592. Desenlace

Poema #592.

Desenlace.

 

Yo vivo solo

al borde del agua sin esposa ni hijos.

He girado en torno a muchas posibilidades

para llegar a lo siguiente:

 

una pequeña casa a la orilla de un agua gris,

con las ventanas siempre abiertas

hacia el mar añejo. No elegimos estas cosas.

 

Mas somos lo que hemos hecho.

Sufrimos, los años pasan,

dejamos caer el peso pero no nuestra necesidad

 

de cargar con algo. El amor es una piedra

que se asentó en el fondo del mar

bajo el agua gris. Ahora, ya no le pido nada a

 

la poesía sino buenos sentimientos,

ni misericordia, ni fama, ni Curación. Mujer silenciosa,

podemos sentarnos a mirar las aguas grises,

 

y en una vida inmaculada

por la mediocridad y la basura

vivir al modo de las rocas.

 

Voy a olvidar la sensibilidad,

olvidaré mi talento. Eso será más grande

y más difícil que lo que pasa por ser la vida.

 

Derek Walcott.

Poeta, dramaturgo y artista visual antillano. Nació en Castries, Santa Lucía, en 1930. Se mantuvo independiente de las escuelas de realismo mágico que se desarrollaron alrededor de la época en la que comenzó a escribir. A partir de 1981 vivió en Estados Unidos, dictando clases en la Universidad de Harvard. Actualmente alterna su residencia entre Trinidad y Boston, dictando la Cátedra de Literatura en la Universidad de Boston. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nobel de Literatura, en el año 1992.

¿Cómo acaba la vida? Cuando te detienes a pensar en el poema, a pensar en la página en blanco, en todo lo que va y lo que viene y en el flujo del tiempo que percibes, entonces, como una marea ralentizada. ¿Dónde estás? ¿Hacia dónde vas? Parece que elegimos, pero ¿qué es lo que realmente elegimos de todo esto, de todo lo que queda? Detenerse también le da nuevos movimientos a nuestra historia.

@SaetasdeLuis

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549. Uno vuelve a subir las escaleras…

Poema #549

Uno vuelve a subir las escaleras
de su casa perdida (ya no llevan
a ningún sitio), alguien nos llama
con una voz querida, familiar.
Pero ya no hace falta contestarle.
La voz sola nos llama, suficiente,
cual si nada pudiera hacerle daño,
en el pasillo inmenso. Una lluvia
que no puede mojarnos, no se cansa
de rodear un día preferido.
Uno toca la puerta de la casa
que le fue deparada a nuestras manos
mortales, como un tímido consuelo.

Fina García Marruz

Poeta cubana nacida en 1923. Publicó sus primeros poemas en los años cuarenta, como parte del grupo “Orígenes”, en el que también estuvo su esposo, Cintio Vitier. Obtuvo el doctorado en Ciencias Sociales en 1961, dedicándose entonces a la investigación literaria. Ha recibido numerosas distinciones entre las que destacan el Premio Nacional de Literatura de su país, en 1990, el Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda”, en el 2007 y el XX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en el 2011.

Uno vuelve a visitar los escasos escombros de la infancia. Como un pozo sin fondo, donde nunca entro ni salió una pequeña corriente de agua. Se recuerda el llanto y el calor del horno. Se recuerda la casa, el espacio y el tiempo, detenidos cada uno en las marcas de las manos. Allí, donde confluyen el pasado y el futuro.

@LauraAlessR

421. Costumbres

Poema #421

Costumbres

no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencias de animal

Juan Gelman

Poeta y periodista argentino, nació en Buenos Aires en el año 1930. Se le han otorgado numerosos premios como el Cervantes (2007), y los iberoamericanos de poesía Ramón López Velarde (2003), Pablo Neruda (2005) y Reina Sofía (2005). Formó parte en su juventud del grupo “El pan duro”, con jóvenes militantes comunistas que creían en una poesía comprometida y popular.

Ese instinto que cada día sigue moviéndonos desde adentro. Y es ahí, cuando creemos que la razón nos justifica, el momento en que nos arrebatan las intuiciones más elementales.

@LauraAlessR

197. Musa

Poema #197

Musa

Cuando consigo enmudecer

Cavas mi garganta

dispones de mi casa

Azotas mi memoria con tu inexistencia

dibujas en mi rostro la serenidad de un árbol

festejas mis llagas

me provocas a la escarpadura de tu laberinto

estremeces cada suelo que ordeno

me quieres meteorito contra tu vientre

convocas multitudes a mi pecho

atraes mi nave hacia tu abismo

hincas tu voz en este cúmulo de sables que soy

Tornas en quietud cuando te sacias

ordenas el polvo del fragor divino

..

Creas el silencio

Hernán Zamora

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en 1964. Arquitecto, egresado de la Universidad Simón Bolívar en 1988. Participó en el taller de poesía del Centro de Estudios Rómulo Gallegos entre 1998 y 1999. Con su primer poemario, “Desde el espejo del baño” obtuvo el XIII Premio de Poesía Fernando Paz Castillo.

