como quien oye llover

es la noche dormida en tu cama,

es el oleaje de tu respiración,

tus dedos de agua mojan mi frente,

tus dedos de llama queman mis ojos,

tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,

manar de apariciones y resurrecciones,

óyeme como quien oye llover,

pasan los años, regresan los instantes,

¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?

no aquí ni allá: los oyes

en otro tiempo que es ahora mismo,

oye los pasos del tiempo

inventor de lugares sin peso ni sitio,

oye la lluvia correr por la terraza,

la noche ya es más noche en la arboleda,

en los follajes ha anidado el rayo,

vago jardín a la deriva

entra, tu sombra cubre esta página.

Octavio Paz

Poeta, ensayista y diplomático mexicano. Nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Premio Nobel de Literatura en 1990. Su obra abarcó géneros diversos entre los que destacan sus ensayos, textos poéticos y traducciones. Es considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX. Fallece en Ciudad de México el 19 de abril de 1998. Publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

Escúchame, se va mi voz, mi pensamiento en cada gota. Lluvia que desborda el paisaje, donde tu sombra viaja. Desde lejos, distancia que es tiempo, te siento y escucho venir. Llegas a cubrir esta página. Eres música y letra que empapa estas horas, dormida con los cinco sentidos despiertos.

Óyeme como quien oye llover, así:

157. Primavera (Fragmento)

Poema #157

Primavera (Fragmento)

¡Despierta, despierta,
Mariposa dormida,
Y seamos compañeros!

Con cada ráfaga de viento,
La mariposa cambia de lugar
En el sauce.

La camelia del árbol
Cayó,
Vertiendo su agua.

Matsuo Bashō

Poeta japonés. Nacido en Ueno, 1644. El poeta más famoso del período Edo de Japón. Durante su vida, Bashō fue reconocido por sus trabajos en el Haikai no renga. Es considerado uno de los cuatro grandes maestros del haikú junto a Yosa Buson, Issa Kobayashi y Masaoka Shiki. Bashō cultivó y consolidó el haikú con un estilo sencillo y con un componente espiritual. Su poesía ha conseguido renombre internacional, y en Japón muchos de sus poemas se reproducen en monumentos y lugares tradicionales.. Fallecido en Osaka, 1694.Ya publicado anteriormente en Trazos de la memoria.

El haikú y su sencillez. La capacidad de un breve escrito que encierra el poder de múltiples interpretaciones. Algunos, considero, son como una excelente fotografía que captan, deteniendo un instante, la belleza cotidiana de la naturaleza. Un breve escrito que retrata el cambio de las estaciones, los movimientos de los animales o la vida casi imperceptible de los árboles y plantas.

Nací aquí en plena ciudad, entre autos y edificios, sin embargo, a veces añoro la quietud cambiante de esa naturaleza retratada. Miro mi entorno, y agradezco que allí, un poco lejos nos mire esa montaña imponente. Como si quisiera recordarnos que todo cambia, hasta ella. Ella que lleva toda nuestra historia mirándonos, ella que lleva sintiendo nuestros cambios desde siempre.

@LauraAlessR

146. Los beduinos

Poema #146.

Los beduinos.

 

Cuando los chacales pasan con lenta ira,

grises de penumbra,

cabizbajos en el hambre,

llorando como seres del infierno,

mordiendo la nada

con afilados dientes

enrojecidos por las llamas

que levanta el amanecer,

huyendo en un día de la eternidad,

en un allí infinito de amarillo y fuego,

en medio del tiempo del sol y de la arena,

los beduinos se arrodillan y besan el desierto.

El camello los acompaña en su adusto silencio,

confundido con las ondulaciones de ese mundo.

De pie, ellos dicen:

“Cuando Dios creó el mundo, Él tomó el viento y con el viento Él hizo los beduinos. Después Él tomó una flecha, y con la flecha Él hizo el caballo. Después Él tomó el barro, y con el barro Él hizo el asno. En fin, por pura conmiseración, Él tomó el estiércol del asno, y con el estiércol del asno Él hizo los campesinos y los ciudadanos”.

 

Así los beduinos son como el jamsín,

el viento del sur y del este

que levanta demonios de arena

en las horas caniculares del alma,

cuando las mujeres ocultan su rostro

entre paños negros

para que en nosotros el sol sea más ardiente.

