137. Orfeo

Poema #137

Orfeo

Orfeo, lo que de él queda (si queda),
lo que aún puede cantar en la tierra,
¿a qué piedra, a cuál animal enternece?
Orfeo en la noche, en esta noche
(su lira, su grabador, su cassette),
¿para quién mira, ausculta las estrellas?
Orfeo, lo que en él sueña (si sueña),
la palabra de tanto destino,
¿quién la recibe ahora de rodillas?

Solo, con su perfil en mármol, pasa
por entre siglos tronchado y derruido
bajo la estatua rota de una fábula.
Viene a cantar (si canta) a nuestra puerta,
a todas las puertas. Aquí se queda,
aquí planta su casa y paga su condena
porque nosotros somos el Infierno.

Eugenio Montejo

Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura y en  2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Se han publicado varios de sus poemas anteriormente en Trazos de la memoria. Fallece en Valencia, el 5 de junio de 2008.

Si alguno queda, alguno que aún mire las estrellas, uno de esos que pedía deseos. Si queda alguno que escuche, que reciba, la poesía (su música) a pesar del tiempo, a pesar del olvido. ¿De qué sirve su canto? (si es que aún nos canta). Por favor, que alguien lo escuche y le devuelva su amor, porque si esto es el infierno ¿qué estamos haciendo con su poesía?

@LauraAlessR

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136. [Mientras]

Poema #136.

 

Mientras

tú hablas

a solas

con tu sombra,

ella canta

como el rumor

del agua.

 

Mientras

tú escribes,

ella sueña

con lejanías

y puertas

que se abren

a una carrera

de caballos

desbocados.

 

Mientras

tú duermes,

ella vela y teje

la tela invisible

de la melancolía.

 

José Ramón Medina.

En mi post anterior también publiqué un poema del mismo autor. Escritor venezolano (1919-2010), fundador de la Biblioteca Ayacucho en 1974 y director de la misma hasta el año 2001. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1961.

Descubrir un poemario puede ser una experiencia maravillosa. En mi caso es un proceso lento, puesto que hay momentos en los que no puedo continuar leyendo y me quiero quedar con el sabor del último poema que leí: compartirlo, repetirlo, volver a leerlo, incorporarlo. No siempre es así, por supuesto, hay poemarios por los que pasamos sin ninguna sorpresa, o que en vez de sacudirnos nos acarician, y mucho más. Este poema pertenece, como el otro, a “Aún en el otoño”, y se me hace, aún, difícil hablar de él.

Cada una de las estrofas es un poema en sí misma, y las tres se juntan armoniosamente. La dicotomía entre el que habla a solas, escribe y duerme, y la mujer, quien me parece sorprendentemente luminosa, es extraordinaria. Como si contuviera en sí misma muchos de los grandes mitos, historias antiguas que se renuevan en ella, en ella que existe y se desborda mientras el escritor se contiene en sí mismo, en acciones que parecieran no permitirle alcanzarla. Angustiante.

@SaetasdeLuis