La danzarina del abismo. Cuando dormita el silencio inicia tu canto, musa. Embelesas mientras conduces hacia el abismo.  Arrebatas inesperadamente y embelleces un momento fugitivo. A tu ritmo mueves la hechura y el ánimo a lugares insospechados. Te haces presencia, luego cuerpo, te diluyes, ardes y desapareces. Es que eres fuertemente inasible. De tu danza nos queda el recuerdo, el último resplandor y el silencio.

@LauraAlessR

195. La casa

Poema #195

La casa

La casa que abrigó tu corazón

será una ruina. Furtivos

en la noche

la habéis abandonado.

Oscura en el jardín la tierra removida.

Quise

decir traición

y dije llanto.

Ada Salas

Poeta española. Nacida en Cáceres en 1965. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura. Impartió clases durante dos años en Francia. Su obra ha recibido la atención de la crítica y es probablemente una de las voces más valoradas en la poesía española contemporánea. Entre sus obras se encuentran: “Arte y memoria del inocente”, “La sed”, “Esto no es silencio”, entre otras.

Se va la palabra, abandona los cuidados de la casa. La palabra impulsada por el sentimiento. Lo que queda guardado es el desbarajuste, las ruinas que dejó la palabra en el ser. Ese montón de trozos regados, esa tierra removida, todo el esfuerzo por seguir, por escapar. La palabra deja rastros de todo lo que agitó y estremeció al abandonarnos. Oculta, ella huye, solo nos queda la ausencia y el llanto.

@LauraAlessR

137. Orfeo

Poema #137

Orfeo

Orfeo, lo que de él queda (si queda),
lo que aún puede cantar en la tierra,
¿a qué piedra, a cuál animal enternece?
Orfeo en la noche, en esta noche
(su lira, su grabador, su cassette),
¿para quién mira, ausculta las estrellas?
Orfeo, lo que en él sueña (si sueña),
la palabra de tanto destino,
¿quién la recibe ahora de rodillas?

Solo, con su perfil en mármol, pasa
por entre siglos tronchado y derruido
bajo la estatua rota de una fábula.
Viene a cantar (si canta) a nuestra puerta,
a todas las puertas. Aquí se queda,
aquí planta su casa y paga su condena
porque nosotros somos el Infierno.

Eugenio Montejo

Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura y en  2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Se han publicado varios de sus poemas anteriormente en Trazos de la memoria. Fallece en Valencia, el 5 de junio de 2008.

Si alguno queda, alguno que aún mire las estrellas, uno de esos que pedía deseos. Si queda alguno que escuche, que reciba, la poesía (su música) a pesar del tiempo, a pesar del olvido. ¿De qué sirve su canto? (si es que aún nos canta). Por favor, que alguien lo escuche y le devuelva su amor, porque si esto es el infierno ¿qué estamos haciendo con su poesía?

@LauraAlessR

72. La casa del viento

Poema #72.

La casa del viento.

La casa de mi madre

aún no tiene nombre.

¿Cómo aprenderé a rezar?

¿A quién le ofrezco el dolor de cabeza?

Canto descalza,

repito secretos a los santos,

enciendo velas expuestas al amanecer,

atravieso la humedad de la vigilia,

el olor del milagro.

Coloco una taza de café sobre la mesa.

Observo

cómo la luz de su rostro

mueve las sábanas,

alivia mi cuerpo.

Erika Reginato.

Caracas, Venezuela, 1977. Es poeta, ensayista y traductora. Graduada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado un libro de ensayos llamado “Cuatro estacionees para Ungaretti” (2004) y varios poemarios.

El poema me gusta especialmente porque me hace pensar en un cuadro impresionista. “La madre del pintor”, de Toulouse Lautre, pintado en 1882, mantiene una incertidumbre similar a la que genera el poema. Uno está en la casa de la madre del artista, ese lugar que debería ser nítido y seguro, pero que en ambas representaciones se difumina, conlleva dudas. Las luces, la vigilia, el amanecer, todas estas señales parecen indicar a un momento neutro del día en el que la madre detiene sus faenas para disfrutar de una pequeña calma.

Pintura impresionista de 1882
La madre detiene su vigilia, sus faenas, para dedicarse a su taza de café.

 La figura de la madre resulta iluminadora, sanadora: “la luz de su rostro mueve las sábanas, alivia mi cuerpo”. La blancura en la pintura de Lautrec, el brillo en su rostro resaltan una pureza similar, ante la madre que podría haber pasado una noche de vigilia cuidándonos un dolor de cabeza o un malestar, y que descansa finalmente en la calma del amanecer para acercarse a esa taza de café que reposa en la mesa y en la que concentra toda su atención en el momento de la pintura; el artista (la escritora o el pintor) la observan con admiración y agradecimiento, en la casa del viento que cobra cuerpo en la figura materna.

@SaetasdeLuis