Lejos están las ciudades blancas,

los rumbos de la canela y el azafrán.

No hay ni lunes ni jueves, ni un día de fiesta.

Sólo el viento en que lloran los muertos,

el viento que dispersa a los beduinos,

que los lleva con sus tiendas negras,

hechas con pelambre de cabra negra.

Apenas un tenso diálogo

existe entre su nacimiento y su muerte,

entre el amanecer y la caída de la noche

que vuelve a encender las arenas

en un misterio rojo de horizontes.

Ellos son los puntos cardinales,

sin un árbol, sin una nube,

de pie en sus aniversarios astrales,

de pie, siempre de pie,

porque saben que ellos también serán arena.

Viajan de confín en confín,

rodeados de animales,

de generación en generación,

de siglo en siglo,

y cuando se les ve entre las rocas,

sus ojos son de halcones,

como si hubieran volado con la arena

por el viento.

Yo he estado en algunas de sus tiendas,

en medio de tapices, colchones, cojines,

enseres de cocina y flautas pastoriles.

Me han ofrecido café,

molido al son de sus tambores.

De pie, cada uno de ellos era un silencio grave,

en su larga túnica de mercaderes de estrellas.

Alejaron a las mujeres

de la presencia del extranjero.

Pero una mujer joven,

con su rostro oculto,

me ofreció agua de cisterna.

En sus ojos negros

vi el fulgor de un amor peligroso,

y la muerte como arena del desierto.

 

Vicente Gerbasi.

Escritor, poeta y diplomático venezolano, nacido en Canoabo, Carabobo, en 1913 y fallecido en Caracas en 1992. Especialmente conocido por su extenso poema “Mi padre, el inmigrante” (1945). Publicó una considerable cantidad de poemarios durante su vida, siempre buscando “descifrar los misterios de su tierra” como dice Francisco Pérez Perdomo. Fue miembro del Grupo Viernes. Este poema pertenece a su libro “Poesía de viajes” (1968).

A lo largo del poema, Gerbasi muestra la historia de los beduinos; algunas de sus características, sus rasgos, su manera de estar en la Tierra, su mundo. Desde lo más general, llega al momento concreto y específico en el que él se encuentra, y que a mí me parece una extraordinaria historia de amor; todo el poema prepara el ambiente para los últimos seis versos en los que un fulgor muestra la presencia del poeta y su motivo para escribir ese poema sobre los beduinos, esa tribu del viento que se esparce por los desiertos, que no es piadosa, que representa otro mundo, “ese mundo”, como bien dice. Es extraordinaria la manera de Vicente Gerbasi de comprender y plasmar el mundo de los beduinos en el texto, y así poder (¿re?)crear ese historia de amor diferente y breve, efímera.

@SaetasdeLuis

130. La aurora

Poema #130.

La aurora.

 

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

 

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

 

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

 

Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

 

La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

 

Federico García Lorca.

Trazosdelamemoria.wordpress.com

"La aurora de Nueva York gime / por las inmensas escaleras / buscando entre las aristas / nardos de angustia dibujada."

Poeta, dramaturgo y prosista español, adscrito a la Generación del 27. Nació en Granada en 1898 y murió ejecutado tras la sublevación militar de la Guerra Civil Española por su afinidad con el Frente Popular y por ser abiertamente homosexual. Hay otro poema en el blog de su mismo libro, “Poeta en Nueva York”, que fue escrito entre 1929 y 1930, durante la estancia del autor como becario en Columbia University.

Ver a la ciudad a través de los ojos de otro, ver la ciudad a través de los ojos del poeta. La “puesta en contacto de un mundo poético con el mundo poético de Nueva York”. Suponemos (esperamos) que cada persona percibe el mundo de una forma distinta, especialmente el poeta. Su sensibilidad y su manera de expresarse se cruzan con lo que es el lugar en el que está, de allí surge una manera distinta de expresarse, como este poema sobre la industrializada Nueva York y la aurora que se escurre por sus calles ajetreadas, siendo sepultada por ruidos, aristas, rascacielos y demás. ¿Qué es Nueva York? ¿Cómo percibimos su aurora, sus noches, su gente? ¿Será verdad que la aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible? Qué distante, y qué presente se nos dibuja la ciudad del poeta que vemos amanecer.

@SaetasdeLuis